Lorenzo Oliván

Poemas de Lorenzo Oliván

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Lorenzo Oliván 

Biobliografía

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UNA ALUCINACIÓN

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Entraste en el recinto de lo cuadrado. La paleta metálica, repleta de cemento, golpea en lo cuadrado, precisa de un sonido seco, cortante, duro para alzar lo cuadrado.

Junto al mar sin esquemas, que practicaba, al fondo, la destrucción hasta el delirio de cualquier forma de geometría, entraste en el recinto de lo cuadrado. Para llegar habías bordeado acantilados como quien coquetea con la muerte. A peso la plomada, a peso el vértigo, a peso tú con ambos.

Sobre el recuerdo en piedra del ahogado no encontrado jamás, después descubrirías el amor. Vestido azul marino impracticable, conduciéndose exacto por las curvas de un cuerpo, besos sabor salitre, y cerca, entre las grietas de las rocas, un lobo blanco aullando, reclamando otra presa.

Pero eso fue después. Primero entraste un día en el recinto por excelencia de lo cuadrado. Si existe un lugar quieto será aquél. Visión cuadriculada. Alrededor cuadrado. Lapidación de la contemplación.

Tú, en cambio, allí, eras la rapidez, guiada, espoleada, por dos ojos muy grandes, que traspasaban de electricidad aquel reino absoluto de lo cuadrado, buscando el hueco, la demolición, la fisura, la ruina en lo cuadrado.

Aquella puerta negra se te resistía. Algo se abría en ella y todo lo que se abre en una puerta se ha de abrir para ver. Con las manos en círculo, rodeando los círculos de tus dos ojos grandes y redondos, te enfrentaste, de niño, a la razón suprema de todo lo cuadrado. Y allí viviste la alucinación. Experiencia de luz que necesita de la oscuridad.

Las apariencias pueden engañarnos. Pero el posible engaño de una visión fugaz será más cierto siempre que la verdad más cierta.

 

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DESDE ESA PIEL

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Tu mente necesita descansar

de ti mismo. O tú mismo de tu mente.

Y miras como dándote la espalda,

como el perro que corre tras de sí

para asomarse al otro, al perseguirse.

Si el ave analizase su alto vuelo

caería a plomo a tierra. El ala sólo

arde en su igual. Ahí nace su impulso.

¿Habrá telegrafía más sutil

que ese código alado? Retrocede

a tu propio principio: aquella escena

de dos cuerpos buscándose en la noche

por caminos sin mapas, que de pronto

te encuentran –punto en fuga de qué vértice-

pero no saben nada de ese encuentro.

Las aguas que se encauzan reflexionan,

examinan los márgenes del cauce.

Hamlet es agua libre confundida

al rodearlo mil acequias prácticas.

Por eso amas el mar, que sólo piensa

al horizonte, donde ve su límite,

y aquí, cercano, al sol, pulsa el instante.

 

Te acuerdas del viajero, tan dormido

que era naturaleza, entre dos robles,

en una hamaca ingrávida. Hasta su bici

se sumía en su sueño. En él la imagen

de una desconexión que unía mundo.

Viste en su piel la sedimentación

de las brisas de todos los lugares.

 

Quién pudiera escribir desde esa piel.

De Nocturno casi (2014)

 

 

 

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LO HONDO

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Lo hondo

se puede vislumbrar siempre en lo alto,

pero no ves lo alto

en lo que está en lo hondo.

 

El alto azul sin nubes qué hondo es

y qué hondos los astros y la noche.

El mar nace en lo hondo, todo río

surge desde lo hondo, ¿y no nos llegan

de lo hondo las lluvias?

 

Las piedras siempre están

a lo hondo asomadas,

la tierra se amontona estrato a estrato

sobre lo hondo y las más altas cumbres

tan sólo de lo hondo se levantan.

 

No existe Dios. Al menos

no el Dios que crea y en que cree el hombre.

Pero existe lo hondo, que te llama

-como los precipicios-

desde tu propia tumba.

 

En donde espera.

 

 

 

De Nocturno casi (2014)

 

 

 

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EL OTRO HILO DE ARIADNA

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Dos cuerpos emboscados, en el nido de sí,

en un todo confuso,

enmarañado. ¿Hay árboles

que impiden ver el bosque?

 

Dos cuerpos emboscados,

rodando por un lecho

en cualquier dirección.

 

Que no pierdan el hilo. Por favor, que no pierdan

el hilo.

Aunque haya tantos.

 

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 Inédito

 

 

 

 

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LLEGADA DE LOS BÁRBAROS

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Defiende bien tu espacio,

como diamante en bruto

que de la luz consigue hacer la piedra.

 

Afiánzate,

multiplícate en él,

en vértigo de aristas

que construyen tu centro y lo destrozan.

 

Cae en la sima de otros,

ojo de par en par

asomado a la especie,

como si fueses solo

la sangre en pie de tus antepasados,

raíz de otras miradas bajo tierra

que miran hoy por ti.

 

Cede tu voluntad -a voluntad-

a la corriente anónima

en que se inscribe tu alma ingobernable.

 

Pon en esa defensa

todo tu ser:

ni un paso atrás,

no cedas ni un milímetro.

 

Porque no pasarán las hordas de los bárbaros

que avasallan tu espacio

y el de libres iguales como tú,

para haceros iguales

como esclavos:

 

para tomar tu frente

(frente a ti y frente a todo)

y arrasar con tu tiempo.

 

Y arrasar con tu tiempo.

 

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Inédito

 

 

 

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