Ensayo

América Latina: cambios de paradigmas y revolución digital

por Fernando Aínsa

Cuando se habla de la revolución digital en el campo de la edición se suele hacer sobre los procesos de Estados Unidos y los países europeos. Se olvidan las profundas transformaciones que se están produciendo en los países emergentes de Asia y América Latina, en los países árabes, Rusia y en África, donde con enormes diferencias entre sí y no pocas asimetrías en el interior de cada país, la revolución digital ha irrumpido con singular intensidad.

Buenos Aires digital, (Myriam B. Mahiques, CC) (http://myriammahiques.blogspot.com.es/2011/10/buenos-aires-digital-art.html)El caso de América Latina —al que nos referimos a continuación— es particularmente interesante, porque se produce en una región con una larga tradición editorial. México, Brasil, Argentina y Chile, pero también Colombia donde se imprimen libros para Cuba y Estados Unidos y Uruguay donde se producen libros para editoriales argentinas, son países con reconocidos sellos internacionales a los que se han sumado las firmas españolas establecidas en la mayoría de las capitales del continente (entre otras Alfaguara, Planeta, Taurus, Seix-Barral y Anagrama). Esta tradición “impresora” que proviene del período colonial se afianzó en los años cuarenta del siglo XX en México, Argentina, Venezuela y Uruguay, gracias al exilio español. Editoriales como Losada en la Argentina, Fondo de Cultura Económica en México, Alfa en Uruguay y Monte Ávila en Venezuela, se fundaron y expandieron gracias a ese aporte. Detrás de ellas no solo hubo intelectuales como Guillermo de Torre o Benito Milla, sino linotipistas, tipógrafos y variadas gentes del oficio de los impresores.

Por otra parte, la intervención del estado como impulsor y editor ha sido fundamental para el desarrollo de la industria en la región. La SEP y Fondo de Cultura Económica en México, Eudeba y Cedal en Argentina; editorial Universitaria en Chile, Colcultura en Colombia y la vasta red editorial de Cuba, han propiciado políticas del libro nacionales y ediciones masivas con destino a la educación y la promoción de la lectura. Su incidencia sigue siendo importante, pese a la ola neoliberal y privatizadora de las últimas dos décadas.

La primera burbuja de Internet

Los primeros experimentos de edición digital en América Latina se remontan a fines de la década de los 90, en plena burbuja de Internet, cuando vieron la luz decenas de bibliotecas digitales. En 1999, la Asociación Bibliotecas Rurales Argentinas, en el marco del proyecto Crecer, fundó la Biblioteca Virtual Universal, con el objetivo de digitalizar textos de autores clásicos, en especial latinoamericanos y españoles. En Buenos Aires se fundó el portal Tiflolibros, primer repositorio digital para ciegos, en habla hispana. Un poco más tarde, en el 2000, el escritor puertorriqueño Luis López Nieves creaba la Biblioteca Digital Ciudad Seva, a fin de acercar a los lectores el cuento clásico universal, mientras en Perú se inauguró la página Cholonautas (proyecto del Instituto de Estudios Peruanos) y luego su biblioteca virtual, especializada en ciencias sociales.

Simultáneamente, surgieron las primeras plataformas de venta de libros electrónicos —algunas de ellas todavía activas—como Elaleph o Librosenred en Argentina. Los formatos de archivo más comunes eran en PDF y LIT. Por diferentes motivos, esas plataformas pioneras no consiguieron convertirse en éxitos comerciales inmediatos. Sin duda las causas principales fueron la falta de hábito de lectura en pantalla entre los consumidores y las pocas opciones de pago por Internet. Esta última razón también explica que las primeras experiencias de tiendas online de libros hayan tenido una expansión menor a la esperada.

Por otra parte, en casi todos los países latinoamericanos, la edición tradicional a principios de la década de 2000 mostraba signos de gran dinamismo, por lo cual los editores no tenían interés en desarrollar la opción digital. A pesar de la piratería y otros problemas, como la baja demanda, una encuesta del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC) de 2009, confirmaba que el 50% de las empresas editoriales declaraba haber aumentado sus ventas (67%: 2008), mientras apenas un 26% reconocía que habían disminuido. Uno de los sectores de mejor crecimiento fue el de la literatura infantil y juvenil, así como las guías de viajes. Por otra parte, la imagen de tiendas de música que cerraban o de discográficas tradicionales que comenzaban a flaquear debido a la reproducción no autorizada de CDs y de archivos MP3 vía web, llevó a la mayoría de editores a postergar cualquier experimento con formatos electrónicos. Buenos Aires digital 2, (Myriam B. Mahiques, CC) (http://myriammahiques.blogspot.com.es/2011/10/buenos-aires-digital-art.html)

