Literatura aragonesa

Auxilio en carretera

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Este coche tira que es la hostia. Nada, no se nota ni un solo temblor, parece que te vas deslizando, que flotas en el aire, y eso que las carreteras de este puto país dan asco de lo plagadas de baches que están… Le pisas un poco y se pone a ciento sesenta en un plis plas, como si nada. ¡Uf, y cómo se agarra en las curvas el hijoputa…! Conducir este coche y sentirte dios es todo uno. ¡Y que todavía haya algún cretino que pida limitar de fábrica la velocidad máxima de los automóviles…!

17 Monegros, fotografía de Samuel Larués (http://paisajesciclistas.blogspot.com.es)

17 Monegros, fotografía de Samuel Larués (http://paisajesciclistas.blogspot.com.es)

Me gusta regresar por esta carretera: apenas hay tráfico, no te cruzas con casi nadie y probablemente ni la Guardia Civil sabe que existe. Alguna vez que otra te sale algún garrulo con su tractor o surge de no se sabe dónde un rebaño piojoso ―que, por cierto, no sé adónde cojones vienen a pastar, si aquí todo es puro secarral―, pero lo que son coches, hay veces que no llegan ni a la media docena, aunque lo mejor es que no atraviesa más que un par de pueblos inhóspitos cuyas cuatro casas apenas se sostienen ya en pie. Con un poco de suerte, en todo el trayecto no ves ni un alma. No entiendo cómo todavía hay quien alaba la vida en el campo, rodeado de viejos, zarzales y cagarrutas de oveja. ¡La tranquilidad de vivir en plena naturaleza!, dice el cretino de Pedrosa. Eso es porque no ha pasado por aquí ni piensa venir en su puta vida, porque si no, no aguantaba ni dos días, con lo comodón y lo sibarita que es el cabrón. Eso es una de las cosas que más me jode, esa manera que tiene la gente de idealizar la vida y de simplificar la realidad escogiendo una sola de sus partes y olvidando el resto, como si con eso solo pudieran evitar su existencia.

Tranquilo sí que es esto, de eso no hay duda. Pero uno se viene aquí una semana y a las dos horas ya está harto de no hacer nada, de dejar pasar el tiempo como si todo diera igual, de regodearse en la monotonía, en el canto de los pajaritos y en el zumbido insoportable de los insectos. Y al día siguiente se despierta alarmado ante la perspectiva de que, por mucho ingenio que le eche al asunto, realmente no hay nada que hacer, no es posible llevar a cabo ninguna actividad con la que entretenerse. Esto es lo real, la vida pura y dura. Lo demás es engañarse como pánfilos, no querer asumir nuestra verdadera naturaleza de «urbanitas».

Esta recta es formidable: se pueden llegar a coger los ciento ochenta, incluso los doscientos por hora. Es como volar. La carretera se estrecha como si caminases a toda pastilla por un hilo de alambre. Alucinante. Y luego está cómo suena el motor. Esto sí que es música, y no esa mierda que se empeña en ponerme Olga para dárselas de intelectual. Y lo peor es que encima me deja el salpicadero lleno de cedés, como si yo los fuera a poner alguna vez. Eso es algo que quitaría de los coches: el puto cedé, como si no bastara con la música celestial de los ciento setenta caballos…

