Celeste García Remacha

La revista El Bosque (1992-1996) en su contexto

Por Celeste García Remacha

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La revista de artes y letras El Bosque nace en la década de los noventa, promovida por los gobiernos socialistas de las diputaciones provinciales de Huesca y Zaragoza, codirigida por Javier Barreiro y Ramón Acín; como redactor jefe, estuvo Fernando Sanmartín y, a cargo del diseño gráfico y maquetación, José Luis Acín. De periodicidad cuatrimestral, se editaron doce números, recogidos en once volúmenes, cuatro de ellos acompañados de separatas. Su publicación se extiende durante el periodo comprendido entre marzo de 1992 y marzo de 1996, fecha en la que, definitivamente, desaparece.

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elbosqueEL BOSQUE aparece con la pretensión de ocupar un lugar en las revistas de creación, investigación e información cultural del país. Independencia, limpidez, calidad en la selección, pensamiento libre y pasión por la estética quieren ser sus guías.

Pensada y compuesta en Aragón, EL BOSQUE busca ser un medio de expresión donde nuestros más lúcidos creadores y estudiosos den cuenta de su actividad, así como sacar a la luz temas, personajes y episodios de nuestra historia cultural que han estado preteridos. No se trata sin embargo, de una propuesta de localismo. EL BOSQUE buscará recoger creación y crítica de los artistas y pensadores del mejor nivel en el ámbito hispánico.

Sin desdeñar la actualidad, EL BOSQUE se propone hacer hincapié en materias y autores a los que las modas culturales tienen ausentes del primer plano, a menudo por razones de rutina, influencia de los grupos de presión o por la dificultad y aislamiento que esas materias y autores ostentan.

EL BOSQUE, lugar sagrado, misterioso, intrincado, principio femenino y nocturnal, albergue de las energías ocultas de la naturaleza y representativo de nuestro inconsciente es simbólicamente el lugar más apropiado para impresionar la imaginación del hombre porque entre su follaje -reconcentrada e intensa- se encuentra la luz.

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Estas líneas extraídas del primer número de la revista constituyen en sí mismas una declaración de intenciones, un plan de trabajo  ambicioso en sus expectativas. El número uno de la revista se presentó el 13 de abril de 1992 en el zaragozano Palacio de Sástago. Los días 22 y 26 de junio, el madrileño Círculo de Bellas Artes y el Café Els Quatre Gats de Barcelona acogieron las presentaciones de la revista en ambas capitales con fortuna no muchas veces alcanzada en las presentaciones culturales aragonesas.

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El contexto

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Durante toda la década de los ochenta, en Aragón y muy especialmente en Zaragoza, habían sido continuos los intentos por crear una revista cultural que diera continuidad a las publicaciones literarias aragonesas pujantes en otras décadas. El Gobierno de Aragón propició este ambiente a través de su Consejería de Cultura. Bajo la dirección de Luis Ballabriga y el diseño de José Luis Acín, se reeditaron en edición facsímil de las más significativas: Azul, Revista Cierzo, Noreste, Ansí, Orejudín, etc.

En los años cincuenta se había iniciado un proceso de descentralización de la cultura con la aparición de las primeras revistas en lengua gallega, vasca o catalana. Es innegable que, décadas después, la aprobación paulatina de los Estatutos de Autonomía en los diferentes territorios nacionales -en Aragón concretamente el 10 de agosto de 1982- supuso un revulsivo para los proyectos culturales de cada comunidad que empezaron a valorarse muchas veces no solo por su calidad literaria sino por su capacidad para convertirse en defensores de identidades territoriales que permitieran marcar rasgos propios frente a otras literaturas regionales. La creación de las autonomías y su nueva capacidad para gestionar recursos económicos, con independencia del criterio de la administración central, facultó destinar partidas económicas a proyectos de asunto más local que los que hasta entonces se habían afrontado, entre otras cosas, por el carácter centralista del franquismo que trascendía todos los estamentos sociales y culturales.

Muchas diputaciones españolas iniciaron un proyecto cultural convirtiéndose en editoras de revistas literarias. Con un mecenazgo institucional, al igual que El Bosque, pueden citarse, entre muchas decenas, Hélice, revista de poesía editada por la Diputación Provincial de Granada, dirigida por Luis Muñoz y un consejo editorial que reunía a tres destacados poetas contemporáneos: Francisco Brines, Luis  García Montero y Luis Antonio de Villena. Se publicó entre 1992 y 2002 con una muy cuidada edición. Otras fueron Con dados de niebla (Huelva), Revista Atlántica (Cádiz), Calle Mayor (Logroño) o Barcarola (Albacete), que se mantiene de forma sostenida desde 1979 y, aunque actualmente se presenta en un formato digital, ya han visto la luz 81 números.

