Aleksandr Ivánovich Vvedenski Revista Imán número 20

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

UNA CIERTA CANTIDAD DE CONVERSACIONES
(o la despensa completamente renovada)

1. CONVERSACIÓN SOBRE LA CASA DE LOCOS

Tres personas iban en una carreta. Intercambiaban sus pensamientos.

PRIMERO. Yo conozco la casa de los locos. He visto la casa de los locos.
SEGUNDO. ¿Qué dices? Yo no sé nada de eso. ¿Qué aspecto tiene la casa de los locos?
TERCERO. ¿Tiene aspecto? Quien ha visto la casa de los locos.
PRIMERO. ¿Qué hay en su interior? Quien vive en ella.
SEGUNDO. Pájaros no hay. Hay un reloj.
TERCERO. Yo conozco la casa de los locos, ahí viven los locos.
PRIMERO. Eso me alegra. Me alegra mucho. ¡Hola, casa de los locos!
DIRECTOR DE LA CASA DE LOS LOCOS (mirando a través de una ventanilla decrépita, como en un espejo). Hola, queridos amigos. Acuéstense.

La carreta se detiene cerca del portal. Las bagatelas miran por debajo de la valla. La tarde pasa. No se produce ningún cambio. Respetad la pobreza de la lengua. Respetad los pensamientos pobres.

PRIMERO. Así es como es la casa de los locos. Hola, casa de los locos.
SEGUNDO. Yo ya sabía que era exactamente así.
TERCERO. Yo no lo sabía. No sabía su exactitud.
PRIMERO. Caminemos un poco. Por aquí todos andan.
SEGUNDO. Aquí no hay pájaros. ¿Hay pájaros?
TERCERO. Cada vez quedamos menos y cada vez queda menos tiempo.
PRIMERO. Escribid sin faltas. Escribid aburrido. Escribid lluvioso. Escribid sonoro.
SEGUNDO. Muy bien, así lo haremos.

La puerta se abre. Sale el doctor con sus ayudantes. Todos tiemblan. Respetad las consideraciones de lugar. Respetad lo que ocurre. Pero no ocurre nada. Respetad la pobreza de la lengua. Respetad los pensamientos pobres.

PRIMERO (habla con versos rusos)
Entrad en la casa de los locos
Queridos amigos, mis príncipes,
Ella nos espera con alegría.
Nosotros nos esperamos con alegría.
Encendemos aquí una linterna,
La linterna pende como una reina.
Los zorros corren
Y emiten chillidos agudos.
Todo esto dura poco tiempo
Y las flores a nuestro alrededor crepitan.
SEGUNDO. He escuchado estos versos hasta el final. Terminaron hace mucho.
TERCERO. Cada vez quedamos menos y cada vez queda menos tiempo.
DIRECTOR DE LA CASA DE LOS LOCOS (abriendo su ventanilla decrépita como una claraboya). Pasad, queridos amigos, acostaos.

Tres personas en una carreta. Intercambiaban sus pensamientos.

2. CONVERSACIÓN SOBRE LA AUSENCIA DE POESÍA

Había doce personas en una habitación. Había veinte personas en una habitación. Había cuarenta personas en una habitación. En la sala tenía lugar un concierto. El cantante cantaba:

¿Es posible, oh poetas,
Que todas vuestras canciones hayan sido cantadas,
Y que todos los cantantes yazgan en sus ataúdes
Como avaros impasibles?

El cantante hizo una pausa. Apareció un sofá. El cantante continuó.

El árbol permanece en silencio,
La noche fluye deshonrada,
El sol silencioso como la ciencia
Cuece los matorrales grises.

El cantante hizo una pausa. El sofá desapareció. El cantante continuó.

Las nubes excelsas recorren el cielo.
Los caballos corren con sabiduría.
Pero por ninguna parte se escuchan poemas,
Todo está silencioso y oscuro.

El cantante hizo una pausa. El sofá apareció. El cantante continuó.