Joder, no sé por qué me pongo a pensar ahora en Olga, con lo a gusto que estaba yo aquí solo con mi Audi, dueños él y yo del mundo… También son ganas de amargarse. Si es que no aprendo. De todos modos, ayer lo pensaba seriamente, y creo que va a ser lo mejor: voy a dejar de verla. Me tiene ya un poquito harto, no sé qué idea se ha hecho de lo nuestro, pero ya es hora de pararle los pies. Una cosa es follar, quedar juntos, irnos de viaje por ahí, en fin, pasárnoslo bien, y otra que se crea con derecho a inmiscuirse en mi vida. Es lo que me faltaba. Aún no me lo he podido quitar de la cabeza; todavía me parece estar escuchándola. ¡Pero cómo se le ocurre sugerirme que nos vayamos de vacaciones al apartamento de sus padres! ¡Pero cómo se puede ser tan imbécil! No te jode, ni que fuéramos novios. Es que esa tía es tonta. Y mira que lo hemos hablado veces, que no acepto ninguna clase de compromisos, que si algo va bien como va, para qué cambiar, etcétera. Tenía que haberla mandado a la mierda en ese mismo momento, se lo merecía por mema. ¿Qué cojones pinto yo en casa de sus padres, a ver? ¡Por Dios, si solo de imaginármelo se me revuelven las tripas! Solo los he visto una vez, un día que nos los encontramos de sopetón en plena calle, al doblar una esquina. No recuerdo haber visto en mi vida dos tipos tan ramplones y tan vulgares como ellos. Y encima quiere que nos vayamos una semana entera a su casa de Salou, el paraíso de los paletos, a hacerles compañía. ¿Pero por quién me ha tomado? Esta tía se esta confundiendo conmigo, se está confundiendo y mucho, y ya es hora de que la ponga en su sitio. Conmigo no se juega. Si no es capaz de comprender quién soy yo y lo que quiero, lo mejor es que la mande de una vez por todas a tomar por el culo. Sin más preámbulos. A ver si espabila de una vez, que ya tiene añitos.

Esta parte de la carretera es la que más me gusta: curvas sinuosas, firme en buen estado, pronunciados cambios de rasante… Es como danzar bajo la melodía vibrante de la orquesta mejor acompasada del planeta: los cuatro cilindros de mi Audi A6. Pura energía. Esto no lo cambio por nada del mundo.

Ya se lo dije a Pedrosa; como los Audi hay pocos: estables, fiables, potentes… Pero luego va el cretino y se compra un Mercedes, como los de pueblo, para presumir de lo cateto que es. Casi mejor, así nadie se confundirá con él. Porque lo que salta a la vista nada más verlo es que es un cretino de tomo y lomo. Yo todavía no sé de qué va, pero desde luego a gilipollas no le gana nadie. Y a incompetente menos aún. Con la cartera de clientes que tenía, y hay que ver cómo ha caído en los últimos meses… Y no me sirve que ponga de excusa la separación de su mujer, como si con eso quisiera justificar sus meteduras de pata. Si se le van los clientes será porque no sabe llevarlos. Tendrá mucha labia y todo lo que quieras, pero eso hoy en día ya no funciona. Y con la cara de pánfilo que luce, lo único que transmite es tristeza. Que ponga de excusa su «penosa» situación personal solo esconde su torpeza y su insolvencia como comercial, y sobre todo su incapacidad para asumir responsabilidades. Un inútil.

No sé quién dijo que la pobreza es el justo castigo a la incompetencia ―y si no lo dijo nadie me lo atribuyo yo y ya está―, pero no le faltaba razón. Los americanos, que por algo son la primera potencia, lo tienen claro. Por eso, si Pedrosa se va a la calle, bien merecido se lo tendrá. No sé por qué Velasco le tiene en tanta estima. Me da igual que en otro tiempo llevara la cartera más amplia y más rentable; ahora va de mal en peor, y eso es lo que a fin de cuentas debería importar. Ya le dije a Velasco que no me sería muy difícil gestionar su red de clientes, que por eso no tenía por qué preocuparse. Si fuera algo más inteligente, actuaría sin contemplaciones. Se empieza protegiendo inútiles porque nos dan pena, pobrecillos, con la que les ha caído encima, y al final se acaba llevando la empresa a la ruina. Es la ley del mercado, cualquier estudiante de primero de economía lo sabe. Si de mí dependiera, no me temblaría el pulso. A ver si así además aprendía a no llorar como una maricona porque lo ha dejado su mujer.

