Número 10 / Junio 2014

Poemas de Blas Muñoz

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HACIA amarillos giran
estas horas que fueron
azules sin sentido
hace sólo unas horas,
cuando, azor sobre el puño
y lebreles sujetos,
el bosque contemplábamos

como verde dominio
de rostros o de brumas
donde el dardo, la bala,
la fúlgida memoria,
osarían, veloces,
anticiparse sólo
un instante al galope

febril de los caballos,
al nervioso ladrido
de los galgos fugaces,
y a la inquieta mirada
de jinetes midiendo
el valor de un trofeo
de su propio pasado.

(No fue todo quimera:
elevaciones arden
de otoño por las ramas,
y, aquí, muertos, en tierra,
están los cazadores
bajo un azul de pájaros
furtivos y sombríos.)
		(Verde)


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separador_25(De La mirada de Jano, 2010

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LUZ DE LLUVIA

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Aún nos queda la luz. La luz difusa.
Ese aliento velado que resguarda
a quien falto de sol va hacia su invierno
macerado en las lluvias de diciembre;

ese don en la frente del mendigo
que limosnea el cobre de las hojas
con sus manos abiertas hacia el cielo
bajo el llanto desnudo de las ramas;

esa pátina justa que, sin sombras,
a todos nos iguala en la esperanza
del color desvalido de los sueños.

La luz que se nos da, si la pedimos,
sin aristas, sin límite, entregada
como un beso de amor, que nada exige.



MIENTRAS BAILAS 

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¿Quién desteje la luz en este cuarto
por las hebras de sombra de tu pelo
y tu espalda de luna vulnerable
al incierto reclamo de la música?

¿Quién deshace tu cuerpo en la cadencia
del aire que en el aire se estremece
cuando rozan sus notas derramadas
la dúctil dejadez de tu cintura? 

¿Quién te lleva en los pasos mientras bailas
en un bucle de sueños y naufragios
sobre el eje de un mundo inexistente?

¿Quién, si no soy yo, solo en mi orilla,
celoso, no de nadie ni de nada:
celoso de esa otra que tú eres?


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separador_25(De La herida de los días, 2011

 

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 CLASE PARTICULAR

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Llegó hasta mí la secreta
vibración de su armonía,
tibia miel que se fundía,
melliza y breve silueta,
con la penumbra violeta
de la tarde en el jardín.
Blusa abierta en el confín
de la mirada confusa:
con su cuaderno, mi musa;
yo, con mi inútil latín.

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LA GATA 

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Llega el día y parece que anochece
en la escarcha que cubre tu mirada.
Cuando dejas atrás la madrugada
el sol se te hace luna, o lo parece.

Letárgica tu mente permanece
en no sé qué azotea ensimismada.
Parece que hay, mi amor, gata encerrada,
si te hablo, en tu silencio. Tú, en tus trece,

no me dices ni miau, como una gata
que espera la nocturna serenata
del coro del felino deslunado

para unirte a la caza, ya despierta,
en tu propio salón, de quien abierta
ha dejado la puerta, preparado. 


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separador_25(De Viva ausencia, 2011

 

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XXXII

Aquí culmina el arco
la pulsión degradada
a ser sostén
		  del aire.

En medio de la nada
	(ruina exenta
	que su propia insistencia,
	ciega, erige)
es sustancia de tiempo endurecido
	y de sopor:

ese lugar del sueño
que en sí mismo confluye
como la piedra oculta en lo más alto
	de la arcada,

como la pasión secreta
que el caminante calla
al pasar
	     solitario
			  bajo el arco.

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separador_25(De En la desposesión, 2013

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Categorías:Número 10 / Junio 2014, Poesía

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