Verdaderamente han muerto los poetas,
Los músicos y los cantantes.
Sus cuerpos sin duda duermen
Impasibles como avaros.

El cantante hizo una pausa. El sofá desapareció. El cantante continuó.

Oh, contemplad la naturaleza

Aquí todos se acercaron a las ventanas y se pusieron a mirar un paisaje banal.

Y los bosques silenciosos

Todos comenzaron a mirar a los bosques que no emitían ni un sonido.

Los cantos de los pájaros
Se han vuelto odiosos para la gente

Por todas partes la gente escupe al escuchar el canto de los pájaros.
El cantante hizo una pausa. El sofá apareció. El cantante continuó.

Otoño. Las hojas caen escarlatas
Y cubren las tumbas de los poetas.
Silencio. Una neblina nocturna
Se ha asentado sobre las colinas.

El cantante hizo una pausa. El sofá desapareció. El cantante continuó.

Los poetas dormidos se levantaron,
Dijeron, sí tienes razón,
En nuestras tumbas yacemos incorregibles
Bajo una mortaja de hierbas amarillentas.

El cantante hizo una pausa. El sofá apareció. El cantante continuó.

La música suena en la tierra
Los gusanos cantan versos
Los ríos repiten las rimas
Las bestias beben los sonidos de los himnos.

El cantante hizo una pausa. El sofá desapareció. El cantante murió. Lo cual debía servir como prueba.

3. CONVERSACIÓN SOBRE EL RECUERDO DE LOS ACONTECIMIENTOS

PRIMERO. Recordemos el comienzo de nuestra discusión. Yo he dicho que ayer estuve en tu casa, y tú has dicho que ayer no estuve en tu casa. Como prueba de esto, yo he dicho que ayer hablé contigo, y tú, como prueba de esto, has dicho que ayer no hablé contigo.

Cada uno de ellos acariciaba con aspecto solemne su gato. Afuera estaba la tarde. Sobre la ventana ardía una vela. Sonaba la música.

PRIMERO. Entonces yo he dicho: ¿Cómo puede ser que no recuerdes que tú estabas sentado aquí, en el lugar A, y yo estaba de pie aquí, en el lugar B? Y entonces tú has dicho: De ninguna manera, yo no estaba sentado aquí en el lugar A, y tú no estabas de pie aquí en el lugar B. Para aumentar la fuerza de mi demostración, y para conseguir hacerla muy, muy poderosa, sentí a la vez pena, alegría y llanto y dije: Estábamos los dos aquí, ayer a la misma hora, en estos dos puntos cercanos, el punto A y el punto B, ¿cómo puede ser que no lo recuerdes?

Estaban los dos encerrados en la habitación. Un trineo avanzaba.

PRIMERO. Pero a ti también te ha dominado un sentimiento de cólera, de furor y de amor por la verdad, y me has dado esta respuesta: Tú eras tú y yo era yo. Tú no me viste y yo no te vi a ti. Y sobre los malditos puntos tuyos de A y B no pienso ni comenzar a hablar.

Había dos personas en una habitación. Conversaban.

PRIMERO. Entonces yo he dicho: Sobre este armario un mozo de cuadra iba y venía silbando, y en esta cómoda alborotaba con sus cumbres magníficas un poderoso bosque de flores, y bajo la mesa había una fuente susurrante, y bajo la cama un amplio castillo. Esto es lo que he dicho. Y entonces tú me has contestado riendo: Recuerdo bien el mozo de cuadra, el poderoso bosque de flores, la fuente susurrante y el amplio palacio, pero ya es imposible saber dónde están. Del resto de cosas podíamos estar casi seguros. Pero de todas maneras no era cierto.

Había dos personas en una habitación. Recordaban. Conversaban.