Sin embargo, el modelo de todas ellas y también de El Bosque fue la revista Poesía, fundada en 1977 bajo los auspicios del Ministerio de Cultura y dirigida por Gonzalo Armero, que combinó una gran calidad tipográfica y de contenidos, de modo que se ha convertido, como en menor medida El Bosque, en presa de coleccionistas. En 2006 apareció el último de sus 45 números.

Este patrocinio institucional a las revistas culturales y literarias  que se extendía por todo el país no era óbice para que las publicaciones impusieran su independencia a la hora de seleccionar los contenidos y colaboradores. En el proyecto constitutivo de El Bosque, la declaración de intenciones, en palabras de Javier Barreiro, va en esta dirección: el criterio, en cuanto al enfoque, es huir de grupos de presión y valores preestablecidos en beneficio del interés de los temas, los enfoques independientes, el rigor y la profesionalidad.

Por otro lado, los primeros años de la década de los noventa, todavía mantienen esa fuerza de la explosión cultural que trajeron décadas precedentes, aunque la economía y la política ya empezaban a manifestar signos de agotamiento y de corrupción, respectivamente.

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La revista

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separador_50Recordemos que 1992 fue un año clave para España. El país se encontraba inmerso en un proceso de internacionalización, como ni antes ni después, se ha experimentado; baste enumerar la Exposición Universal de Sevilla, la celebración de los Juegos Olímpicos en  Barcelona, los actos del V centenario del descubrimiento de América o los que tuvieron lugar en Madrid como Capital Europea. Un año, por tanto, de gran proyección internacional del país.

En este ambiente de cierta excitación y con la sensación de que todo era posible, surge El Bosque, cuidando al máximo su diseño editorial: cada número se identifica por su propio color, que va desde los azules al verde cazador, pasando por el crema, rojo china o bermellón. La encuadernación en rústica, la selección de una elegante tipología con letra tipo Bodoni y el papel de Torras, color crema. Toda la revista debía ser agradable a los sentidos, recuperando esa tradición de la imprenta zaragozana por la edición e impresión de calidad.

Desde un primer momento se quiso contar con los mejores y más innovadores autores plásticos y prueba de ello es el diseño gráfico del propio título, encargado a un ya reconocido Eduardo Arroyo, con un resultado, que, lejos de caer en abigarramientos estéticos, se nos presenta con un diseño muy meditado en las proporciones y los elementos que lo componen: letras y caligrama.

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El título, propuesto por Javier Barreiro, en la recreación de Eduardo  Arroyo, es un breve poema: por el caligrama, por el juego fonético que provoca su lectura y por la belleza gráfica conseguida a través de recursos tipográficos que refuerzan la imagen de la palabra.

El símbolo identificativo de la revista fue encargado al fundador en 1947 del Grupo Pórtico, Santiago Lagunas. Este arquitecto ysantiagolaguna pintor de reconocido prestigio había sido ya condecorado en 1984 con la Medalla de Oro Isabel de Portugal de la Diputación de Zaragoza; en 1991, había también recibido la Medalla de Oro del Ayuntamiento de la ciudad y, el mismo año en que ve la luz la revista (1992), el Premio Aragón de las Artes del Gobierno de Aragón. Resultado de su colaboración para El Bosque es ese árbol humanizado que hiende sus raíces en la tierra en busca del saber simbolizado por esos círculos concéntricos, que encarnan la sabiduría. Se completa el diseño con las doce ramas como imagen de cada una de las secciones de la revista.

En cuanto a la disposición de los temas dentro de cada número, El Bosque organizó una estructura compleja que proyectase una visión plural no sólo sobre lo literario sino también sobre otras manifestaciones culturales. Los contenidos de la revista se distribuían en torno a doce secciones, donde tenían voz el Ensayo Literario, la Investigación, la monografía en El Autor y su Obra, la Poesía, la Narrativa y la Recuperación de una figura o tema más o menos preteridos. Esta relación se completa con otras seis secciones ajenas a la literatura que recogen colaboraciones de artículos en materias tan variopintas como la Antropología, la Música, el Cine, el Arte, la Bibliofilia y, por último, la Crónica Cultural. Estas secciones se mantienen fijas a lo largo de los doce números, aunque no todas disfrutaron del mismo espacio. Desde la configuración del proyecto se tenía claro que los apartados dedicados a la Investigación y a la Entrevista tendrían el doble espacio que, por ejemplo, Poesía o Narrativa, las secciones más creativas.

