Ensayo

Libros y tecnología … ¿agua y aceite?

por Luis Collado

Agua y aceite, ¿mezclan?

Mezclar agua y aceite ha sido, a lo largo de los tiempos, una tarea imposible. Dos elementos que nunca fueron muy buenos amigos. Enemigos irreconciliables, más bien. Jamás se han hablado ni se han puesto de acuerdo. Nadie, a lo largo de la historia, les ha podido reconciliar. Ni acercarse lo más mínimo: cada uno en su sitio, sin mezclarse de ninguna manera. Los más prestigiosos científicos, hombres de pro, pensadores, intelectuales y hombres de ciencia. Todos lo intentaron. Todos se lo pidieron, pero nada… nadie ha conseguido una mínima camaradería entre ambos.

Tienen poco en común. Sí, ambos son líquidos, Deberían entenderse. Únicamente una cosa les acerca, el hidrógeno. Unos cuantos átomos de hidrógeno, dos en el caso de una molécula de agua, y unos cientos en el caso del aceite. Pero poco para que la química entre agua y aceite funcione…

Eso mismo ocurre con los libros y la tecnología. Nada en común. Durante siglos y siglos, los libros y cualquier desarrollo tecnológico fueron como agua y aceite. Sin química entre ellos.

Sólo una experiencia les acercó. Hace centenares de años. Cuando un científico, un tecnólogo o tal vez un iluminado, creó la imprenta. Un increíble mecanismo para fijar palabras en un papel mediante presión, sin necesidad de escribir o pintarlas a mano, y poder reproducirlas de forma casi ilimitada…

Una auténtica revolución que ha permanecido larguísimo tiempo y cuyos efectos aún notamos. Pero nada más. Nunca más libros y tecnología se han vuelto a mezclar. Ni una sola vez más en los últimos 500 años.

Y ni grandes científicos, ni expertos, eruditos, intelectuales o doctos han unido ambos conceptos…

© Ubé, (http://jmube.com)

Hasta hace unos pocos meses que comienza a haber nuevos intentos de combinar esos libros, que han estado en papel en nuestras manos, y la tecnología que todo lo invade. La tecnología que mueve el mundo, que transforma todo aquello que toca. La tecnología que hace avanzar nuestra sociedad a una velocidad de vértigo.

Y han comenzado a aparecer todo tipo de cacharros para la lectura. Formatos que no tienen nada en común con el papel. Nubes y redes que permiten leer… ¿de otra manera?. Libros expresados en ceros y unos, precisados en ficheros ilegibles por todos nosotros pero que debidamente incorporados a ciertos aparatos electrónicos se vuelven palabras interconectadas, con todo el significado. ¿Aparatos?. ¿Hierro para leer?…

¿Eso no es como agua y aceite?

Pero hay algo que ha cambiado en los últimos tiempos en estas relaciones imposibles. Algo que parecía impensable.

¡Agua y aceite mezclan! Sí, es cierto… Lo que parecía una quimera, totalmente improbable, sucede por fin. Miles de años de química inverosímil rotos por algo inaudito, algo que nos hace pensar que todo es posible, que hasta lo más insólito, sorprendente y asombroso ocurre.

Hace muy pocos meses, científicos de la Universidad de Oklahoma consiguieron mezclar agua y aceite. La ingeniería de materiales químicos se ha convulsionado por completo:

http://www.elmundo.es/elmundo/2009/12/31/ciencia/1262274871.html

Como bien dice la noticia:

“El equipo dirigido por el ingeniero Steven Crossley, de la Universidad de Oklahoma, preparó un grupo especial de nanopartículas mezclando nanotubos hidrofóbicos con óxido de sílice, que es hidrofílico.
Esta combinación logró que las nanopartículas se unieran en la interfase, entre el aceite y el agua. Al utilizar paladio como catalizador metálico en las nanopartículas, los científicos pudieron medir la reacción del catalizador.”

Meridiano, claro, ¿no?

Un catalizador. Esa fue la clave para lograr lo nunca logrado antes. Un proceso que ha conseguido lo que jamás fue posible, una reacción química que puede cambiar muchos de los esquemas preestablecidos hasta el momento.

Traslademos este hallazgo a la otra mezcla imposible, libro y tecnología, de la que todos (o casi todos) esperamos que en un momento dado podamos decir, y todos lo entendamos, lo siguiente:

“el ebook ha llegado a nuestras vidas. Un texto expresado en un fichero xml del que se extrae el pdf que se transforma en un epub y que, tras facilitar su download desde un portal y  a través de un sistema drm, se hace legible en un ereader con wifi”

Y llevamos unos meses, años casi ya, que muchos iluminados, gurús, tecnófilos o intelectuales progresistas nos hablan de esta manera. Intentando demostrar que libros y tecnología también se están ya mezclando en nuestras vidas. Al menos en la teoría, en los papeles, en la prensa esto ya es una realidad. Todo el mundo habla del nuevo matrimonio

Pero… ¿hemos descubierto ese catalizador que pueda reunir ambos conceptos?, ¿ese hecho / proceso / acontecimiento / estadística que demuestre lo indemostrable hasta ahora, que libros y tecnología, el libro electrónico, sea un único ente, una mezcla que funciona?

