Cine

Fernando Fernán Gómez, un creador

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por Mónica Gorenberg

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“…lo más interesante que encontraba en la historia eran las anécdotas –más que las referencias de los tratados, la descripción de las batallas o los árboles genealógicos- porque en ellas, afirmaba, se reflejaba… la realidad cotidiana de la gente común, sus preocupaciones, sus hábitos, sus modos de comportarse” ( ¡Aquí sale hasta el apuntador! Planeta, 1997).

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Acercarse

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Fernando Fernán Gómez, El viaje a ninguna parteLo primero que sorprende al acercarse a la figura de Fernando Fernán Gómez es la ausencia de bibliografía. Existe un libro de Juan Tébar, Fernando Fernán Gómez, escritor (diálogo en tres actos), Anjanja, 1984. La literatura dramática de Fernando Fernán Gómez, de Manuel Barrera Benítez, Fundamentos, 2009. Libros de profesionales del cine, como Diego Galán. Artículos acerca de diferentes aspectos de su trabajo, fundamentalmente como actor,  muchos; entrevistas, bastantes. Un magnífico documental, La silla de Fernando (David Trueba y Luis Alegre, 2006), que es en realidad una larga entrevista. Hemos encontrado dos tesis doctorales: Fernando Fernán Gómez, autor, de Cristina Ros Berenguer. Universidad de Alicante, 1996 y Universo fílmico y visual de Fernando Fernán Gómez como autor y director de cine, de Jesús de la Peña Sevilla. Universidad de Murcia, 2010. Consultando las fuentes bibliográficas de estas tesis (sabemos que este aspecto de las tesis suele ser bastante exhaustivo), encontramos las Actas del  Coloquio Internacional Fernando Fernán Gómez, acteur, réalisateur et écrivain espagnol. Université de Bordeaux III, Press Universitaires, 1985.

En 1982 TVE realizó un ciclo de sus películas, presentado por él mismo evento que no se ha repetido desde entonces. Es decir, que los jóvenes, salvo alguno especialmente cinéfilo, no han visto su cine.

Pero ninguna editorial ha considerado interesante una edición de sus artículos en prensa. Ni la televisión otro ciclo de su cine. O algún crítico de cine un estudio pormenorizado de su trabajo como director. O de los guiones de sus películas, que no han sido editados.

Sin embargo, todo el mundo artístico, intelectual, reconoció su talento. Pero pensamos que su reconocida “fuerte personalidad”, en palabras de Diego Galán al hacerle entrega del Premio Donostia, en la 47ª del Festival de San Sebastián, fue un obstáculo. En La silla de Fernando, el actor reconocía saber de ello. Llega a  decir que apreció que la antipatía le libraba de tonterías, de tener que aceptar comentarios y compañías necias. Y decidió cultivarla, sin mucho esfuerzo, todo hay que decir. Pero el mundillo se vengó, convirtiéndole en una figura un poco extravagante y ocultó así su enorme talento y excepcional obra.

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Literatura

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Fernán Gómez cultivó todos los géneros. Y se refirió en distintas ocasiones a su práctica literaria. Se consideró siempre un escritor aficionado. Si pensamos en su  carrera como actor (participó en más de 200 obras), se entiende que fue esa actividad a la que dedicó más tiempo.

Su obra literaria no es muy extensa.  Una decena de novelas, entre las que destaca El viaje a ninguna parte, 1985, por haber sido llevada con gran éxito a laLas bicicletas son para el verano, Fernando Fernán Gómez pantalla, así como de algunas obras de teatro, entre ellas Las bicicletas son para el verano, famosa por la misma razón. Un par de poemarios y de obras infantiles. Una ingente producción periodística, ya que  colaboró habitualmente con los periódicos Diario 16, ABC y El País y ocasionalmente en revistas especializadas. Intervenciones en coloquios, prólogos, completan los documentos en los que plasmó sus ideas.  Destacamos sus memorias, El tiempo amarillo, memorias ampliadas, 1921-1997, Debate, 1998. Una escritura clásica, en algunos casos,  apresurada. Una prosa que se lee con facilidad y que, creemos, quiso dar, sobre todo, testimonio de una época decisiva de nuestro país, la guerra civil y la larga posguerra.

Lo primero que publicó fue el poemario A Roma por algo, en 1954, fruto de su contacto con la tertulia del Café Gijón. Continuó escribiendo poemas, de vez en cuando, que fueron publicados en un volumen de Visor en 2002, El canto es vuelo. Creemos que si no hubieran sido suyos, esos textos quizás, no hubieran visto la luz. En cuanto al teatro, escribió once piezas, de las que están editadas seis. Destaca, como hemos dicho, Las bicicletas son para el verano, la adaptación de El Lazarillo de Tormes, o Morir cuerdo y vivir loco, estrenada en el Teatro Principal de Zaragoza en 2004. Según diversas declaraciones, nunca entendió, sobre todo, la falta de éxito que acompañó a algunos de los estrenos. Cierto divorcio con la época, como si se hubiera tratado de acertar, en cada ocasión, con el gusto de los espectadores: ahora, ¿qué queréis? ¿Algo ligero, algo más serio? Su escritura se ciñó a la estructura clásica, comedia o drama, tres actos. Como siempre, mantuvo su libertad. Se trataba de hacer lo que le apetecía, y si no obtenía el éxito esperado, a otra cosa. No era alguien que escribiera para escribir, ni salvo sus poemas, guardara escritos en el cajón. Una obra de teatro se escribe para ser representada, y no se trataba de arriesgar dinero, ni ajeno ni propio.

