El cómic, santo y seña de tiempos modernos

Por Juan Royo Abenia

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Hay cómics de terror, de amor, de aventuras, de humor. Hay cómics satíricos, infantiles, tiernos, violentos, eróticos, pornográficos. Hay cómics bélicos, fantásticos, costumbristas, educativos, solidarios, sociales, históricos, biográficos.

Hay cómics de todos los tipos, tamaños, colores y formatos. Hay cómics en todos los idiomas. También en braille. Hay cómics seriados, hay cómics periódicos, hay cómics únicos, hay cómics que enlazan a otros cómics y que solo se entienden si se leen todos.

Hay cómics de autor, cómics de moda y cómics experimentales y hay fanzines. Hay cómics de superhéroes, cómic europeo y cómic asiático.

Y antes de todo hubo aleluyas. Las aleluyas son pinturas acompañadas por rimas alusivas al suceso en cuestión. En 1806 nuestro Francisco de Goya y Lucientes realizaría una serie de aleluyas. Relataba la captura del bandido Pedro “Maragato” Piñero por el fraile limosnero Pedro de Zaldivia. Estos 6 óleos sobre tablas de 29,2 por 38,5 centímetros cada uno se convierten en claro precedente del cómic. Dos siglos después Moratha y Diego Olmos publican sendos cómics sobre Goya (el primero en 2010 en formato digital y disponible en Android, iPhone y PC/Mac/linuxun y el segundo en 2011, en edición impresa para la desaparecida EDT).

El cómic, como las aleluyas, explica dibujando historias, sentimientos, recuerdos. El cómic bebe de muchas artes y tantas otras beben de él. Los vasos comunicantes cumplen su hipótesis de distribución y enriquecen a unas y otras ante nuevas aportaciones. Cuanto más creativa, innovadora y atractiva sea la fotografía, la ilustración, la moda, el cine o la poesía más fértil será el humus en el que se podrá desarrollar un cómic. Mapa de besos (Amargord, 2016) de Carrasco y Ángel Petisme aúna el alma de un poeta y cantautor con la de ilustrador en una mixtura de belleza inigualable que encierra dolor de amor y de terror. Sirve de exaltación de lo bonito y de denuncia de lo malvado. Es un espectáculo visual que trasciende al cómic.

Por eso sorprende ver en una estantería de una librería o de una biblioteca, como en un gueto, el apartado dedicado al cómic. Ordenado en todo caso por nombre de su autor (del dibujante, claro. El guionista se ve injustamente postergado a un injusto papel de secundario. Y no hablemos del colorista. O del entintador) o por su título. Aquí se mezclan cómics para infantes, con otros de tramas complejas y lenguajes groseros. Un batiburrillo que es difícil digerir y que provoca rechazo en el lector. En el niño que no entiende y en el adulto que se aburre. Y aquí nace la magnífica complejidad del cómic. El lector solo es capaz de lograr un disfrute total mediante la comprensión de la historia si, además de observar las viñetas, lee los textos. Su estructura formal reside en bocadillos, viñetas, onomatopeyas… El guión atractivo engancha y el dibujo hipnotiza. Los mensajes son evidentes y sencillos. Aquí reside su atractivo frente a su competencia (colaboradora necesaria) directa: la literatura. Términos complejos, sobre todo en las ciencias sociales (historia, economía, sociología, filosofía) pero también en ciencias naturales o matemáticas pueden ser introducidos mediante el cómic a modo de guión o resumen. Se trata de disciplinas (los textos sin imágenes frente al cómic. Lo mismo se podría aplicar del cine o la televisión. Incluso de los videojuegos) complementarias, nunca sustitutivas.

La figura de Cervantes, por ejemplo, se comprende mucho mejor al leer Tras los pasos del de la triste figura (Non stop, 2007) de Bruno Redondo. Lo mismo sucede con Anábasis (Autoedición, 2010), la obra de Jenofonte, historiador griego discípulo de Sócrates, sobre una expedición de Ciro el Joven. Se entiende mejor con el cómic del mismo título de Juan Espadas.