Analicemos un poco más detalladamente la situación…

El desarrollo digital del libro y el desarrollo del libro digital:

No es un mero juego de palabras para captar la atención del lector. No. Son cosas distintas, que muy a menudo se confunden pero que son realidades absolutamente diferentes.

El desarrollo digital del libro, su presencia (desde su formato originario en papel), el mercado alrededor del libro en las nuevas tecnologías materializadas en Internet lleva unos cuantos años entre nosotros.

Por presencia digital del libro entendemos el inicio y extensión de los procesos de digitalización de los libros, masivos como es el de Google Books o más específicos como los llevados a cabo por instituciones o empresas más individualizadamente, que han conseguido que el viejo libro tal cual lo conocemos, editado para ser impreso en papel esté presente, de manera mágica, en Internet.

Y que la Red actúe como un enorme escaparate a través del cual mucha más gente, ciudadanos que están en cualquier parte del mundo y con sólo una mera conexión telefónica o inalámbrica, puedan llegar a descubrir la existencia de libros que de otra manera sería impensable. Esto es, lograr que Internet sea el gran divulgador en nuestros días del Conocimiento, del Saber, de la Cultura. Con mayúsculas.

La presencia digital del libro nos acerca a todos a muchos más libros, haciendo que las barreras históricas del papel se derrumben como muros de humo. Barreras físicas, ya que la digitalización “introduce” el papel en nuestros ordenadores y en nuestros dispositivos móviles y las palabras que componen cada página de cada libro se convierten en herramientas de descubrimiento de cada obra gracias a su indexación y alojamiento digital y hacemos que el libro pase de pesar unos pocos centenares de gramos a sólo pesar megabytes o gigabytes.

Y barreras geográficas, ya que el papel “viaja” a cualquier parte del mundo en cuestión de instantes, sin tener que ser empaquetado y “paletizado” en barcos o aviones para acercarlo allá donde un potencial lector se localice.

Todos esos proyectos de digitalización no es que pretendan satisfacer esa gran necesidad del ser humano desde la antigüedad de lograr poseer y controlar la gran Biblioteca de Alejandría en Internet. Eso son palabras que quedan muy sonoras cuando se dicen o escriben por grandes pensadores, sabios o teóricos aterrorizados por la “democratización” del acceso universal al Conocimiento y la Cultura y que atemorizan a aquellos que desean seguir controlando el desarrollo de nuestra sociedad. Todos esos proyectos de digitalización tienen objetivos más simples: por supuesto, la preservación de nuestro acervo cultural y científico, incluido en los libros, pero también lograr que cualquier fragmento de SABER que el ser humano ha alcanzado a lo largo de su historia esté accesible, disponible, para que otros seres humanos lo critiquen, utilicen y se basen en él para seguir creando, inventando y ampliando las capacidades técnicas, científicas y culturales de nuestra sociedad.

Objetivo simple, pero ambicioso. Complicado de conseguir, ya que hay que mantener y proteger todos los derechos asociados a cada obra, sus autores y editores, respetando los diferentes marcos jurídicos existentes (y que en determinadas ocasiones se enfrentan directamente a los propósitos definidos). Y delicado por la serie de intereses creados y motivaciones de todo tipo existentes alrededor, incluidas las económicas…

Pero el desarrollo digital del libro ha sido y es imparable. Están cambiando la manera de pensar de muchos, modificando la forma en la que investigadores, estudiosos, intelectuales o meros curiosos se acercan a los libros, sin tener el papel en sus manos. Los descubren, se sorprenden de su invisible existencia hasta estos momentos y se aprovechan de su consulta, su examen y su lectura.

Otra cosa es el desarrollo del libro digital. Algo totalmente disímil al libro en papel. Lo que ya se comienza a conocer comúnmente como ebook. Esto es, una nueva forma de presentar los contenidos creados por su autor a sus potenciales lectores, a través de formatos diferentes, electrónicos, digitales, que necesitan de nuevos medios para ser leídos

Llamémosle libro digital, libro electrónico o ebook. Es algo más que la mera presencia del libro originalmente editado en papel en una nueva dimensión tecnológica. Es un modelo completamente opuesto a lo conocido hasta ahora: para escribir un libro, para editarlo, para venderlo, para comprarlo y para leerlo…

Es este desarrollo del libro digital el que aún está pendiente en nuestra sociedad (la cercana, la que nos rodea… ya sabemos que la sociedad americana es otra realidad, con diferentes aceleradores y frenos, que va a una velocidad diametralmente alejada de la nuestra, por mucho que nos empeñemos en hablar de la aldea global, de un único mundo).