SEGUNDO. Después fue la mitad de nuestra discusión. Tú dijiste: ¿Pero puedes al menos imaginarte que yo estuve ayer en tu casa? Yo dije: No lo sé. A lo mejor puedo, pero tú no estuviste. Entonces tú dijiste, por un momento con la expresión del rostro completamente demudada: ¿Cómo es posible? ¿Cómo es posible? Yo esto puedo imaginarlo. No digo nada ahora de si estuve o no estuve, digo que puedo imaginarlo. Ahora mismo lo veo con claridad. Entro en la habitación y te veo, estás sentado aquí o allá y en torno tuyo aparecen como testigos de todo esto que ocurre los cuadros, las estatuas y la música.

Había dos personas sentadas en una habitación. En la mesa ardía una vela.

SEGUNDO. Me has contado todo esto de manera muy, muy convincente, contesté yo, pero por un momento me he olvidado de que estabas, y mis testigos no hacen más que guardar silencio. Es posible que precisamente por esto sea incapaz de imaginar nada. Empiezo a dudar incluso en la existencia de tales testigos. Entonces tu dijiste que comenzabas a sentir la muerte de tus sensaciones, pero a pesar de todo, a pesar de todo (y ya con voz muy débil), te parece que estuviste ayer en mi casa. Y yo también en voz baja dije que a pesar de todo me parece que es como si no hubieses estado. Pero de todas maneras no era cierto.

Tres personas estaban sentadas encerradas en una habitación. Afuera estaba la tarde. Sonaba la música. Una vela ardía.

TERCERO. Recordemos el final de vuestra conversación. Ninguno de los dos dijo nada. Todo estaba así. La verdad como una numeración se paseaba junto a vosotros. ¿En qué se podía confiar? La discusión terminó. Yo me sorprendí improbablemente.

Los dos acariciaban a su gato con aspecto solemne. Afuera estaba la tarde. En la ventana ardía una vela. La música sonaba. La puerta estaba firmemente cerrada.

4. CONVERSACIÓN SOBRE LAS CARTAS

¿Qué tal si jugamos a las cartas?, chilló el PRIMERO.

Era por la mañana temprano. Era por la mañana lo más temprano que se puede. Eran las cuatro de la madrugada. No estaban aquí todos los que habrían podido estar, y aquellos que no estaban se encontraban acostados en sus camas devorados por terribles enfermedades y sus familias abrumadas les rodeaban sollozando y abrazándoles. Eran personas. Eran mortales. Qué se le va a hacer. Si echas un vistazo alrededor, verás que con nosotros también ocurrirá lo mismo.