El viaje a ninguna parte, Fernando Fernán GómezEn cuanto a las novelas, sabemos que, por ejemplo, El viaje a ninguna parte fue gestada a lo largo de muchos años. Solía decir que a veces tenía una idea, y luego se trataba de esperar a que tuviera acomodo en algún género, sobre todo, guión, novela. Unos años se dedicó a la novela histórica: La cruz y el lirio dorado, Oro y hambre y Capa y espada, que fueron sus publicaciones de los años 1998, 1999 y 2001. Cierto éxito acompañaron a El ascenso de los borrachos (1993) y Puerta del Sol (1995), ambas en Espasa Calpe.

Creemos que su obra más importante son sus memorias: El tiempo amarillo,  (1921-1997), Debate, 1998. Con seguridad, hay elementos autobiográficos en toda su producción. Sobre todo, en la obra mejor, independientemente del género o, incluso, de si se trata de literatura o cine. Pero no creemos que se trate exactamente de autobiografía en un sentido estricto. No se trata de un sujeto que se construye en el relato. Se trata de la memoria de un tiempo que se construye con la voz de un espectador participante. Un tiempo que es próximo, pero que sentimos lejano. No para Fernán Gómez, y quizás ese fue su empeño, recordar de dónde venimos, para mejor saber adónde nos dirigimos.  El tiempo que va del pícaro, ese Lazarillo superviviente y ese actor, que a veces escribió o dirigió, siempre como actor, según sus propias declaraciones, que triunfó, porque inscribió su nombre en nuestro devenir histórico.


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Actor-autor

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Le recordamos fundamentalmente como actor. Una larga carrera que comenzó como meritorio en teatro durante la guerra civil (recordemos que nació enEl tiempo amarillo, Fernando Fernán Gómez 1921) hasta que consiguió hacerse un hueco como profesional concluida la guerra. Se inicia joven en el cine, en 1943 y su último trabajo es de 2006, un año antes de su fallecimiento. En esta vasta filmografía encontramos  trabajos puramente alimenticios y títulos que destacan por su notable calidad. Y una notable filmografía como director . Como a continuación publicamos el trabajo de nuestro compañero Alfredo Moreno acerca de su obra como director, me limitaré a nombrar, solamente, las películas El mundo sigue, La vida por delante o La vida alrededor.

Recibió numerosos premios, pero salvo tres “Fotogramas” de Plata, (dos de ellos por trabajos televisivos) todos fueron posteriores a la llegada de la democracia. Reconociendo su talento, también se reconocía la incorporación de España a la escena internacional y la labor de cierta resistencia. Destacamos el premio Donostia de 1999 y el Oso de Plata del Festival de Cine de Berlín, de 2005, ambos a toda su carrera. Aparte de numerosos galardones a su trabajo interpretativo, destacamos los Premios Nacionales de Teatro (1985), Cinematografía (1989), Premio Príncipe de Asturias de las Artes (1995). Participó en las dos películas españolas que obtuvieron un Oscar: Belle époque y Todo sobre mi madre.



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La formación

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Fue sobre todo autodidacta. Comenzó estudios de Filosofía y Letras, pero los abandonó rápidamente. Acudió a algunas clases del Sindicato CNT, pero la guerra acabó con ello.  Leyó mucho, desde muy pequeño. Literatura, filosofía,  historia. El formato tertulia fue muy importante en aquellos años. La más famosa, la del Café Gijón, donde se codeó con los jóvenes de la llamada Generación Creadora o la “tertulia de los jóvenes existencialistas”. Camilo José Cela, Carlos Bousoño, José María Valverde, Rafael Sánchez Ferlosio, Jesús Fernández Santos son algunos de los nombres que contribuyeron afianzar lo que Fernán llama “su afición”. A través de esas relaciones llegó a colaborar con el Instituto Italiano de Cultura. Su condición de extraterritorialidad le permitía escapar a la censura y fue así como Fernán Gómez conoció, por ejemplo, el cine neorrealista.

 Su abuela le llevó tempranamente a ver actuar a su madre y el escenario formó parte de su vida desde siempre.

Aprendió cine haciendo cine. Vinculado a un grupo de cineastas entre los que se encontraban  Carlos Serrano de Osma y Pedro Lazaga, que le “explicaban esas cuestiones del eje y del plano y del contraplano y todas esas cosas”, según contó a Emilio Lahera. Y  le interesaron por el trabajo de director.

Y mientras se forma, trata de “colocarse”, ascender social y profesionalmente como manera de aumentar los ingresos y aumentar los ingresos como garantía de subir un peldaño en la escala social.

