Número 6 / Junio 2012

Crisol de ausencias

por Emilio Quintanilla Buey

(Accésit Premio “Antonio Machado”, Premios del Tren, Madrid 2011)

               I

                   Nací junto a un andén, que es donde nacen
la lejanía y el escalofrío,
y tengo la pupila fatigada
de tanto no ver campos ni caminos,
pero he visto más trenes, más ausencias,
más desgarros, más lágrimas he visto
que oscuridades puede ver un ciego
o guijarros un río.

Como Neruda, como Quasimodo,

              como Aleixandre, yo también soy hijo
de un hombre seducido por los trenes
que hizo del tren su oficio.
Yo sé bien dónde nacen las ausencias
y conozco su caldo de cultivo:
en la tristura de los desarraigos,
en la germinación de los exilios,
en los andenes de las estaciones
brota el alejamiento.

			     Yo fui niño
                   de andén. No entiendo nada de gaviotas,
pero entender de ausencias es sencillo:
una persona parte, otra se queda,
te quiero... 
                           cuídate...  

                                      Siempre lo mismo.

                II

                Partir dejando atrás lo que se quiere
es dejarse los ojos, los oídos,
las manos y la boca 
en el andén de donde se ha partido
y clavar, aunque crezca la distancia,
un pie en el suelo y otro en el estribo
aferrado a un recuerdo doloriento 
por eso que quisiste haberle dicho.

                 Este tren hacia el alba

                 de incierto recorrido
que perfora el tapiz de mi memoria;
este vagón que habito
mientras me absorbe una distancia elástica, 
es la evidencia de un contrasentido
porque quiere alejarme
de lo que sin embargo va conmigo.
Estoy haciendo el viaje
de espaldas a la marcha, porque miro
hacia el andén donde quedó enlazado
con el latido suyo, mi latido. 
Llevo en mi cazadora ese perfume
que dejaron sus ramos de jacintos
y su fotografía en mi mochila,
entre las hojas vírgenes de un libro.

                Tren hacia el alba: cuando te abandone

                 olvidaré al bajar —siempre lo olvido—
los restos de una ausencia en la butaca
y la piel de un poema en el pasillo.

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