Carmen Bandrés Sánchez-Cruzat

Cómic

Autora: Carmen Bandrés Sánchez-Cruzat.

Es hermoso tornar a la infancia; cruzar de nuevo la puerta mágica que nos separa de un mundo en el que todo es posible, donde la aventura preside el devenir de cada instante y la lógica abrumadora de los adultos se desvanece, destronada por la creatividad en estado puro.
“Papa cómprame un tebeo; si no me lo compras, lloro y pataleo”, rezaba una letrilla infantil, hace ya algunas décadas, en reivindicación del derecho a escapar por unos minutos de los agobiantes códigos de conducta de los mayores; exigencia ineludible en el camino hacia una juiciosa madurez, que forzosamente habría de asumirse… muy pronto. Pero, entonces, aún no había llegado el momento, aún era tiempo de respirar aire sin contaminar y sumergirse en aquellas viñetas que hacían más soportables las horas interminables de una atmósfera inflexible.
Crecimos, sí, acompañados del Capitán Trueno y del Jabato, de Mortadelo y Filemón, y de sus peculiares colegas que nos escoltaron en el azaroso transitar hacia una turbulenta adolescencia. Llegamos así a esa etapa crucial, plena de vivencias trascendentales, en la que también estuvieron presentes las entrañables viñetas, que nos esperaban a la salida de clase y hacían más soportable el marco austero en el que intentaba florecer nuestro anhelo de libertad. El nuevo heraldo, La Codorniz, se presentó con una pretenciosa divisa: “la revista más audaz para el lector más inteligente” y muy pronto se  transfiguró en un santuario donde encontró acogida la protesta social que escrutaba nuevas vías de expresión en la vida pública, mientras que las agudas reflexiones de Mafalda nos fascinaban merced a su singular forma de contemplar el mundo. La inspirada fusión de texto e ilustraciones había alcanzado junto a nosotros el suficiente grado de  florecimiento como para aspirar al reconocimiento de pleno derecho como un nuevo y maravilloso canal de comunicación. Mingote, Herreros, Ibáñez y toda una legión de excepcionales dibujantes, a quienes rendí un personal homenaje en mi novela “Soles en el mar”, fueron los geniales intérpretes de la realidad cotidiana, aderezada con sugerentes matices.
Ha sucedido otras veces. Fue el caso del cine, por ejemplo: mecido en la cuna de lo trivial y de la displicencia, se elevó desde la mera anécdota hasta los laureles de “séptimo arte”. Hoy, los guiones de cine tienen la plena consideración de estrato literario, como ya la alcanzaron los de teatro en el Siglo de Oro. ¿Y los cómic? Las otrora sencillas viñetas suman un creciente protagonismo que excede en mucho de sus presupuestos iniciales y han invadido campos que les eran por completo ajenos. Así, su éxito se ve refrendado por propuestas tan significativas como la que recientemente ha llegado a mis manos: ayudar a estudiantes y docentes de la medicina a mejorar la comunicación con los pacientes o, desde otro enfoque, aleccionar al enfermo para enfrentarse con su dolencia y aliviar el peso de una mochila cargada de estragos merced al fomento de la empatía y de la solidaridad.
Hoy son múltiples los casos de aplicación directa donde los cómic desarrollan una importante labor social; algo menos habituales son los cómic con pretensiones que ansían abrirse un hueco en los anales de las artes. Pero quizá no sea esta una cuestión de ambición y cantidad, sino de calidad. Sin duda, la dimensión artística de los cómic y, en cuanto a textos, literaria, excede hoy en mucho de lo mínimamente exigible para conquistar un espacio al que han llegado por mérito propio ¿Resiste un guion de cómic la comparación con una novela? Claro, las comparaciones son siempre odiosas. Y, además, suelen carecer de sentido. Es la eterna lucha entre géneros mayores y menores… ¿de verdad importa el número de páginas? Un cómic cuenta una historia y, para conseguirlo, ha labrado su auténtico y genuino camino, una profunda y prometedora vereda que conecta fácilmente con el lector; esto es lo que de verdad importa. Más que cuestionar la realidad omnipresente del cómic, si en algo se ha de fundar una crítica positiva, es en elevar su nivel; si de una óptica exclusivamente literaria se tratare, perfeccionar el guion, su estructura y desarrollo; comentarios, diálogos… en fin, todo aquello que tiene algo que ver con la literatura en sí misma.
Sin lugar a dudas, el cómic es ya una esplendorosa realidad. Mirémosla sin prejuicios.

Autora: Carmen Bandrés Sánchez-Cruzat. Escritora y periodista.

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