Estamos, en nuestro país, en una situación especial, la que nos define como grupo. Somos, los españoles, tecnológicamente poco avanzados en nuestro tejido industrial, nos cuesta como país invertir en ciencia y tecnología. Pero como ciudadanos, somos de lo más moderno. Nos gusta tener en nuestras manos los últimos aparatos, la tecnología más avanzada, aunque no sepamos cómo utilizarla o sacarle el máximo partido.

Así, somos el país del primer mundo, tras los Estados Unidos, con mayor penetración de teléfonos inteligentes, muy por delante de países socialmente más avanzados como Francia o Alemania. O con mayor número de ereaders, dispositivos electrónicos de lectura o tabletas, ese nuevo concepto de “ordenador de ocio” que irrumpió hace pocos meses en el mercado y que se está extendiendo rapidísimamente. Muchos más aparatos para leer ebooks que libros electrónicos se están vendiendo

Y contamos con un número importante de autores que están abordando la creación “en digital”, que comienzan a desarrollar obras pensando que su formato de acceso no será el papel sino la electrónica y que será la tecnología la que permita su “lectura”. Sí, “lectura”, entre comillas, puesto que el concepto de lectura, tal cual lo conocemos actualmente también está cambiando. Autores que se están orientando hacia la narrativa hipertextual, la ciberpoesía, la escritura colaborativa, el libro viral, la obra interactiva. Nuevas formas de creación NO pensadas para el papel, sino para el entorno tecnológico en el que estamos inmersos.

En nuestro país está ocurriendo lo mismo con todo lo relacionado con los libros digitales. Antes incluso de que el mercado haya despegado (la realidad es que el tamaño del ebooks en ridículo aún: respecto al papel no llegamos al 1% del total, si exceptuamos lo editado hacia segmentos tan específicos como los contenidos jurídicos), ya tenemos bien desarrollados los cuatro ejes básicos que lo definen y deberían propulsar, como está ocurriendo en otras realidades sociales antes comentadas.

Cuatro ejes básicos, resumidos así:

1- Dispositivos

Como comentaba anteriormente, somos uno de los países de nuestro entorno con mayor número de dispositivos de lectura en manos de potenciales lectores. Cientos de miles de ereaders y tablets (dejo a otros la diseminación de los datos estadísticos que ilustran esta realidad, pero sí que superan los 400.000 dispositivos vendidos y en manos de esos lectores o potenciales lectores), de todo tipo y condición, alta y baja gama, en escala de grises o a todo color, comprados para leer o para regalar por el mero hecho de ser algo nuevo. Millones de teléfonos móviles de última generación con más potencia que los ordenadores tenían hace un lustro y con pantallas de altísima definición y calidad. Tablets que se han convertido rápidamente en el ordenador para el ocio en su mayor extensión. Todos ellos potenciales aparatos que pueden “leer” ebooks en diversos formatos, disposiciones e idoneidades.

Una realidad que asombra fuera de nuestras fronteras. Que hace que cualquier entendido en la industria editorial hable de que el mercado español es el de mayor potenciala corto plazo para el libro digital. Si ya tenemos los aparatos, ¿qué más falta para que esto arranque de una vez?

2- Plataformas de distribución

Esto es, el canal de distribución para los libros digitales. Sitios, en Internet, en los cuales se puede ver, comprar y/o leer un ebook por parte de cualquier persona interesada. Surgiendo como setas y trufas tras la lluvia otoñal, internacionales o nacionales, de descarga o de acceso, con protección o sin DRM, generalistas o especializadas, asociadas a dispositivos o libres, de editores, de distribuidores, de libreros o de tecnólogos. Una proliferación que hace que seamos el mercado con más posibilidades (no analizo la bondad o calidad de las existentes, ya que esto daría para un trabajo mucho más arduo e intenso) para vender ebooks. No sólo los grandes jugadores internacionales han desembarcado en nuestro país o están a punto de hacerlo, es que hay incluso pequeñas librerías que han plantado su propio sistema de distribución de libros electrónicos, con lo que supone de inversión en tecnología

Algo que parará, que el propio mercado llevará a su punto de equilibrio en poco tiempo. Pero prácticamente no existe otra realidad con más perspectivas para lograr un ebook y leerlo. Aunque nadie, ni de dentro ni de fuera, haya logrado demostrar la viabilidad del negocio hasta el momento ni haya podido establecer la rentabilidad de las inversiones llevadas a cabo.

