Arte

Los Borbones en pelota: sátira política a la luz de los candiles del Reino

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 Los borbones en pelota

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Por Manuel Martínez Forega

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La conmemoración del CL aniversario de la primera estancia de los hermanos Bécquer en el Monasterio de Veruela fue el pretexto mejor que animó a la factótum de la editorial zaragozana Olifante Trinidad Ruiz Marcellán a abordar la edición de Los Borbones en pelota. Este epígrafe titular es el mismo que sanciona la colección de acuarelas y dibujos firmada con el pseudónimo SEM. En efecto, bajo el marbete «Los Borbones en pelota» se esconde un indeterminado número de dibujantes y pintores decimonónicos entre los cuales se encuentran sin ninguna duda Valeriano y Gustavo Adolfo Bécquer. Jesús Rubio Jiménez en su estudio preliminar; Agustín Porras en un epílogo esclarecedor y Luigi Maráez en una extensa y vehemente nota postliminar dan cuenta de las atribuciones autorales desde sus distintas perspectivas, así que una de las destacadas características de esta edición olifántica es haber propiciado el esclarecimiento de algunas de las sombras que sobrevolaban otras acaso apresuradas certezas anteriores sobre la autoría de las acuarelas decimonónicas; pero, a su vez, dar cabida a su ―en este mismo sentido― unívoca atribución bequeriana. Se ofrecen de este modo al lector y al estudioso las dos tesis fundamentales respecto a esa índole de importancia no menuda de la colección. Por un lado:

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El posicionamiento más claro contra la identificación de SEM con los hermanos Bécquer fue el de Joan Estruch. Mostró la incongruencia ideológica de estas imágenes respecto a las posiciones políticas de los hermanos Bécquer. Apuntó la cercanía de las acuarelas al pensamiento republicano y sugirió el nombre del pintor y dibujante Francisco Ortego y Vayreda como posible autor. [Rubio Jiménez, «Prólogo. SEM y Los Borbones en pelota: 25 años de debate en torno a una colección de acuarelas satíricas», pág. 12].

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En 1994 publiqué «En torno a la autoría y primera difusión de Los borbones en pelota» con las prime­ras evidencias documentales de la asociación entre alguna de las acuarelas y el dibujante Francisco Ortego. Estas evidencias son las versiones litográficas de dos de las    acuarelas, una de ellas firmada por Ortego en El siglo ilustrado en los primeros días octubre   de 1868, es decir, apenas producidos los acontecimientos que llevaron a la reina al exilio, uno de los asuntos recurrentes de la colección de acuarelas. El dato tiene importancia porque no hubo margen para la apropiación de la imagen, ya que su contenido remite a acontecimientos de las semanas anteriores. Una segunda acuarela en versión litográfica fue localizada en la colección de don Antonio Bonet. No está firmada, aunque alguien ha escrito en su margen que la litografió Ortego. [Ibidem, págs. 12-13].

Por otro, Agustín Porras:

 

Aún estamos muy lejos de poder identificar a todos cuantos participaron en tan ofensiva como original iniciativa, pero entiendo (…) que deberíamos incluir a los hermanos Perea en ese grupo de artistas en el que desde hace y tiempo sabemos que figuraba el incansable Ortego.

De momento, no se han encontrado rastros de SEM anteriores al 15 de octubre de 1865, en que parece que salió a la venta el Almanaque cómico-político de Gil Blas para 1866. En el número 57 de esta revista, de fecha 23 de diciembre, se nos asegura que el Almanaque en cuestión «contiene cuarenta y ocho dibujos, por Bécquer, Perea (Daniel) y Ortego» (curiosamente, no vemos impreso el nombre de este último en la portada de dicha publicación, aunque sí en una docena de sus viñetas). Será en estas páginas donde aparezcan, junto a las incluidas en la cubierta y portada, las primeras ilustraciones firmadas con la inicial S. [Porras, «¿Y dice usted que SEM…?» (Epílogo ),pág. 219].

Y, por fin, Luigi Maráez:

 

 

En primer lugar no ha de dudarse que ambos hermanos estuvieron detrás de la firma SEM, puesto que lo ratifica el mismo periódico [el Gil Blas] y, además –y hay que hacer hincapié en ello–, «ilustraron sus columnas con dibujos», con lo cual no sólo es Valeriano el posible candidato a la autoría de los mismos, sino también el propio Gustavo, tan sobradamente preparado por tradición familiar como el primero, aunque menos dedicado al noble arte de la pintura por aquello que ya sabemos de su genio, más proclive a lo poético y literario [Maráez, «Quién es quién y de quién (Qui est qui, et de qui…?» (Nota postliminar), pág. 235].

Pero este perspectivismo no se ciñe sólo al análisis exegético, sino que resulta evidente en seguida a través de los noventa y tres textos que acompañan a las noventa y tres ilustraciones. Noventa y tres visiones distintas dispuestas a partir de diferentes trazos estéticos y diferentes enfoques y morfologías que van desde la descripción de la coetaneidad histórica hasta el karaoke y en cuya serie tienen cabida la detallada exquisitez realista de los personajes, el texto axiomático, el ensayo breve, el soneto, la polimetría modernista, el microrrelato, el estilo indirecto; en fin, una variedad imperativa directamente proporcional a su pluralidad. Sentido coral, en efecto, naturaleza polifónica la de esta edición que, ya sí, le otorgan su máxima singularidad y la distingue de cualquier otra aparecida hasta el día de hoy. Y en ese coro no desentonan ni mucho menos la voz de la ironía junto a la sátira, el humor negro, la censura grave, la inmediatez crítica, la acrimonia… Nada ni nadie son neutros: la posición adoptada por los autores, ya sea sincrónica o diacrónica, huye completamente de la asepsia.

En un período, por tanto, de agitación ideológica como el actual; un período de dudas profundas sobre la entidad moral de los gobernantes y de escepticismo acerca del valor de las idea; un período cuya antonomasia se define por la corrupción política, la malversación profunda de un concepto sagrado en democracia como es el bien común; un período de hondos vacíos (sobre todo el de la caja pública) intelectuales en la administración de la justicia; un periodo, por fin, que ha arrasado la empatía social a base de “rescates” políticamente fraudulentos. Este período nuestro guarda, es verdad, muchas similitudes con aquel del siglo XIX que, del mismo modo, era conducido por la monarquía borbónica y cuya institución se encuentra también ahora directamente implicada en hechos semejantes. Los Borbones en pelota llegan así, hasta nuestras manos, con un propósito histórico paralelístico que sólo el azar ha sabido disponer. Los acontecimientos en España fueron sucediéndose mientras el libro iba gestándose hasta dar fe de aquellas similitudes. Los autores han sabido elucidarlas en un libro, en consecuencia, también elucidador y brillante.

¡Bienvenidos a la exposición!

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