Venga, juguemos a las cartas, gritó a pesar de todo en esa tarde el SEGUNDO.
A mí me encanta jugar a las cartas, dijo SANDONIETSKI, o el TERCERO.
Jugar a las cartas alegra el espíritu, dijo el PRIMERO.
¿Dónde están nuestros amigos, ese que es una mujer y el otro que es una muchacha?, dijo el SEGUNDO.
Oh, mejor no preguntes, están muriendo, dijo el TERCERO o SANDONIETSKI. Vamos a jugar a las cartas.
Las cartas son una buena cosa, dijo el PRIMERO.
A mí me gusta mucho jugar a las cartas, dijo el SEGUNDO.
A mí me alteran un poco. Me vuelvo una persona distinta cuando juego a las cartas, dijo SANDONIETSKI, el que es el TERCERO.
Sí, pero cuando mueras, ya no podrás jugar a las cartas, dijo el PRIMERO. Así que vamos a jugar a las cartas ahora.
A qué vienen unos pensamientos tan lúgubres, dijo el SEGUNDO. A mí me gusta jugar a las cartas.
Yo también soy una persona alegre, dijo el TERCERO. A mí también me gusta jugar.
A mí me gusta hasta tal punto, dijo el PRIMERO, que estoy dispuesto a jugar a las cartas todo el tiempo.
Se puede jugar en la mesa. Se puede jugar en el suelo, dijo el SEGUNDO. Yo propongo que juguemos a las cartas.
Yo soy capaz de jugar a las cartas hasta en el techo, dijo SANDIONETSKI.
Yo soy capaz de jugar a las cartas hasta en un vaso, dijo el PRIMERO.
Yo incluso debajo de la cama, dijo el SEGUNDO.
Bueno, es tu turno, dijo el TERCERO. Comienza. Haz una tirada. Muestra tus cartas. Juguemos a las cartas.
Yo puedo empezar, dijo el PRIMERO. Ya he tirado.
¿Veis?, dijo el SEGUNDO. Ahora ya no pienso en nada. Soy un jugador.
Lo puedo decir sin vanagloriarme, dijo SANDONIETSKI. Soy un jugador.
Muy bien, dijo el PRIMERO. Los jugadores se han reunido. Juguemos a las cartas.
Si lo entiendo correctamente, dijo el SEGUNDO, a mí y al resto de nosotros se nos propone jugar a las cartas. A esto yo contesto: estoy de acuerdo.
Tengo la impresión de que a mí también me lo proponen, dijo el TERCERO. Y contesto que estoy de acuerdo.
En mi opinión la propuesta también se refiere a mí, dijo el PRIMERO. Y contesto que estoy de acuerdo.
Veo que parece como si nos hubiésemos vuelto locos, dijo el SEGUNDO. Vamos a jugar a las cartas. Por qué nos quedamos así sin hacer nada.
Sí, dijo SANDONIETSKI, en lo que a mí se refiere, las cartas me vuelven loco. Yo sin cartas no voy a ninguna parte.
Sí, dijo el PRIMERO, a mí también me pasa lo mismo. Ahí donde están las cartas, estoy yo.
A mí las cartas me vuelven completamente loco, dijo el SEGUNDO. Si jugamos, jugamos.
Mirad, hemos engañado a la noche, dijo el TERCERO. Ya es de día. Marchémonos a casa,
Sí, dijo el PRIMERO. Es un hecho científico.
Por supuesto, dijo el SEGUNDO. Es un hecho científico.
No hay ninguna duda, dijo el TERCERO. Es un hecho científico.

Todos se echaron a reir y se marcharon cada uno a su casa.

5. CONVERSACIÓN SOBRE LA CARRERA EN LA HABITACIÓN

Tres personas corrían por la habitación. Conversaban. Se movían.

PRIMERO. La habitación no va a ninguna parte, y yo en cambio sí corro.
SEGUNDO. Alrededor de las estatuas, alrededor de las estatuas, alrededor de las estatuas.
TERCERO. Aquí no hay estatuas. Mira, nada de estatuas por aquí.
PRIMERO. Mira, nada de estatuas.
SEGUNDO. Tenemos el consuelo de tener un alma. Miradme correr.
TERCERO. La mesa es un fugitivo, la silla es un fugitivo, y las paredes son fugitivas.
PRIMERO. Me parece que en eso te equivocas. Nosotros somos los únicos que huimos.

Tres personas estaban sentadas en un jardin. Conversaban. Los pájaros colgaban por encima de ellos en el aire. Tres personas estaban sentadas en un jardín verde.

SEGUNDO.
Qué bien se está sentado en el jardín
Sonriendo a las estrellas
Y calculando mentalmente
Quién de nosotros morirá este invierno.

Y mientras escuchamos el sonido de las aves,
El rumor de los rostros humanos,
El sollozo de las bestias,
Nos echamos a correr a modo de despedida.

Tres personas estaban de pie en la cima de una montaña. Conversaban en verso. No había ni tiempo ni lugar para exageraciones.

TERCERO.
Es magnífico estar en la cumbre de la montaña,
Y pensar en la corteza de la tierra,
Que aunque sea negra y rugosa,
Tiene un terrible poder.

Aquí hay un aire antiguo y gris.
Te saludo, aire amigo,
Abrazo las alturas,
Veo a Dios ahí a una versta.

