Artículo

¿POR QUÉ ESCRIBIR?

EL INFINITO DON DE LA PALABRA

Autora: Clara Fuertes.

Escribir una historia tiene algo de viaje y aventura, de luna, de reencuentro con la palabra, de interior, de vida y sueño, de loco deseo, de realidad y absurdo, de panorámica, de exhibición, de melancolía y recuerdo, de desbordamiento. Tiene una cara salvaje. Y alma. Sí, la escritura también tiene un alma inmensa, un alma que no cabe en el pecho, un alma que desea, en ocasiones, poder ver la luz.
Esa es la definición de un taller de escritura, la luz.

Después llega el pensamiento organizado, la ayuda, las técnicas, la preparación. La mayoría de los talleres deberían de comenzar con dos preguntas, la primera es bien sencilla, es casi una ironía: ¿Por qué estás aquí?, y su respuesta debería acercar a la siguiente que es algo más compleja de responder: ¿Por qué quieres escribir?
Esta es, en realidad, la gran pregunta. La pregunta en mayúsculas. Ninguno de

los alumnos responde lo mismo, sería imposible, como agarrar el sol con las manos sin quemarse. Cada cual tiene su historia, un pedazo de vida por la que le gustaría comenzar, transitar, ser camino o fantasía, un mundo interior que busca salir a flote, navegar, ser narrador, dejarse oír, pero la mayoría no sabe cómo hacerlo, no tienen una brújula que les guíe, o si la tienen, se pierden con su aguja que solo sabe dar vueltas y marear. Hay alumnos que dudan, que se remueven inquietos en sus asientos cuando escuchan la gran pregunta, y callan.
Sí, callan y no porque no sepan qué es lo que quieren decir o escribir, sino

porque saben que si son sinceros delante de sus compañeros quedarán al descubierto y, una intimidad abierta, escrita sobre el papel, pronunciada en voz alta, deja de ser propia. Esos alumnos enamoran. Su misterio enamora, son pura ficción.
En los talleres se explican recetas, se pone en práctica ese mapa que es como

una  ruta  segura  para  llegar  hasta  el  tesoro,  imprescindibles  técnicas  narrativas,

recomendaciones, consejos, teorías, figuras. En los talleres se hacen ejercicios, se lee en voz alta, son los andamios de la escritura, el resto es estilo, entrenamiento, vocación y lo más importante, sentir la emoción y compartirla. Los talleres se hacen eco de la lectura, las clásicas, las más recientes, su mezcla, la obsesión por el descubrimiento, la exploración de las palabras, sus límites. Pero toda la teoría, todas esas armas necesarias y convenientes que se pueden enseñar, no significan nada si la escritura no es considerada como un arte de vivir. Un arte para vivir. Una necesidad vital. Es como esa piedra pesada lanzada sobre un agua mansa que de entrada se hunde ciega y un segundo después crece y libera su vida sobre el agua, formando círculos concéntricos inmensos alejados del centro, de su propio peso, del yo. Esa es la metáfora de lo teórico y la emoción. Ese es el misterio de nuestro oficio, transformar la conmoción en libertad, en aventura, en suspense, en cuerpo y alma. Caminar, creerse a pies juntillas lo que se está narrando, afrontar un texto desde la fe y el placer matemático de la incertidumbre de un hombre, de una mujer de letras, un lugar que hace frontera entre la realidad y el sueño onírico, un lugar que es como el interior de un armario oscuro donde, de pronto, uno se sorprende dentro a gusto.
Ese es el único objetivo de un taller de escritura, la gran respuesta a la pregunta

en mayúsculas, tener el deseo de hacer algo, tener el deseo de contar algo y… ¡hacerlo!,

¡lanzarse! El después, nadie lo sabe, quizá los alumnos tarden en descubrirlo, quizá lo tengan claro desde el primer minuto.
El peso de las palabras es así, impredecible.

A veces no dejan nada. Otras, sin embargo, dejan una huella imborrable, como la memoria hambrienta que bucea en el pasado, en el entorno, en el hoy, incluso en el futuro que no se ha vivido todavía. A veces dejan gestos, rutina, el placer diario de lo manuscrito, el oficio del escritor, una llamada que es capaz de transformar una pasión enorme en letra menuda, el tiempo en nada, el amor en el infinito don de la palabra.

Autora: Clara Fuertes
Escritora, profesora y orientadora.
Graduada en Administración de Empresas y Diplomada en Ciencias Económicas, y Empresariales. CAP-Formación y Orientación Académica Profesional.
Autora de novelas y cuentos (juvenil e infantil).
Dirige talleres de escritura creativa para todas las edades e introducción a la novela.
Realiza Masterclass sobre creación literaria (prosa y poesía) y cuentacuentos.
OBRA PUBLICADA: Agua de Limón,Otoño desde mi ventana, Álbumes ilustrados en verso, La gotita Pilar, Mi pequeño arbolillo, Orejotas, Háblale… A quien comprenda tus palabras.
Antologías y primeros premios:
Microrrelatos sobre la Violencia contra las mujeres,Valores para la libertad, La pandilla Maravilla.

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