Sin embargo, en la práctica no fue así; la Poesía acabó por encontrar dentro de la propia revista un espacio más productivo y creativo de la mano de los artistas plásticos que colaboraron asiduamente en El Bosque. Una sección que merecería por sí sola ser objeto de un trabajo de investigación, ya que al valor del documento literario que allí se expresa, se añade la interpretación que del mismo elaboran  artistas gráficos como Arranz, Abraín, Millás, Laguardia, I. Fortún, Lascaso, José Luis Cano, Marteles, Paco Simón, el Vaso Solanas y tantos otros. La obra de muchos ellos ha ido creciendo con el tiempo y ocupando un lugar destacado en la pintura española. Si para acompañar a la poesía o narrativa se contó con  la pintura, en el resto de las secciones y por una cuestión meramente presupuestaria, se optó por las fotografías e ilustraciones, preferentemente, antiguas o de archivo muy cuidadosamente elegidas.

Para quien no haya podido tener en sus manos un ejemplar de El Bosque, reproducimos un texto con su correspondiente  interpretación gráfica. Se trata del poema  inédito  titulado  “¡Si al menos nos dijeras!”, de Gabino-Alejandro Carriedo, perteneciente al libro La sal de Dios; redactado en torno a 1945, año en que el autor se vincula al Postismo.

 

antoniofernandezmolina

¡ Si al menos nos dijeras!

¡ Si al menos anidaras                                                        

en las ocultas cimas

que se esconden detrás de las ciudades!

Pero sobre las casas hay un eco

de ramas desprendidas en noviembre,

cuando el viento detiene su  carrera

y se queda –cristal  al aire-yerto.

¡Si al menos te posaras

como un ave indiscreta

sobre los vivos hilos de la luz!…

Pero sobre los campos hay un olmo

recto, como el dolor, y en las entrañas

de la tierra una antigua incertidumbre

con sabores de huesos olvidados

¡Si al menos nos dijeras!….

 

 

 

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Las separatas: pequeños tesoros

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Cada vez que los directores tenían algo especial lo publicaban con el número correspondiente del cuatrimestre en modo de Separata. Cuatro en total son las que aparecieron:

Número 5 (mayo-agosto 1993) Homenaje a Jorge Guillén Historia de una décima

Número 6 (septiembre–diciembre 1995) Homenaje a Ildefonso Manuel Gil

Número 8 (mayo-agosto 1994) Homenaje Andrés Ortíz–Osés

Número 9 (septiembre-diciembre 1994) Pepe Oltra. Fotografías

elbosqueminiQuizá, de todas ellas, el homenaje más emotivo sea el de Jorge Guillén. La generosidad del profesor José Manuel Blecua pone ante nosotros el proceso de creación de una décima: “Tiempo sobre espacio. Vaivén del reflejo”, de puño y letra de su autor, el poeta Jorge Guillén. Mediante una breve introducción, el autor del homenaje nos explica cómo llegó a sus manos esta joya. Veinticuatro carillas de puño y letra del poeta de Cántico en las que se asiste al nacimiento de una décima.

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Contenidos y colaboradores

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También las páginas de EL Bosque rindieron homenaje a aquellos autores aragoneses que la Guerra Civil condenó al exilio: José Ramón Arana, Ángel Samblancat, Ramón J. Sender, Benjamín Jarnés, entre otros. Están muy presentes en la revista los artículos en homenaje o recuerdo de otros autores aragoneses: Braulio Foz, Joaquín Dicenta, Ildefonso Manuel Gil, Ramón Gil Novales, Tomás Seral y Casas, Miguel Labordeta o Francisco Carrasquer.

La sección dedicada al cine dio visibilidad al notable filón de directores cinematográficos aragoneses. Este espacio contó conhojapapel un responsable de prestigio, el profesor Agustín Sánchez Vidal, cuya firma aparece en once de los doce números publicados. En sí misma esta sección se puede considerar como una historia del séptimo arte en Aragón, abarcando desde aquella emblemática grabación de la “Salida de misa en 1896” hasta bien entrado el siglo XX. Todos los agentes que intervienen, de una manera u otra, en el proceso de creación cinematográfica tienen su sitio en esta sección: actrices como Raquel Meller, directores de la talla de Carlos Saura, Segundo Chomón o el gran Luis Buñuel, José Luis Borau, Florián Rey; la primera y segunda películas españolas, que fueron rodadas en Aragón en 1896 por Eduardo Gimeno, la recuperación de títulos casi olvidados, como “Orosia”, que aparece el segundo número de la revista o el detalle de la cartelera cinematográfica zaragozana, desde esa primera filmación de 1896 hasta el año 1931. Artículos detallados, de investigación que van más allá del cine y entran de lleno en la historia de la intelectualidad artística del primer tercio del siglo XX y, así, aprovechando la película La edad de oro, se analiza la difícil relación Buñuel–Dalí, con la colaboración de este último en el guion. El texto se completa con la incorporación de documentos como la carta de Dalí a Buñuel con sugerencias para la película cuya copia reproducimos.