Tres personas estaban a la orilla del mar. Conversaban. Las olas los escuchaban en la lejanía.

PRIMERO.
Una vez estuve frente a la mar
Pensaba en sus abismos
Y me preguntaba por qué
Suenan como un aria de Puccini.
Y comprendí que el mar es un jardín
Que con sus olas musicales
Nos llama a volver atrás
A correr por la habitación con los sueños.

Tres personas corrían por la habitación. Conversaban. Se movían. Miraban alrededor.

SEGUNDO. Todo aquí continúa como antes. Nada se ha marchado a otro lugar.
TERCERO. Solo nosotros huimos. Ahora mismo voy a sacar mi arma. Voy a actuar sobre mí mismo.
PRIMERO. ¡Qué divertido! ¿Vas a dispararte o a ahogarte o a colgarte?
SEGUNDO. No es en absoluto gracioso. Corro para morir antes.
TERCERO. Qué tipo extraño. Corre alrededor de las estatuas.
PRIMERO. Si llamas estatuas a todos los objetos, entonces sí.
SEGUNDO. Yo llamaría estatuas a las estrellas y a las nubes inmóviles. En lo que me concierne, así es como las llamaría.
TERCERO. Yo escapo hacia Dios. Soy un refugiado.
SEGUNDO. Ahora sé que me he matado.

Tres personas salieron de la habitación y subieron al tejado de la casa. No se entiende bien para qué.

6. CONVERSACIÓN SOBRE LA CONTINUACIÓN INMEDIATA

Tres personas estaban sentadas en el tejado con los brazos cruzados, en completa paz. Sobre ellos volaban los gorriones.

PRIMERO. Entonces mira, tomo una cuerda. Es resistente. Está ya enjabonada.
SEGUNDO. Qué puedo añadir a esto. Yo tengo mi pistola. Está ya enjabonada.
TERCERO. Mirad el río. En la capa de hielo hay un agujero. Está ya enjabonado.
PRIMERO. Todo el mundo puede ver que me dispongo a hacer aquello que ya tengo pensado.
SEGUNDO. Me despido de mis hijos, de mis esposas, de mis madres, de mis padres, de mis océanos, de mi aire.
TERCERO. Agua cruel, ¿qué podría susurrarte al oído? Solo pienso en una cosa: tú y yo pronto nos encontraremos.

Estaban sentados en el tejado en completa paz. Sobre ellos volaban los gorriones.

PRIMERO. Me acerco a la pared y escojo un lugar. Aquí se puede afianzar el gancho.
SEGUNDO. El agujero del fusil me ha mirado y he sentido el soplo de la muerte.
TERCERO. Mucho tiempo me has esperado, río congelado. Todavía un poco más, ya me acerco.
PRIMERO. Aire, deja que te estreche la mano como despedida.
SEGUNDO. Un poco más y me convertiré en frigorífico.
TERCERO. En cuanto a mí, me convertiré en submarino.

Estaban sentados en el tejado en completa paz. Sobre ellos volaban los gorriones.

PRIMERO. Estoy sentado sobre un taburete como una vela.
SEGUNDO. Yo estoy sentado en una mesa. La pistola reposa en la mano loca.
TERCERO. Los árboles nevados y los árboles cubiertos de hojas guardan la distancia respecto de ese agujero en el hielo. Yo llevo mi abrigo de pieles y mi gorro como Pushkin. Estoy de pie frente a este agujero, y soy un hombre que se termina.
PRIMERO. Lo sé todo. Me coloco la cuerda alrededor del cuello.
SEGUNDO. Sí, todo está claro. Me pongo el cañón de la pistola en la boca. No siento miedo.
TERCERO. Reculo algunos pasos, cojo impulso y corro.

Estaban sentados sobre el tejado en completa paz. Sobre ellos volaban los gorriones.