¡Hostias! ¿Qué es eso de ahí en la cuneta? ¡Joder, si es un coche! ¡Menuda hostia se ha debido de meter! ¡Uf, vaya golpe! Por lo menos ha dado cinco o seis vueltas de campana. Y encima en esta carretera, donde no pasa ni un alma ni por equivocación. Seguro que se ha salido en una curva. Es que hay gente que no sabe conducir, vete a saber a qué velocidad iría… Ha debido de ser hace unos pocos minutos, las huellas y los estragos son muy recientes. No sé si habrá alguien con vida adentro. Y aun así lo tienen crudo, aquí en medio de la nada, si no se han muerto del golpe les va a tocar morirse de asco, que casi es peor. Seguro que ni siquiera hay cobertura para avisar. ¡Vaya, pues sí, mira por dónde! Parece mentira, hasta en lo más perdido del mundo a alguien le ha dado por colocar un repetidor de telefonía. Luego vendrán los ecologistas de los huevos a darnos la tabarra con las radiaciones electromagnéticas y todo eso. Pero de los avances de la técnica no dicen nada, se callan como putas. El caso es tocar los cojones porque sí, por afición, para amargarnos la vida a los demás.

Bueno, parece que solo hay una persona dentro. No sé si está viva, aunque lo cierto es que no se mueve. Es un gordo. Un gordo calvo. Y vaya mierda de coche que lleva, un Renault 12 que igual tiene veinte años por lo menos… No me extraña que se haya salido de la carretera. Demasiado tiempo ha estado circulando por ahí, poniendo en peligro la vida de los demás. Esto es lo menos que le podía pasar. Por suerte, a éste ya no hay dios que lo haga funcionar de nuevo. Un cacharro menos. No hay mal que por bien no venga.

Hay un muñeco de peluche tirado por ahí. A lo mejor es de alguno de sus hijos. La verdad es que no lo conozco de nada, pero no me extrañaría lo más mínimo. Tiene toda la pinta de tener dos o tres hijos por lo menos. Y no parece muy mayor, yo no le echaría más de cuarenta. Aunque claro, después del golpe, sacar ese tipo de conclusiones es un poco arriesgado: tiene la cara destrozada y está lleno de sangre por todo el cuerpo. Y eso que llevaba puesto el cinturón. Pues mira para lo que le ha servido. Aquí querría ver yo a los gilipollas de tráfico, a ver qué justificación se les ocurría ahora.

El motor todavía no se ha enfriado del todo. Lo que parece mentira es que no haya echado a arder de inmediato. Hay gente con suerte. Bueno, con suerte relativa, claro está. Porque una vez muerto ¿qué más te da calcinarte como una salchicha?

¡Joder, que no está muerto! ¡Ha abierto los ojos! ¡Acabo de verle mover los párpados! Creo que me ha visto, ha abierto un segundo los ojos y me ha visto. ¡Joder, si parecía que estaba más muerto que mi abuelo! Ahora ha movido un poco una mano, la derecha. Parece que quiere hacerme alguna indicación. No puede ni hablar, le debe doler todo el cuerpo, no creo que le queden muchos huesos sanos. Está hecho polvo, pero no está muerto. Ahora que me fijo bien se nota que aún puede respirar. ¡Joder, y yo aquí mirándolo como quien contempla una obra de arte! ¿Pero se puede saber qué coño estoy haciendo? ¡No me jodas, hombre! Yo me largo de aquí cuanto antes, a ver si me la van a liar. ¡Joder, qué susto me he llevado!

Menos mal que mi Audi se pone a cien en un abrir y cerrar de ojos. Espero no cruzarme con nadie en lo que me queda de camino, sería lo que me faltaba. ¡Como si no tuviera ya suficientes problemas en mi vida! ¡Joder, qué mierda! Que mañana a primera hora tengo reunión y no puedo faltar. De todas formas, si me paran siempre puedo decir que cuando pasé por aquí no vi ningún coche en la cuneta. O aún mejor: que lo había adelantado unos kilómetros antes y que por tanto debió de salirse después de que lo rebasara. Lo importante es actuar como si no hubiera visto nada. Con tranquilidad. Con tranquilidad y mucha calma. Hay que ver por qué tonterías puede uno complicarse la vida. En realidad, si lo miras fríamente, no ha pasado nada. Un accidente más. Un número. Una cifra. Meto quinta y en unos minutos me planto en casa. ¡La hostia cómo tira el coche! ¡Cómo se notan los ciento setenta caballos! ¡Qué maravilla de técnica…!

Estrategias de supervivencia

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