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Contenidos y colaboradores

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Fueron más de 120 los colaboradores, que, repartidos a lo largo de los doce números, muestra un esfuerzo importante de los directores de la revista por presentar un cuadro de autores muy variado, seleccionado, especializado y de una calidad innegable. Y, a la vista de la información de que disponemos, no debieron de faltar ofertas de colaboración a la revista. Eran trabajos bien pagados. Del archivo de documentos de la Diputación Provincial de Zaragoza se extrae un presupuesto anual para retribución de artículos con una adjudicación de 50.000 pesetas por sección. Actualizado su valor y convertido a euros nos da la nada desdeñable cifra de 546 euros por la colaboración en una sección de un número de la revista. El importe resulta cuanto menos llamativo, más, si tenemos en cuenta que la mayor parte de las colaboraciones eran y son en este tipo de publicaciones o gratuitas o simbólicas. Pero desde el primer momento fue un objetivo de sus directores la dignificación del trabajo intelectual, que el trabajo de los colaboradores fuera retribuido, hecho que a su entender, les permitía seleccionar a los más preparados y especializados para cada tema.

Ramón Acín argumentaba la necesidad de una retribución económica y no podemos estar más de acuerdo con su posición:

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No recuerdo la cantidad, pero sí que se pagaba. Y adecuadamente. Todos éramos conscientes de que, al igual que el resto de los trabajadores, quienes investigan, narran, crean, hacen crítica, etc. no viven del aire. Pagar adecuadamente conlleva dignificar tanto a quien realiza el trabajo como al soporte (la revista, en este caso) en donde se publica el texto. Fuimos serios y, por eso, los ofrecimientos de temas y de artículos fueron abundantes, algunos al correo de la dirección de la revista (creo que estaba en la DPZ), pero, sobre todo, a los domicilios particulares de quienes dirigimos El Bosque.

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Y así desfilan por las páginas de EL Bosque un buen número de profesores de la Universidad de Zaragoza: Aurora Egido, Guillermo Fatas, José Luis Calvo Carilla, Enrique Gastón, María Teresa Cacho… Su colaboración estaba más presente en secciones podríamos decir de corte académico como eran el ensayo literario o la dedicada a la investigación.

Hay que tener en cuenta que todo el equipo encargado de la revista: Ramón y José Luis Acín, Javier Barreiro y Fernando Sanmartín contaban ya con una trayectoria que les avalaba. Muy implicados en la investigación, la creación y dirección de proyectos, conocían a la perfección el terreno por el que andaban y tanto las circunstancias como los contactos particulares de todos ellos fueron utilísimos para sacar adelante con calidad los contenidos de la revista. Fruto de estos contactos son la participación en la revista de firmas como las de Juan Eduardo Cirlot, Edmundo de Ory, Manuel Vilas, Grenier, y un largo etcétera.

Toda publicación, sea libro o revista ha de pasar el examen del público al que va dirigida. El Bosque contaba con todas las cartas a su favor para triunfar: un equipo directivo de primer nivel, unos colaboradores seleccionados entre lo mejor de la cultura aragonesa y de expertos de fuera de la Comunidad y, por último, un apoyo institucional tanto en infraestructura como en lo económico como no se había hecho hasta la fecha con otras publicaciones similares. Pero ¿es esto suficiente para despertar el interés de los lectores? En principio, sí. Sabemos que la revista despertó auténtico interés y en algunos casos, casi pasión. No sabemos a ciencia cierta el número de ejemplares que se llegaron a imprimir. La distribución media era de unos ochocientos ejemplares en abril de 1994; y así lo certifica el gerente de la distribuidora contratada; empresa cuya mala gestión en su trabajo, tantos dolores de cabeza traería a los suscriptores y, suponemos que por extensión, a todo el equipo de El Bosque.

Como sucede en tantas revistas, los problemas de distribución no fueron ajenos a la publicación y las quejas por parte de los suscriptores son constantes: reclamación de ejemplares anteriores que todavía no se han recibido, extravíos de justificantes de pagos, errores a la hora de adjudicar los pagos a un número u otro. En definitiva, problemas de gestión que no sólo afectan a la empresa externa contratada para la distribución, sino al propio control de la gestión de administración de la DPZ. Algunas de estas quejas nos impresionan por el lenguaje con el que manifiestan su queja:

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Estoy desolada. Esta vez el cartero no llevó la revista a mi casa y mi conserje no puede ir a recogerla a la estafeta.”

