Número 8 / Junio 2013

Poemas de Esteban Moore

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Esteban Moore

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CON BOGEY EN CASABLANCA

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bogey bebe en silencio
el agrio bourbon del olvido
su mirada perdida en la noche africana
oculta las profundas cicatrices del amor

desde la mesa observa al pianista
que sin emoción acaricia en el aire
con manos de brillante caoba
las teclas de un piano destartalado

en el fondo del salón a media luz
acompañada por una vieja guitarra
la francesita delgada y triste
sostiene el tibio mate de la espera

bogey la mira a través del humo del cigarrillo
para comentar lentamente como sólo él puede hacerlo
con la entonación propia de un reo del abasto
“muchachos… ella algún día lo comprenderá…

…carlitos se nos ha ido para siempre”separador_50

VIEJOS PAPELES

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Un sábado por la tarde
dedicado a la limpieza de la baulera   a poner en orden trastos viejos
descubrí entre unas cajas de cartón un paquete envuelto en  papel madera
                                       atado con  grueso hilo de cáñamo    
         oscurecido  -----empolvado  por el tiempo

Al abrirlo
encontré algunas cartas de mi abuela -recetas de cocina
facturas amarillentas de comercios que ya no existen
prospectos médicos
                    recortes de diarios
                       -principalmente de la página de avisos fúnebres
         -estampitas de santos
  [entre otros tantos registros
      de su ordenado  universo doméstico]
y varios cuadernos
correspondientes a sus últimos años de vida
      en los que anotó en prolijas columnas
      sus gastos --semana a semana
        en el mercado --la panadería
                -el pago del periódico
  las cuentas  de medicamentos
                -del pedicuro
                -del oculista  --de sus médicos

También estaban asentadas las sumas que donaba regularmente
                 a la parroquia de San Patricio
a estas entradas  les sigue la  leyenda:
         " le dejé una botella de whisky al párroco"
                    y el  precio correspondiente de compra
Testimonio fáctico de una estrategia personal para  ganarse un lugar
                                           en  el cielo

separador_50 LA FOTOGRAFIA

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El marco de plata trabajada de unos 14 x 10 cm.

         estuvo olvidado dentro de un sobre

     en uno de los cajones de un mueble 

              vaya a saber cuántos años

Hasta que un día fue descubierto por una de mis hijas

       quien  sacó de él una vieja fotografía

         lo limpió --le dio brillo

    y lo utilizó para colocar la foto de su novio

                     -ya no recuerdo cuál-

Esa fotografía antigua -de color sepia 

                 de una mujer joven y una niña

 con  largos vestidos  --abrigos con cuellos de piel    

    sombreros --de fines del  XIX o muy de principios del XX

        botines acordonados - tacos casi imperceptibles       

            anduvo dando vueltas por la casa

                                   --habitó rincones sin luz

No se quién volvió a encontrarla  y la dejó sobre la mesa del comedor

                                 entre un montón de papeles

 Una tarde de domingo con lluvia 

                      decidí poner orden y archivarlos

     entonces llegó mi turno de enfrentarme con esa imagen

                               la miré detenidamente

               -----me inquietó  la adustez de los rostros

                            la tristeza  en sus miradas

 En el reverso mi abuela había escrito

                                    /era su letra no había dudas/

            en tinta negra  y con pluma fuente

" Tiíta Flo y Helen Kathleen,

quien murió de fiebre escarlatina,

a los once años de edad, en St Cloud , París"

 (Aunty Flo  & Helen Kathleen, who died when 11 years old,

 of scarlet fever,  in St Cloud, Paris)

Tenía  también el sello algo borroneado del fotógrafo 

            Gilbert Frères  (peintres photographes)

Quiénes eran

      esa  mujer joven  y esa  niña

            retratadas en las afueras de París

   Qué hacía esa fotografía antigua  

                   entre los recuerdos familiares

          --ya desaparecida

              la generación de nuestros abuelos

                    nunca  llegaré a saberlo

Quizás alguien en los suburbios de Dublín

       o en algún pueblito en el condado de Longford

tenga una vieja fotografía de una joven pareja

      sonriendo ante la cámara

en un estudio fotográfico de Buenos Aires

       o en la rambla de Mar del Plata

y se esté haciendo preguntas similares a las mías

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PRUEBAS AL CANTO

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Hacia finales de los ochenta estando en Montevideo fuimos a cenar
                              /al viejo Pentella en Santa Fe y Paraguay
ya por aquellos años un restaurante casi centenario
cuyo elegante salón confirmaba de tiempos pasados
                                                    /cierto esplendor
consintiendo -quizpor un instante -el olvido de las miserias del presente

Allí fuimos ubicados en una larga mesa -los más de veinte comensales
                                    /en su mayoría orientales capitalinos

Los camareros comenzaban a servir las bebidas cuando alguien destacó
el inusual -gigantesco tamaño de una reproducción fotográfica de Carlos Gardel
                                         que colgaba de la pared del fondo

La sola referencia al Zorzal Criollo nuestro querido Morocho del Abasto 
                      /obró como una contraseña compartida en colectivo
todos  -y a una sola voz  -comenzaron a discutir con enfático fervor
                        /sus orígenes  y lugar de nacimiento

Incluso alguien opinó que en la voz del Maestro -divino e inigualable don-
podían reconocerse /el tono y la modulación propias y tan particulares
                                             /del gauchaje de Tacuarembó

Las diversas opiniones y conjeturas resultado en alguna medida de la excitación grupal
                                      -o del ardor y celo patrióticos
fueron interrumpidas por un hombre de mediana edad sentado en una mesa cercana
                         /quién con una voz grave y buena dicción dijo:
“Observen con atención su cara de felicidad  -el rostro risueño
                      /la sonrisa franca... 
 ¿No se han preguntado Uds.  por el motivo de tanta alegría ?

Todas las cabezas giraron en su dirección 
         /las miradas delataban  asombro y desdén
sin embargo nadie osó responderle al indiscreto entrometido 
                     /quién a manera de colofón agregó: 
“Es muy simple, le tomaron la fotografía después de cantar
                                       Mi Buenos Aires querido
                     / más claro échenle agua”

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