Número 10 / Junio 2014

Poemas de María Teresa Espasa

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María Teresa Espasa
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Avanzar despacio

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Avanzar despacio,
presentir el misterio de una ciudad
que aparece,
si la miro.

Remontar sus calles, sus farolas,
romper el horizonte y la mirada
esperando que no existas.

Descubrir como el viento
inunda la fachada quieta
 y lúgubre
con su afán acostumbrado.

Es una tímida sonrisa
que se aleja vencida ante el deseo.

Es una hora que también estalla
con el fervor de siempre
porque ha llegado la noche
y el día se ha perdido.

Sin embargo, llegaré al umbral
de la conciencia
o de un café,
intuyendo el sabor
de aquel peldaño último
que te conduce a la derrota
o a la sala de un teatro.



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separador_25(De Desierto articulado

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Mirar aquel retrato

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Mirar aquel retrato
donde solo tus ojos aparecen 
es volver al escenario,
recorrer lentamente tu figura, 
cerrar los ojos y pensar
en las cosas inútiles
que el tiempo amontona.

Porque las cosas ocurren así,
amontonándose
igual que la espuma
en un lecho de algas.
Pues bien,
hoy no hablaré de sentimientos
ni siquiera de la lluvia inesperada
que me invade.

Sólo hablaré del absurdo
que arrastra las cenizas de febrero.


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separador_25(De El bazar de los insomnios

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Pequeña estación

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Un frente de lluvias
invade el andén
alterando los ritmos
de la pequeña estación.

Conteniendo la impaciencia
busco atenta tu rostro entre la gente.
Me refugio después en un rincón
de la sala de espera
y la mirada espera al abrigo de
 las miradas.

Lentamente abro mi cuaderno
y escribo, 
escribo antes de que el tiempo borre
de la mente
todo cuanto he visto.
               


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separador_25(De El gesto habitual de la torpeza

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Primera llamada

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Te llamo para decirte lo que ya sabes.

Llueve y hace horas que te espero
en la puerta del francés.

Con la lluvia en los zapatos
y tu beso en la memoria, sigo aquí,
como nube que en la noche se instala,
sin atreverme a cambiar el lugar de la cita.

La duda de un engaño 
y sombras apresuradas
cruzan ante mí. 

(No sé que pensar…)


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separador_25(De Cuando puedas llama

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Siempre alerta

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No existe teoría más exacta
		que la del amor y el olvido.


Siempre alerta,
como araña que teje 
su trampa con desvelo,
sabiendo que el amor es la huella
de un instante fugitivo,
elegí convertirme 
en simuladora
hierática
y sagaz.

Al principio la pasión lo era todo,
un ligero roce desataba
la furia del deseo:

tu aliento en la nuca,
el resplandor de la noche,
el sabor de la menta 
en el café...

Ni siquiera podrías sospechar
a cuantos sujetos conocí.
Hombres de oficios y talantes 
diferentes
que en mis manos sólo fueron
objetos de algodón.

Tiempo después
vinieron los inviernos,
llegaron las tormentas.
Alguien dijo: 

“Toda seducción perjudica
a una mujer
por ser mujer”.

Queriendo superar algunas pérdidas
y acabar con el agravio, 
decidí volver a la conquista y buscar
un cuerpo nuevo
entre la gente.

Preparé con esmero el engaño
(un rubor, una mirada, un sobresalto).

Inocencia fingida y temeraria
persiguiendo la huella
de otra imagen abstracta.

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separador_25(De Diario de sombras

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