Llegan los cambios del milenio

Según datos de la consultora Tendencias Digitales, especializada en estudios sobre el mercado digital latinoamericano, en 2007 –es decir, bastante después de la primera burbuja “punto com”– el 70% de los usuarios de Internet de la región aseguraba no haber realizado nunca compras a través de la web. Las principales razones eran la baja penetración de tarjetas de crédito (32,6%) —en mayor proporción en Perú, Costa Rica y Ecuador— y la desconfianza en el medio de pago (31,6%) —con más incidencia en Costa Rica, Argentina y México–, además de otros factores como la desconfianza en la entrega del artículo (25,5%), la costumbre de escoger el producto en la tienda (24,5%), la falta de trato personalizado (15,4%) y los costos de envío (9,3%). El 70% de los usuarios aseguraban no haber comprado por Internet.

En ese momento muchos editores desconfiaban de las herramientas digitales, y esta reacción —perfectamente comprensible, dado el profundo cambio de paradigma que estaba en juego—pudo entrañar un círculo vicioso. El miedo a la piratería, la dificultad de encontrar un modelo de negocio que velozmente sustituyera al anterior, así como la falta de contacto directo con los decidores del mundo electrónico llevaron a numerosos representantes del sector del libro a recelar de las nuevas tecnologías, lo que retrasó el advenimiento de una industria digital sólida.

Pese a estas dificultades iniciales, desde mediados de la década de 2000 hasta hoy en día han surgido actores, tendencias y herramientas digitales que han determinado un cambio profundo en el paisaje editorial. La impresión digital ha comenzado a desarrollarse en los últimos cuatro años, especialmente en los países donde la producción editorial tradicional era más importante: en México, Brasil y Colombia. En efecto, la situación se ha revertido y la misma consultora muestra en un estudio de 2010 que un 49% de los usuarios latinoamericanos ya ha realizado alguna compra online. Los países más destacados en esta modalidad han sido Argentina, Brasil, Puerto Rico, México y Uruguay, donde “casi la mitad de los usuarios ha comprado por Internet”, se afirma en junio de 2010.

A ello ha contribuido la popularización de soportes como el IPod, las plataformas online, los E-books, las “tabletas” como el IPad y los teléfonos “inteligentes” (Smart phones como el IPhone).

Los nuevos actores del sur

Pese a su lento desarrollo inicial, puede afirmarse que en los últimos quince años, la revolución digital ha modificado de raíz la forma en que los bienes culturales son producidos y distribuidos. La música ha sido probablemente la primera industria afectada, pero el impacto alcanza hoy a todos los sectores, en particular al mundo del libro. En efecto, los e-books, los audiolibros, la impresión bajo demanda, las tiendas virtuales y la expansión de los teléfonos celulares han transformado profundamente el modo de circulación de los textos. A fines de 2010 la penetración de Internet en América Latina era del 34,5%, la de los teléfonos móviles del 90%, mientras el analfabetismo se había reducido al 8,3%.

Frente a este panorama es posible preguntarse ¿qué nuevos actores pueden aparecer en la región, al margen de las poderosas plataformas ya conformadas de EEUU, Europa y Japón? Para un 20% de la población con mayor poder adquisitivo la identificación con estas plataformas es total. Es evidente que una empresa como Apple tiene asegurado un nicho rentable entre las clases pudientes de los países en desarrollo, ya que los patrones culturales y de consumo de esos sectores a menudo no hacen sino imitar a los del Norte.

Lo interesante es interrogarse sobre los modelos digitales que pueden impactar no sólo sobre el 20% de los ciudadanos más acaudalados de esos países, sino sobre el resto de la población, donde resulta difícil creer que el mundo en desarrollo no esté realizando su propio aporte a la era electrónica. Basta observar lo que está sucediendo en la India, China y Brasil. Más allá de los incontables proveedores de servicios IT en India y fabricantes de hardware en China (basta citar la reciente polémica suscitada sobre la fabricación en China de los productos de Apple) que sostienen a las plataformas occidentales detrás de escena, en el Sur se están implementando proyectos de edición digital originales e innovadores, plataformas locales que un día podrán competir contra las extranjeras.

