Número 11 / Noviembre 2014

Poemas de Rafael Espejo

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Rafael Espejo
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NOCTURNO

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La oscuridad del cielo adquiere perspectiva

por los astros que brillan entre nubes dispersas,

y es bello contemplarlo, y peligroso;

el crepitar de leña que nos sugiere el sexo,

canciones de acampada y juventud

dispuesta a emborracharse

con la luna; hay también

quietud en lo profundo, donde no ocurre nada,

allí donde podría imaginarse

un vuelo de lechuza que atraviesa el silencio.

 

Y todo se resume en la palabra

fugaz.

 

Pero yo me detengo en ese corro

que corteja a la vida, compartiendo

explosiones de júbilo y otra especie de guiños

que luego buscarán intimidad

a la luz de las brasas de la hoguera.

Uno de ellos parece ensimismado:

“mañana… estos momentos…”

se teme,

y no disfruta.

 

Entre tanto, las chicas,

sensuales con sus nucas descubiertas,

dotadas de misterio por reverberaciones

de llamas que iluminan, de vez en vez, sus rostros;

ajenas al dolor

que acaba de robarle la sonrisa

al joven pensativo.

Se saben triunfadoras del presente.

Y el presente les dura hasta mañana.

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De El círculo vicioso (Universidad de Granada, 1996)

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DE NOCHE, LOS DOMINGOS

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De noche, los domingos son más tristes.

Ayuda la impresión bobalicona

de la luna

distante,

cuyo velo de flema

irreal se contagia:

las familias se arropan a la lumbre

eléctrica, o apuran

los restos de la cena quedamente,

pensando ya en la paz merecida del catre;

descienden el telón de las persianas

y se rinden al sueño de sí mismas.

 

“Que nadie nos moleste”

digo entonces,

“vámonos a un rincón”.

Me aprietas silenciosa. Tú también tienes frío.

Pero los dos sabemos que quizás

sea mejor así,

caminar solitarios los recodos del pueblo

y a espaldas del convento

–piedras despellejadas con verdín-

nuevamente entregarnos en un culto

feliz porque salvaje:

dos mamíferos

que luchan contra el medio por conservar no más

que su sangre caliente.

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De El vino de los amantes (Hiperión, 2001)

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AIRE VICIADO

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Cuando nos falta fe para cremar la tarde

sostengo con el índice la llama de una vela;

y a esa luz palpitamos

de sombra en la pared,

pero no nos abriga.

Como no hacen hogar las mecedoras

(por más que ralenticen el tiempo de tenernos),

ni la mesa camilla, ni el frufrú de las manos,

los libros, la quietud, los días por venir.

 

¿Qué poso del amor no quiere aquí asentarse?

 

Ven,

vamos a abrir la puerta.

No precisamos techo para hacer pie,

míralo así:

tampoco tienen un lugar las nubes

pero pasan.

Y cuando acaso alguna se equivoca,

o queda rezagada,

o el viento la desvía,

no importa, también pasa.

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De Nos han dejado solos (Pre-textos, 2009)

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AUTORRETRATO

 

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Al final de estos brazos unas manos

para tocar por gusto

o acercarle sustento

a la boca que pía.

 

Igualmente dos piernas acopladas

al tronco: lo pasean

con sus lagares dentro,

con sus filtros y bombas,

sus engranajes sordos.

 

De perfil me embellecen

un ojo y una oreja, media nariz, dos labios

mitad sobre mitad.

 

Y duros huesos a los que se enredan

músculos trepadores

regados por la sangre que heredé,

todo cubierto de porosa dermis

mal abrigada por vellosidades.

 

Pero yo, que habito una región

ignota en el cerebro,

sólo me reconozco íntegramente

en el pene y los testículos:

esos ojos no natos con trompa umbilical,

reliquias ancestrales

de las eras biológicas que confluyen en mí,

pura animalidad que me despierta.

 

¿Para qué sirvo entonces,

a qué puedo aplicar estos dispositivos,

exactamente qué he venido a hacer?

 

Vivir, pero además

vivir consciente,

vivir como si solo

fuese real la vida.

 

Y dar gracias a ciegas

a quienes me engendraron,

gracias al niño que me trajo aquí,

gracias a las muchachas,

al perro que me sigue y a la flor transitoria,

a la llovizna mística, a la luna de agosto,

gracias a los viajes que al llevarme

me hacen creer en casa,

y a las drogas felices, y a las decepciones

que me tienen humilde.

 

Esto soy. Gracias,

enormemente gracias.

Aunque, en verdad, no era necesario nada de esto,

muchas gracias.

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De Nos han dejado solos (Pre-textos, 2009)

 

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SIEMPRENIÑO

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Oh tua blándula blanda blandícula

Oh tua mamulae mamae moliculae

cave cavete meam víperam nisi te mordem

Morde me! Basia me!

(Rodolfo Hinostroza)

 

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¿Sabes qué significan las líneas de tus manos?

Que estás viva.

 

Así la convencí de que viniese a casa.

 

Y una vez en mi cuarto de estudiante

con 35 años,

su candor y mi boca se avinieron:

 

No, no siempre soy así,

siempre soy diferente, Gatusa,

morde me…

 

Qué bonitas promesas me quedaron.

 

Y entonces se ofrecía como un cielo

profundo, inteligente.

 

Y el niño que se niega a desaparecer

al oído me hablaba

de los capullos de las amapolas:

¿De qué color será por dentro?

Si es blanca ganas tú,

si es roja gana ella.

¿Lo abrimos ya, la abrimos?

 

Gatusa, mientras tanto, separaba

los bordes de su vulva

vaporosamente,

y eran rosas los pliegues de la flor,

y el niño se alegró con un aplauso:

¡Un empate! Tenéis que repetir…

 

Lo cual verbalicé luego de esta manera:

ven a verme otro día,

te leeré

las líneas de las manos.

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 (Inédito)

 

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