PRIMERO. Salto del taburete con la cuerda en el cuello.
SEGUNDO. Aprieto el gatillo. La bala me atraviesa.
TERCERO. Salto al agua. El agua está en mí.
PRIMERO. El nudo se tensa. Me asfixio.
SEGUNDO. La bala me alcanza. Lo he perdido todo.
TERCERO. El agua me desborda. Me ahogo.

Estaban sentados en el tejado en completa paz. Sobre ellos volaban los gorriones.

PRIMERO. He muerto.
SEGUNDO. He muerto.
TERCERO. He muerto.
PRIMERO. He muerto.
SEGUNDO. He muerto.
TERCERO. He muerto.

Estaban sentados en el tejado en completa paz. Sobre ellos volaban los gorriones.
Estaban sentados en el tejado en completa paz. Sobre ellos volaban los gorriones.
Estaban sentados en el tejado en completa paz. Sobre ellos volaban los gorriones.

7. CONVERSACIÓN SOBRE DIVERSOS ACTOS

Un pensamiento aclaratorio. Parecería que ahora no tiene ningún sentido continuar, es decir, no tiene sentido continuar después de que todos han muerto. Esto es algo que todos entienden. Sin embargo, no se debe olvidar que no son tres personas las que actúan. No son ellos los que van en carreta, los que discuten, los que están sentados en el tejado. Podrían ser tres leones, tres tapires, tres cigüeñas, tres letras, tres números. Qué nos importa a nosotros su muerte y qué les importa a ellos.
Pero a pesar de todo iban tres personas en una barca, a cada minuto y a cada segundo intercambiaban sus remos con una velocidad tan sorprendente que prácticamente era imposible ver sus manos admirables.

PRIMERO.
Ha soplado.
SEGUNDO.
Ha escupido.
TERCERO.
Se ha apagado.
PRIMERO.
Enciende.
SEGUNDO.
Una vela.
TERCERO.
Otra vez.
PRIMERO.
No se puede.
SEGUNDO.
La vela otra vez.
TERCERO.
Se apaga.

Comienzan a pelearse dándose martillazos uno a otro en la cabeza.

PRIMERO.
Si solo cerillas.
SEGUNDO.
Si tuviésemos.
TERCERO.
Ayudarían.
PRIMERO.
Apenas.
SEGUNDO.
Eso es demasiado.
TERCERO.
Todo se ha apagado.

Beben ácido descansando sobre los remos. Verdaderamente alrededor reina la oscuridad completa.

PRIMERO.
Enciende de una vez.
SEGUNDO.
Eso, enciende ya, enciende de una vez.
TERCERO.
Igualito que en París.
PRIMERO.
Es que esto no es China.
SEGUNDO.
Acaso viajamos.
TERCERO.
Hacia el lejano Leteo.
PRIMERO.
Sin oro ni cobre.
SEGUNDO.
Llegaremos hasta el verano.
TERCERO.
Corta.
PRIMERO.
Corre.
SEGUNDO.
No se ve nada.
TERCERO.
Si está muerto, entonces.
PRIMERO.
No para <…>
SEGUNDO.
Si está borrado, entonces.
TERCERO.
No busques.

Así iban los tres en la barca, intercambiando sus pensamientos, y los remos centelleaban como disparos en sus manos.

8. CONVERSACIÓN DE LOS MERCADERES CON EL EMPLEADO DE LOS BAÑOS

Dos mercaderes paseaban por una piscina en la que no había agua. Pero el empleado de los baños se encontraba sentado bajo el techo.

