Graciela Maturo

Poemas de Graciela Maturo

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Graciela Maturo

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AQUELLO QUE AMASTE PERMANECERÁ

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What you lovest will remains

Ezra Pound

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Ha de durar aquello que has amado

dijo un día Ezra Pound

ese insano

poeta recluido.

Lo sé, lo supe siempre.

No morirán las palabras estremecidas

ni las hojas del álamo que el viento desprende ahora.

Todo tendrá su tiempo perdurable

su reino, su medida.

El rostro de los muertos nuevamente

aparecerá dibujado

sobre la tela

del aire.

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separador_25de Dafne y otros poemas (I. Dafne)

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ENCUENTRO CON ANTONIO DI BENEDETTO EN CARACAS

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Un tambor negro resonaba lúgubre

cuando nos encontramos, en Caracas.

(Santiago de León de Caracas,

ciudad hispanoindia,

ciudad de negros cantores, de autopistas,

gringos, aventureros, magnates del dólar,

miserables.)

Un tambor negro nos saludaba

con su redoble de muerte.

La Virgen de madera pintada y rostro oscuro

nos miró cuando huérfanos andábamos

por la calle de gritos.

Veníamos de largas travesías, de amigos ensangrentados,

de viñedos

polvorientos y solos.

El rumor de los álamos de Guaymallén

secretamente nos unía.

Ya frecuentabas los abismos fulgurantes

que separan el día de la noche.

Ya conocías el ruido y la violencia

que asediaron tu casa de silenciero, a orillas del zanjón.

Un tambor negro resonaba lúgubre

y no sabíamos entonces

que anunciaba la muerte de un inocente.


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    de Dafne y otros poemas (II. Libro de los adioses)    

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LA NUEVA ESTACIÓN

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Voici que vient l’ été

la saison violente...

Apollinaire

Como una dulce hiedra crecerán

nuestras palabras.

Como el río impetuoso que en vano hemos querido contener

y surge y se derrama poderoso sobre la tierra

sobre la nieve sobre las rosas sobre el trigo

sobre el cemento sobre el cieno.

Las palabras

creciendo como brazos de hermanos que se buscan

en un aire radiante de palomas.

La luz se mueve ahora hacia nosotros

mientras marchamos, discurrimos,

traficamos.

La luz quiere nacer en la palabra del que agoniza y vela

en la palabra de carne y hueso,

en el amor.

Cantando

haremos reverdecer las duras piedras que el desprecio ha secado,

hundiremos el rostro en los helechos

y el agua endurecida de la granada saciará nuestra lengua.

En el aire giran los signos de la nueva estación.

Una bandada de pájaros se posa sobre el desierto de los escribas.

 

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de Dafne y otros poemas (III. La nueva estación)

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