En este sentido, resulta interesante explorar zonas de colaboración entre países del Sur que han realizado grandes progresos en la industria del hardware y otros que carecen de ese saber, pero cuya abundante producción de contenidos hará inevitable tarde o temprano la fabricación de dispositivos adaptados a la realidad local. Tal como algunos observadores advierten, no sería realista esperar que todos los países en desarrollo produzcan un día sus propios e-readers, pero sí al menos ayudar a mostrar que EEUU y Japón no son los únicos fabricantes, ni siquiera los principales. De modo que empresas de hardware en México, Colombia y Argentina bien podrían encontrar una fuente de inspiración en la experiencia de países como Brasil, Rusia, India y China, que enfrentan retos similares.

Hacia una evolución autónoma de América Latina

¿Puede concebirse una evolución autónoma de las publicaciones digitales en América Latina con respecto a las naciones europeas o Estados Unidos? La facilidad de circulación, la lengua común distribución y visibilidad deberían favorecerlo. Su alcance y posibilidades giran hacia lo universal y lo que no envejece, que es de lo que se ocupa la literatura. Por otro lado, el soporte digital permite a los lectores “nativos” reencontrarse con textos en su propio registro sin tener que pasar por la valla de la publicación en España. Dicho simplemente: los lectores chilenos, por ejemplo, puedan leer a cualquier uruguayo o argentino que publique su obra on line y viceversa.

All the way up, (Myriam B. Mahiques, CC) (http://myriammahiques.blogspot.com.es/¿Qué políticas de apoyo pueden implementarse para estimular el crecimiento de esta nueva industria y para acompañar a los actores tradicionales en su proceso de adaptación a los cambios? Se coincide, en general, que fomentar actividades de formación y vinculación profesional, con la condición de que estas iniciativas, una vez más, se realicen con la mirada puesta en la realidad local y no “desde arriba” o “desde fuera”, resulta fundamental. En efecto, en los países en desarrollo ya existen incontables cursos y eventos sobre la era digital, pero estos suelen basarse en herramientas diseñadas para regiones cuya realidad es tan diferente de la propia que semejante “defasaje” termina desalentando todavía más a los oyentes. China es tal vez el país en desarrollo que más rápido ha comprendido este aspecto y destina sumas considerables a la producción de tecnologías pensadas para sus propios proyectos.

Las experiencias digitales llevadas adelante en América Latina permiten entrever que las nuevas tecnologías constituyen una gran oportunidad —en particular en términos de difusión— con la condición de que los emprendedores locales busquen modelos originales, adaptados a las necesidades concretas de sus comunidades. La fantástica aceleración de la circulación de los escritos y de las producciones culturales que deriva de la digitalización de las comunicaciones, lejos de invalidar la función del editor, la vuelve todavía más determinante dentro de la nueva arquitectura de los intercambios de saberes.

¿La edición electrónica en los países en desarrollo no quedará demasiado expuesta a los vaivenes de la historia y al arbitrio de los colosos de EEUU, Europa y Japón, independientemente de lo que emprendan sus protagonistas? En América Latina resulta evidente que no, en la medida que se ha comprendido como el contexto local representa un factor decisivo. No nos referimos aquí a la geografía ni al clima, sino a las diferentes formas de interactuar con la  tecnología que existen en cada región; formas estructuradas por la historia, la lengua, la cultura, la religión, la política, entre otros aspectos que hacen que si Taobao lucha en el río —es decir, en su propio terreno— consigue derrotar al gigante eBay.

Debe, por lo tanto, insistirse en la necesidad de no perder de vista las particularidades locales. A esta altura, tal advertencia sonaría a una perogrullada redundante, si no fuera porque de ésta y de otras investigaciones sobre lo digital en países en desarrollo podrían derivarse programas muy disímiles. Respetar la especificidad de cada zona significa prestar atención a las cuestiones técnicas, pero sin dejarse aturdir por el poder de la herramienta. Se trata pues de poner el foco en el auténtico punto firme detrás del devenir y la multiplicidad: con el paso del tiempo, las tecnologías se vuelven obsoletas, pero las personas quedan, y allí habrá que concentrar los mejores esfuerzos.

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Bibliografía básica utilizada:

El comercio de libros entre España y América latina: disonancia en la reciprocidad. Elena Enríquez Fuentes

La edición digital en los países en desarrollo, coordinado por Octavio Kulesz desde octubre de 2010 y apoyado por la Alianza Internacional de Editores Independientes y la Fundación Prince Claus. El informe analiza casos de América Latina, Mundo Árabe, África Subsahariana, Rusia, India y China.

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