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Dilemas morales

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BullseyeLos grandes dilemas de la Humanidad también se retratan en el marco del colorido pop de los superhéroes del cómic, iconos populares de los tiempos modernos. Nietzsche, Platón o Kierkegaard se sentirían muy a gusto entre tanto tebeo. Si el Fin justificara los Medios… ¿Debería ejecutar Batman al Joker? Cada vez que el vigilante de Gotham City arresta a su némesis y lo encierra en el Asilo Arkham para Criminales Dementes, éste se escapa y vuelve a asesinar a inocentes. El dilema que plantea DC también es habitual en Marvel. Daredevil de Miller y Janson (Panini, 2016) se lo cuestiona tras encarcelar una y otra vez a Bullseye. Los villanos, Joker y Bullseye logran escudarse en los trastornos antisociales de sus personalidades carentes de compasión y de empatía que desencadenan sus conductas asesinas. Son narcisistas, fríos, calculadores, metódicos, arrogantes, susceptibles de sentirse heridos en su orgullo y crueles. Sus víctimas son cosificadas. No hace falta padecer alucinaciones para ello ya que son inmunes al sufrimiento ajeno cuando no les produce una suerte de macabro placer.

¿Son la venganza o la frustración la causa de sus maldades o tan solo los detonantes que activan su trastorno de personalidad? El orgullo exacerbado o la inexistencia de tolerancia a la frustración puede ser la válvula de escape de sus reacciones agresivas cuando sus deseos no pueden ser satisfechos. En los cómics, los mismos que critican la violencia con la que actúan los superhéroes, justifican los comportamientos de los villanos amparándose en diagnósticos psiquiátricos que, por otro lado, no hacen más que estigmatizar a todo aquel que padece una enfermedad mental.

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Un mundo de superhéroes

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¿Qué sucedería si el mundo real se viera poblado de superhéroes? ¿Aceptaríamos sin más a esta minoría, tan diferente al común de los mortales? Los mutantes han sido perseguidos por el Gobierno temerosos de que sus poderes puedan poner en peligro a la Humanidad. El miedo como argumento para el racismo. Si una persona adquiriese superpoderes ¿los utilizaría de forma altruista? ¿Sería solidario o comerciaría con ellos? ¿Qué haríamos si tuviéramos la cualidad de anticipar el peligro con una suerte de sentido arácnido? Prever la existencia de cualquier riesgo empresarial con la consecuente posibilidad de neutralizarlo no tendría precio ¿Y si gozáramos de una fuerza o agilidad sobrehumana? Las empresas de seguridad o clubs deportivos de élite se nos disputarían ¿O una inteligencia prodigiosa? No había campaña de marketing que se nos resistiera. Spiderman reúne todas estas cualidades. Sin embargo, utiliza sus poderes para beneficio de la sociedad. Con total altruismo y discreción. Por eso, Peter Parker lleva una máscara. No quiere elogios. Su conciencia es su única recompensa. De hecho son crónicos los problemas económicos de nuestro trepamuros favorito que padece tanto el cómo su adorable tía May. Pero ni aún en esas circunstancias se ve tentado a usar sus poderes en beneficio propio.

Tras el asesinato de su tío Ben, el narrador del número 15 de la revista Amazing Fantasy (Stan Lee, Steve Ditko, Jack Kirby, 1962) y que supuso la primera aparición de Spiderman, sentencia: “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Y es que Peter Parker es ante todo un buen ciudadano. Siempre actúa correctamente. A fuerza de hacer siempre lo correcto se ha convertido en el icono del ciudadano responsable (Spiderman: La Historia Jamás Contada, Julian M. Clemente, Panini, 2015).

