Número 10 / Junio 2014

Poemas de Antonio Porpetta

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Antonio Porpetta

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DONDE LAS MANOS DE LA AMADA, CON SU DESTREZA, PROTAGONIZAN UNA HERMOSA AVENTURA

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Hablan, cantan, respiran,
amanecen.

Vuelan, indagan, dudan,
se cobijan.

Averiguan, descubren,  
se apresuran.

Amurallan, acechan,
se confían.

Avanzan, acometen,
se detienen.

Disimulan, conspiran,
se deslizan.

Prosiguen, se demoran,
permanecen.

Acosan, se apoderan,
domestican.

Dilapidan, incendian,
se enardecen.

Ya persiguen,
ya insisten,
ya arrecian,
ya se ensañan,
ya rinden,
ya derrocan.
	         Ya vendimian.
Ya desisten, 
	         renuncian,
			    se someten.
Ya proclaman la noche y se serenan.
Ya conducen,
                        invitan,
			   acompañan…


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separador_25(De Territorio de Fuego

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JULIA ANULA

 

 

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“Julia Anula, hija de Cayo, aquí yace. Por el hado nefando
amenazada, poco vivió: la muerte la arrebató cuando contaba
18 abriles de su joven edad. Dile, oh viandante, séate la tierra leve”.
(Lápida romana. Museo Romano de Mérida, Badajoz).

Que jamás puede ser la tierra leve
para tu cuerpo en flor,
oh Julia Anula, dieciocho
abriles en silencio
y en terrible quietud.
Que pesa, y duele, y amordaza
esa oscura tierra que te inunda
los ayer limpios ojos,
la boca soñadora
de un beso iluminado,
los derruidos pechos
tan sólo acariciados por el frío.
No eres ya ni recuerdo, Julia Anula,
ni siquiera
ceniza en columbario,
mas perdura tu huella en el granito
proclamando
tu presencia fugaz.
¿Qué praderas habitas
qué lagunas
reflejan tu silueta de gacela,
qué bronces de campanas se alimentan
con el llanto lejano de tu voz?
Los dioses te acogieron
con la esquiva sonrisa del que oculta
un error disfrazado de destino,
que no es justa la muerte
si la vida es promesa no cumplida.
Perdónalos, y duerme
un sueño de truncadas primaveras
entre tus manes familiares,
mi dulce Julia Anula,
triste memoria de muchacha,
sólo nombre,
definitivamente piedra.



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separador_25(De Meditación de los asombros

 

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 LA HERIDA

 

 

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“Poesía es respirar por la herida”.
Leopoldo de Luis.

Si vuestra herida es, sencillamente,
una simple lesión de los tejidos
penetrante o contusa,
una ofensa a la piel originada
por violencia exterior,
más o menos extensa o lacerante,
más o menos profunda,
la solución es fácil: una cura
con la asepsia debida,
una limpia sutura realizada
por un buen terapeuta,
y sólo os quedará la cicatriz.
O ni siquiera eso: puro olvido.

Mas si la herida oculta su amenaza
en hondos laberintos,
y extiende la espiral de su amargura
por secretas regiones, invadiendo
los huecos intangibles, las calladas
raíces de lo humano,
lenta será la lucha, imposible
su exacta curación.
Habitará en vosotros como un huésped
cercano y duradero,
sangre será de vuestra propia sangre,
testimonio implacable del latido.
Con el tiempo será la compañera
de tristes aventuras:
quizá lleguéis a amarla porque os ame
con su aterida voz, con la certeza
de su tenaz caricia.
                                        Y algún día
despertaréis sin miedo respirando
por ella, y en su imperio
quedará encarcelada vuestra vida.
Aunque os ciegue su llanto, aunque os pese
su carga de dolor.
Porque sólo seréis lo que ella os duela.



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separador_25(De  Los sigilos violados

 

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 LOS ÁNGELES DEL MAR

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Los ángeles del mar, cuando llega la noche,
arrastran suavemente a los ahogados
hasta playas amigas,
y allí limpian sus cuerpos de algas y medusas
y peinan su cabellos con esmero
para que no parezcan tan difuntos
y sus madres, al verlos,
                                       no piensen en la muerte.
A veces depositan sobre sus pobres párpados
dos denarios de plata recogidos
de algún pecio profundo
para borrar el miedo de sus ojos
y que el asombro vuelva a sus pupilas,
o ponen en sus manos caracolas y pétalos
como si fueran niños que dormidos
quedaron en sus juegos.
Finalmente, con leves movimientos,
abanican sus rostros muy despacio
y ahuyentan de sus labios las últimas palabras
dejándoles tan sólo los nombres de mujer...
Casi siempre suplican a los altos querubes
que trasladen sus almas con cuidado,
porque el mar dejó en ellas salobres arañazos,
golpes de barlovento, heridas abisales,
y en el más largo instante
vieron cómo sus vidas se alejaban, se hundían
en el temblor callado de las aguas,
y con sus vidas iba su memoria,
y en su memoria todo cuanto amaron
o pudieron amar,
                             y su dolor fue grande...
Cumplida su misión, vuelan los ángeles
hacia las blancas ínsulas del sueño,
y los ahogados quedan
                                     solitarios y espléndidos
en sus dorados túmulos de arena,
serenos como dioses,
                                   dignos en su derrota,
esperando que nazca la mañana,
que les cubra la luz,
que jamás les alcance
                                    el frío del olvido.

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separador_25(De Adagio mediterráneo

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UN DÍA

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Un día. Sólo un día. Casi nada.
Un montón ordenado de minutos,
un simple recorrido
por la redonda senda
estelada de números y dudas.
Una pizca en el torrente
voraz del universo.
Una huella en la niebla,
un humo que se marcha,
un vuelo ya olvidado
de aquel insecto mínimo
cuyo nombre jamás preguntaremos.

Y sin embargo, siempre, nuestra vida,
acaba siendo un día, sólo un día,
un día irrepetible ocupando su centro
y una serie de años sin sentido
sirviendo de ropaje a su memoria.
Es aquel claro día
en el que amanecemos al asombro,
porque todo es verdad a nuestro paso,
y sin ira miramos el espejo,
y por primera vez nos descubrimos
como queremos ser:
indemnes,
                 plenos,
                             limpios,
                                           libres,
                                                       nuestros.



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separador_25(De Cuaderno de los acercamientos

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