 

 


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Una obra

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Mientras se convertía en un actor imprescindible de las décadas 50, 60, y filmaba sus obras más significativas, Fernando Fernán Gómez se convirtió en unLa silla de Fernando intelectual y configuró su universo ideológico. Esa ideología libertaria, con componentes anarquistas, no supuso una militancia políticamente activa. En La silla de Fernando llega a decir que le única sombra de mala conciencia (recalca que sólo es una sombra)  que tiene al mirar su vida es no haberse implicado de ese modo, como hicieron algunos de sus compañeros. Tampoco era un hombre de izquierdas al uso. Nunca renunció al gusto por el whisky y las mujeres hermosas. “¿Que si me puede gustar una mujer inteligente? Sí, la contrato; para que me enseñe filosofía” , La silla de Fernando.

Si hemos comenzado este artículo con esa cita de su libro Aquí sale hasta el apuntador es porque pensamos es que ese es el proyecto de toda su obra. Aunque nunca hizo una lista de sus lecturas, sabemos que le interesó la historia. Y conoció la historiografía francesa, y marxista, de los pequeños detalles. Dar voz a los que no la tienen. Dibujar el friso de una época, no a través de los hechos decisivos, sino a través de la carne, la vida de los protagonistas en la retaguardia. Escribió siempre el mismo libro, una única obra de teatro, realizó una sola y larga película. Al modo de los Episodios Nacionales, a su medida: siendo menos escritor que Galdós, con menos medios, sin demasiada prolijidad, urgido por la época y la necesidad de levantar testimonio.

No fue condescendiente. Acepta a sus personajes, y los comprende. Pero no les profesa especial afecto. Cuando recuerda la proclamación de la II República, el 14 de abril de 1931, “aquella dorada mañana de primavera, la más alegre de su historia”, no la idealiza:

“La detonante combinación de colores de la bandera republicana, el casi desagradable emparejamiento del morado con el amarillo, le iban bien a aquella fiesta gloriosa y chabacana, en la que la zafiedad, la charanga y la pandereta eran guiones deliberadamente izados para señalar los nuevos caminos a los atildados burgueses de buen gusto… Cantaban a voz en cuello el Himno de Riego, no con la letra auténtica, sino con la populachera: Si las monjas y frailes supieran/la paliza que les van a dar, / subirían al coro cantando: / ¡libertad, libertad, libertad!”.

Esta larga cita para ejemplificar una posición. Cuando acudió a la Puerta del Sol en 1931 Fernán Gómez tenía 10 años. No sabía a qué estaba asistiendo. Pero años después, cuando ya había comprendido, no restauró las aristas menos amables, por así decirlo. Que fueran los colores republicanos no convirtió la combinación del morado y amarillo en un alarde de buen gusto. El pueblo, la masa, no aumentó su elegancia.

Esto mismo lo observamos en la construcción de sus personajes, sobre todo en las películas que ya hemos destacado. Viven en un entorno miserable, son miserables porque es difícil mantener la dignidad. Y “eso”, puede ser aceptado, comprendido, pero no amado. Por eso están retratados con cierto distanciamiento. Podemos identificarnos, pero profesar afecto es otra cosa.

A raíz de una conversación con el escritor Wenceslao Fernández Flórez a propósito de la película Esa pareja feliz (Juan Antonio Bardem y Luis García Berlanga, 1951), en la que este le manifiesta que el cine español de la época olía a cocido, Fernán Gómez reflexiona: Me sorprendió que dijera aquello, ya que a mí me parecía que éste debía ser el olor natural de nuestro cine, como también era el olor de algunas de sus novelas, que yo admiraba (El tiempo amarillo).

Y sabemos lo que es el cocido. Casi todas las culturas tienen un plato semejante. Se pone a hervir agua en una olla de cierto tamaño. Se incorporan carnes duras, restos, verduras que no suelen estar en su punto ni presentan el mejor aspecto. Y el tiempo de cocción convierte la carne en comestible, amalgama los sabores. La bonanza económica y la nostalgia han convertido el cocido en plato de restauración. Pero no debemos olvidar sus orígenes, y que, sobre todo, casi cualquiera puede hacer un cocido. Así fue su cine. Realizado por manos no del todo expertas, con ingredientes casi nunca de primera calidad. Y casi siempre la misma historia, con diferentes anécdotas. Su historia. La del español medio, que trata de sobrevivir y colocarse. Claro, no todos ellos obtuvieron el Príncipe de Asturias, o un Oso de Plata. Pero si bien entró en la historia, no alcanzó el lujo, y hasta el final de su vida se dormía haciendo cuentas, para ver si podía vivir sin trabajar o necesitaba una nueva oferta de trabajo.

Por todo ello creemos que es oportuno revisitar su obra. Porque puede iluminar la época oscura que nos toca vivir. Por eso y porque encontró la frase que resume décadas fundamentales, oscuras y recientes de nuestra historia: es que no llegó la paz, sino la victoria (Las bicicletas son para el verano).

Morir cuerdo y vivir loco

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