Carmen Bandrés Sánchez-Cruzat

Poemas de Carmen Bandrés

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Carmen Bandrés

 

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Aquella nieve

 

Esa nieve que flagela mi rostro

y entumece mis pies

camino de la Torre del Reloj

hacia el colegio de Santa Ana;

esa nieve, espontáneo tocado

que como inmaculado yelmo

corona la testa de Ramiro;

esa nieve enajenada por la pala

cuando deslinda calle y acera,

es nieve amiga, nieve amada

que irrumpe en mi soledad

para ahuyentar curtidos hastíos…

 

Esa nieve tenaz

en la cumbre de Oroel

junto a la Torre del Reloj

y el Colegio de Santa Ana,

esa,

esa nieve alegre y bullanguera,

es la nieve de mi infancia.

 

 ***

 

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El plagio

 

Cuánto falso amigo zanganea ávido

para catar goloso el pasto vecino.

Cuántos, listos a regir otros predios

y usurpar el fruto del trabajo ajeno;

cuántos, que no saben de respeto y

todo lo ignoran del trabajo honrado.

 

Cuánto parásito, invasor diligente

en señorear mesa y lecho foráneos

que no para mientes en exprimir el

sudor ajeno con burlona reverencia.

 

Cuánta mano vana y ociosa se alza

siniestra, sin recato ni vergüenza,

eternamente presta a suplantar

la del sincero y genuino creador.

 

Cuántos sin rostro

se miran al espejo y no ven sino vacío,

astutos zorros prestos al expolio, vigías

depredadores a quienes nada escapa.

 

***

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A Miguel Delibes

 

El dolor se clava en la piel

y las tinieblas zahieren el alma;

es una noche triste y exhausta

poblada de tinieblas

mientras tú, espíritu del amor,

yaces doliente en el lecho postrero.

Aquel lápiz azul, rosa, gris

con que plasmabas la vida entera

ha caído de tu mano yerta.

Es una noche lúgubre, azabache

que nunca tendrá su aurora,

pues toda la luz se mudó contigo.

Quisiste partir sin alboroto,

pero el murmullo devino en trueno

y, en su fragor, retumbó amargo.

Te fuiste, sí, dejándonos tu legado,

equipaje excelso que donas

trascrito en páginas de oro.

Adiós, Miguel;

volaste tras la estela celeste

de un lucero radiante y diáfano.

Aquí quedamos, pobres

infelices que hemos de aprender

a vivir, como nos mostraste,

del fulgor esperanzado

de una tea inflamada.

 

 

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