Un libro clave para entender el universo superheroico y surepaso importancia en el imaginario colectivo es Les damos un repaso a los Superhéroes (Comunicación Social 2012) coordinado por Sara Robles. Su portada no puede ser más explícita: un superhéroe de cómic atado a una silla y apaleado, totalmente vulnerable y humano, como si sus poderes sobrehumanos hubieran desaparecido. Este libro, que surgió en el marco del Festival de Cine Fantástico de Málaga, FANCINE, tampoco se centra solo en la relación entre superhéroes de cómic y cine. Nueve profesores universitarios configuran otros tantos capítulos desde una perspectiva ecléctica y multidisciplinar: la mitología clásica, la psicología, con su doble perfil de ser humano (debilidades y sentimientos) y de divinidad (poderes sobrenaturales) o la genética (fruto de la herencia, las mutaciones o la ingeniería).

El libro repasa su estética, sus vestimentas y emblemas influidos por la moda, los gadgtes (las herramientas de los superhéroes) en muchos casos verosímiles y reales desde el punto de visto tecnológico así como la arquitectura de sus hogares y las ciudades. Y por supuesto, también la aportación del cine, con el nacimiento de superhéroes en la pantalla grande luego traspasados a las páginas del cómic, como el Vengador Tóxico, Darkman o Robocop.

En España. Adolfo de Moncada, el álter ego de El Guerrero del Antifaz, es nuestro héroe por excelencia. Siempre presto a luchar a favor del débil y del oprimido y a derrocar a cualquier tirano que se le pusiera por delante, ya fuera moro o cristiano. La serie de El Guerrero del Antifaz nació en los años cuarenta junto con otros grandes de la época como Roberto Alcázar y Pedrín de Eduardo Vañó. El Guerrero del Antifaz llegaría a tener unas ventas de 200.000 ejemplares lo que certifica que nuestro Guerrero como uno de los iconos más reconocibles del noveno arte a la altura de Mortadelo y Filemón de Ibáñez o El Capitán Trueno de Ambros y Víctor Mora.

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El Antifaz del Guerrero (Mariano Bayona y Diego Matos, Dolmen, 2012) es un libro repleto de recuerdos, de vivencias, de detalles, de curiosidades, de datos, de personajes y de nostalgia. Con profundo respeto y admiración por Adolfo de Moncada, Ana María, los hermanos Kir, Li Chin los autores del libro repasan la cronografía del Guerrero, en una obra indispensable para los amantes del cómic. Especialmente emotiva es la entrevista a Marisa Gago, una de las hijas del maestro, en la que describe al hombre bondadoso que era su padre y los conflictos que tuvo con Editorial Valenciana por la propiedad de su inmortal creación.

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Cómics que luchan por la discriminación o contra la violencia machista

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El cómic de denuncia se encuentra arraigado en el sector y reclama Portada_Skandalonsu lugar en el conjunto de la sociedad. Autores como Julie Maroh encuentran en el cómic el medio adecuado para expresar su visión de la sociedad. Así lo hace en Skandalon (Dibbuks, 2014) en el que la brutal, despiadada y sádica violación de una joven admiradora por parte de Tazane, líder un famoso grupo de música, será la metáfora de una sociedad que banaliza la violencia y la diferencia. El título (del griego, «piedra con la que se tropieza») sintetiza todo aquello que puede empujar a alguien a pecar. Mimetismo, desorden, deseo, conflicto y alienación se entremezclan en una sociedad que clama venganza por el ídolo caído a la vez que exige cabezas de turco para satisfacer su sed de justicia (¿O de venganza?).

Sepideh Jodeyri es una graduada en Ingeniería Química, poetisa, periodista y traductora iraní que tradujo al persa otra obra de Maroh: El azul es un color cálido (Dibbuks, 2014), una revisión de la homosexualidad desde los ojos de una adolescente que se enfrenta a los prejuicios del mundo y a los suyos propios. La traductora ha sido amenazada de muerte, linchada por los medios de comunicación y acosada por el gobierno de su país e incluida en una lista negra de autores que no pueden publicar en Irán. El cómic es un poderoso medio de transmitir ideas. Los atentados del semanario satírico francés Charlie Hebdo el 7 de enero de 2015 dan trágica cuenta de ello.

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