DOS MERCADERES (con la cabeza inclinada como bueyes). En la piscina no hay agua. En estas condiciones me es imposible bañarme.
EMPLEADO DE LOS BAÑOS.
Mi costumbre es siempre la misma:
Me siento como una lechuza bajo el techo,
Y el humo de los vestidores
Como un aire bovino
Planea por encima de caldera.
Soy una neblina confusa,
Una oscuridad de extracciones.
Seguramente me convertiré en entero.
Brillan las estufas,
Las velas se marchitan,
El fuego arde sin piedad.
Entre los catres húmedos,
Los hombros amarillean.
Se preparan las grasas
De un nuevo y riguroso combate
Aquí buscan las varas de abedul,
<…> del dinero,
Aquí el pescador se volvió codicioso.
En la oscuridad corren,
Gritan, silban
El padre, el caballero y el nadador.
Y el humo oscila como un mendigo,
En la estancia tenebrosa e impía,
Donde del rostro de todos los canallas,
Cae una nube de cadáveres
DOS MERCADERES (levantando la cabeza como enmudecidos). Vayamos a la sección de las mujeres. Aquí es imposible bañarse.
EMPLEADO DE LOS BAÑOS (sentado bajo el techo, como una bañista).
Las diosas
Entran en nuestra sección
Y el cielo se congela desde lejos.
Como alas arrojan sus abrigos de piel,
Con rapidez se desprenden de sus faldas,
Y desnudas como bebés
Sostienen en sus cuellos a recién nacidos.
Entonces el jabón danza como Liudmila
La esponja hace cabriolas como una paloma
Y la brillante nieve de sus ojos,
Y la corriente de sus palabras
Y el perfil de las noches
Y la quemazón de las estufas
Es más terrible que el deseo de las velas.
Aquí estoy yo sentado y detesto
Estos brebajes innumerables
Que salen de los grifos abiertos
Y fluyen por los cuerpos tensados
Donde los ombligos tienen el aspecto de tiranos.
Soy el empleado de los baños pero yo también he sudado.
Nosotras las bañistasen estos días languidecemos,
Para nosotras el mundo es triste y ha perdido su frescor.
Miro los ganchos bien firmes.
Tenemos armas. Cortamos los nudos.
Que se bañen si quieren las hermosas,
Me es indiferente, no me seducen en absoluto.
DOS COMERCIANTES (Miran la bañera como si mirasen las olas).
Debe ser un empleado de baños asexuado.

Entra Elizabeta. Se desnuda con el objetivo de comenzar a bañarse. Los dos comerciantes la miran como sombras.

DOS COMERCIANTES. Mira. Mira. Tiene alas.
DOS COMERCIANTES. Sí claro, tiene miles de pequeñas alas.

Elizabeta, sin percatarse de la presencia de los comerciantes, termina de bañarse, se viste y de nuevo sale de los baños. Entra Olga. Se desviste con la intención evidente de tomar un baño. Los dos comerciantes la miran como en un espejo.

DOS COMERCIANTES. Mira, mira como he cambiado.
DOS COMERCIANTES. Sí, sí. Estoy completamente irreconocible.

Olga advierte a los dos comerciantes y oculta su desnudez con sus dedos.

OLGA. Acaso no os da vergüenza, comerciantes, mirarme de esa manera.
DOS COMERCIANTES. Queríamos bañarnos, y en la sección de hombres no hay agua.
OLGA. En qué pensáis ahora.
DOS COMERCIANTES. Pensábamos que eras un espejo. Pero nos hemos equivocado. Te pedimos disculpas.
OLGA. Soy una mujer, comerciantes, soy pudorosa, no puedo permanecer así desnuda ante vosotros.
DOS COMERCIANTES. Estás conformada de una manera muy extraña. Casi no te pareces a nosotros. Tu pecho es distinto, y también entre tus piernas tienes una diferencia sustancial.
OLGA. Habláis de una manera muy extraña, o nunca habéis visto a una hermosa mujer. Yo soy muy bella, comerciantes.
DOS COMERCIANTES. Te bañas, Olga.
OLGA. Me baño.
DOS COMERCIANTES. Báñate, báñate.

Olga termina de bañarse. Se viste y de nuevo sale de los baños. Entra Zoé. Se desviste, es decir que quiere bañarse. Los dos comerciantes nadan y vagabundean por la piscina.