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Problemas que no se solucionaron nunca y que en fechas próximas al abandono de la publicación se siguen manifestando con acritud por parte de los suscriptores.

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Ya conocía la existencia de esta revista, pero por desgracia me ha sido imposible, hasta ahora, hacerme con ella. Deberían cuidar más la distribución nacional, porque la revista realmente lo merece

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Y esto que sucedía en 1996, sigue sin resolverse en el día de hoy. La escasez de suscriptores implica tiradas muy bajas que no siempre llegan a los kioscos y librerías. Las grandes distribuidoras no quieren trabajar con pequeñas tiradas por cuestiones meramente económicas. Para el director de la revista Turia, Raúl Carlos Maicas, los problemas de distribución es otra manera de hacer censura sobre estas publicaciones.

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Artistas plásticos

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Desde el momento de concepción de la revista estuvo presente la intención de primar las colaboraciones de artistas plásticos. Se encargó a doce de ellos que diseñasen un logotipo que sirviera de ilustración a cada sección con el fin de familiarizar al lector a través de la imagen con cada uno de los contenidos. Y, así, Santiago Arranz diseño el logo para Ensayo Literario; Sergio Abraín para Investigación; Salvador Victoria, EL autor y su obra; Philip West en Poesía; Santiago Lagunas, que ya había diseñado el árbol como imagen de cabecera, repitió de nuevo en Narrativa; Jorge Gay, en Recuperación; José Ignacio Mayayo se encargó de la sección de Antropología; Francisco Rallo, en Música; en la sección de Cine encontramos el nombre de Fernando Navarro; Pascual Blanco, para Arte; Alberto Carrera Blecua lo hizo para Bibliofilia; y, por último. Luis Marco realizó el de la última sección: Crónica Cultural. El interés de sus directores por la estética cuidó al detalle cada una de las secciones, la invitación continua a la participación de artistas relacionados con la Comunidad convierte a El Bosque en un referente para conocer de primera mano lo que se hacía en Aragón por aquellos años.

Pero llamar aragonesa a esta revista es hacer mención a su lugar de aparición. De su universalidad da fe la presencia en sus páginas de Saramago, Genet, Kurosawa, Nicanor Parra, Girri, Huidobro…

El último número del El Bosque aparece en marzo de 1996. Un cambio de partido de político en el gobierno de las instituciones aragonesas, los costes tan elevados en una publicación de calidad y el propio cansancio del equipo director pusieron fin a la revista, sin que desde entonces se haya hecho mención a ella más allá de la Gran Enciclopedia Aragonesa que le dedica unas líneas. La política y la crisis económica jugaron una mala pasada a la revista, pero otras como Turia y Rolde, en las mismas situaciones adversas a día de hoy, como hemos dichos, sobreviven y siguen gozando del favor de sus lectores y del apoyo de las instituciones. Quizá la explicación para la edición de El bosque esté en sus propios directores: Ramón Acín y Javier Barreiro en alguna ocasión han puesto de manifiesto que el cansancio y la dedicación a otros proyectos culturales quizá más agradecidos fueron determinantes para aceptar la decisión del nuevo equipo de Gobierno de la DPZ

Me gustaría terminar con un poema: Los perros románticos, pertenece al ahora archiconocido escritor Roberto Bolaño, pero cuando en 1994 aparece publicado en El Bosque, era un joven y desconocido poeta chileno que malvivía en España. La imagen que interpreta el poema es esta sugerente ilustración.

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Los perros románticos

 

En aquel tiempo yo tenía 20 años

y estaba loco.

Había perdido un país

pero había ganado un sueño.

Y si tenía ese sueño

lo demás no importaba.

ni trabajar, ni rezar,

ni estudiar en la madrugada

junto a los perros románticos.

Y el sueño vivía en el vacío de mi espíritu.

Una habitación de madera,

en penumbras,

en uno de los pulmones del trópico.

Y a veces me volvía dentro de mi

y visitaba el sueño: estatua eternizada

en pensamientos líquidos,

un gusano blanco retorciéndose en el amor.

Un amor desbocado.

un sueño dentro de otro sueño.

Y la pesadilla me decía: crecerás.

Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto

Y olvidarás.

Pero en aquel tiempo creer hubiera sido un crimen.

Estoy aquí, dije, con los perros románticos

y aquí me voy a quedar.

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La imagen que interpreta el poema es esta sugerente ilustración.

 

 

 

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