3- Contenidos

Autores, editores y productores que ya se están abriendo al mercado. No sólo digitalizando sus fondos editoriales sino creando y editando hacia lo digital: ofreciendo meros pdfs, sencillos epubs, ficheros multimedia o aplicaciones informáticas de lo más complejo. El grado de digitalización de nuestro sector editorial ha crecido en los últimos años de manera exponencial. No sólo por el número de obras (de acuerdo a las estadísticas del ISBN) editadas en digital, sino por la apertura de mente que están demostrando ante las posibilidades, de las que todo el mundo habla, de generar nuevo negocio en torno a los libros digitales

4- Lectores

Llamémosles así o clientes, consumidores digitales, usuarios, unidades de consumo: alguien dispuesto a “tener” un ebook a coste similar a otros formatos. Las estadísticas oficiales hablan de un alto porcentaje respecto a otros países de potenciales lectores que ya leen en formato digital.

Aunque otra cosa es que estén dispuestos a pagar (directa o indirectamente, por copia, acceso, descarga, suscripción o alquiler) por esos ebooks y ser propietarios de una parte de este fenómeno del libro digital (dejemos de lado la piratería y todos sus elementos y condicionantes, que ya hay auténticos gurús especializados en el análisis de este tema).

Está pendiente, entonces, la transformación en industria de la intención o del hábito de leer en digital. En lograr que genere ingresos para poder retribuir a los autores por su creación, a los editores por su labor profesional y al canal o plataformas de distribución por acercar oferta y demanda.

Así, ¿por qué no acaba de explotar el libro digital?. ¿Qué falta para que el maridaje entre libros y tecnología sea perfecto, que combinen y eso cree industria y sea negocio rentable para todos?

Si lo hemos conseguido con el agua y el aceite, tras siglos de intentarlo, ¿qué hemos de esperar para que libros y tecnología se unan? ¿Es una cuestión de tiempo o de algo más?

El agua y el aceite mezclan no porque haya pasado el tiempo. Mezclan porque hemos sido capaces de descubrir el catalizador que los asocie y junte. Ese paladio que ha permitido fusionar algo tan diametralmente enfrentado como agua y aceite.

El impulso que está por descubrir en el mundo editorial. La chispa que haga prender la pólvora. El motor de arranque del libro digital que haga que comience a moverse…

Y ahí es donde deberíamos estar todos enfocados. En la búsqueda de ese catalizador. Podrían ser los dispositivos o las plataformas de distribución o los autores y editores. O todos ellos.

Pero yo apuesto por la figura que ha de actuar como catalizador definitivo: el lector.

Sin lectores este nuevo universo del libro digital no existirá nunca. Y los lectores, como veíamos, están. Pero no se abocan por completo al libro digital. Bien porque no hayamos sabido comunicarnos con ellos. O sencillamente porque NO les ofrecemos lo que esperan o están buscando. Y no cubrimos sus expectativas.

Porque es posible que los lectores quieran facilidad para acceder a un libro electrónico. Que alguien los guíe en el océano de la abundancia que es todo lo digital. Que les hable en su idioma, que se haga entender sin expresarse más que en términos entendibles, no tecnológicos.

Y es posible que los lectores quieran ayuda. Alguien que, al igual que ocurre con el libro en papel, les ayude a seleccionar sus lecturas, les recomiende qué leer. Les facilite el trabajo de elegir de entre toda la inmensidad de opciones disponibles.

Y es posible que los lectores quieran experiencias de acceso y compra de ebooks agradables. Sin problemas técnicos, ni requisitos indescifrables. Ni mediante un sistema de compra que les definan como sospechosos de robo antes que como clientes.

Y es posible que los lectores quieran experiencias de lectura diferentes, innovadoras y atractivas por la que podrían estar dispuestos a pagar. No sólo historias o contenidos de alto valor sino algo nuevo, increíble, que les suponga un ejercicio de lectura más allá de la lectura en papel (esa ya la tienen en sus manos…)

Si los lectores comienzan / comenzamos a tener todo esto, es posible que el proceso químico ocurra, Y que los libros y la tecnología mezclen como ya lo hacen agua y aceite.

Pensemos en los lectores como catalizadores. Y eso proporcionará nuevas y desconocidas, por ahora, oportunidades para todos los actores del ámbito editorial. Hagamos entre todos que, gracias a esta fusión de libros y tecnología, podamos conseguir que haya más lectores, que lean más (en cualquier formato o a través de cualquier invento). Porque así, nuestra cultura y nuestra sociedad avanzará y TODOS saldremos ganando.

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