ZOÉ. Comerciantes, ¿Sois hombres?
DOS COMERCIANTES. Somos hombres. Nos bañamos.
ZOÉ. Comerciantes, ¿dónde estamos? ¿A qué estamos jugando?
DOS COMERCIANTES. Estamos en los baños. Nos lavamos.
ZOÉ. Comerciantes, voy a nadar y bañarme. Voy a tocar la flauta.
DOS COMERCIANTES. Nada. Báñate. Toca la flauta.
ZOÉ. A lo mejor esto es el infierno.

Zoé termina de nadar, de bañarse, de tocar la flauta. Se viste y de nuevo sale de los baños. El empleado de los baños, el mismo que es la bañista, baja del techo.

EMPLEADO DE BAÑOS. Os habéis burlado de mí, comerciantes.
DOS COMERCIANTES. ¿Cómo?
EMPLEADO DE BAÑOS. Porque habéis venido con vuestros gorros.
DOS COMERCIANTES. Y qué pasa con eso. No lo hemos hecho a propósito.
EMPLEADO DE BAÑOS. Resulta que sois predadores.
DOS COMERCIANTES. ¿Qué somos?
EMPLEADO DE BAÑOS. Leones o tapires o cigüeñas. O quizá incluso azores.
DOS COMERCIANTES. Eres un empleado de baños perspicaz.
EMPLEADO DE BAÑOS. Soy perspicaz.
DOS COMERCIANTES. Un empleado de baños perspicaz.
EMPLEADO DE BAÑOS. Soy perspicaz.

9. PENÚLTIMA CONVERSACIÓN CON EL TÍTULO DE UN HOMBRE Y LA GUERRA

Ambiente austero. Ambiente de guerra. Ambiente de batalla. Casi de ataque o de combate.

PRIMERO. Soy un hombre y la tierra.
SEGUNDO. Soy un hombre y el acantilado.
TERCERO. Soy un hombre y la guerra. Y diré todavía algo más. He compuesto versos sobre el año mil novecientos catorce.
PRIMERO. Leeré sin ningún tipo de preámbulos.
SEGUNDO.
Los alemanes saquean la tierra rusa.
Yo estoy acostado
Y escucho
El pillaje.
Vergüenza a los alemanes, vergüenza a Kant.
Cada granadero,
Se vengará de nosotros.
Y el gran príncipe K. R.
Alaba a Dios.
Observando
Las cosas que hacen los alemanes,
Me he inflado
Como una estrella.
Bajo la mirada de los concejales y los abogados
Sin ventiladores
He caído
Del nido.
TERCERO. Haz una pausa. Hace falta pensar.
PRIMERO. Sentémonos en una piedra. Escuchemos los disparos.
SEGUNDO. Por todas partes, por todas partes los poemas se desmoronan como árboles.
TERCERO. Continúo.
PRIMERO.
Qué es esto,
Soy incapaz de comprender
Qué ha ocurrido.
La emperatriz rezaba
Por el perfume de los alhelíes
Por las coronas trenzadas
Por las cruces
Por los sepulcros
Arrancándose las hojas
De los innumerables enfermos rusos.
SEGUNDO. Es posible que hayamos llegado a la fosa común.
TERCERO. Aquí reposan sus restos.
PRIMERO. Suenan disparos. Atronan los cañones.
SEGUNDO. Continúo.
TERCERO.
Luchando en terribles
Combates
Todavía inolvidados
He visto las imágenes
De los miserables
Cadáveres asesinados.
Todavía
Comían confituras.
Desde entonces
Sus lechos son un bombardeo.
Pero haciendo tintinear
Con un sable
Con un pájaro
Brillando
Una camisa ensangrentada,
Pero inflamándose
Los ojos asesinados
Como nubes
Como caballos corrían las noches.
PRIMERO. Una descripción exacta.
SEGUNDO. Escuchad el canto o el discurso de los disparos.
TERCERO. Has aportado una completa claridad.
PRIMERO. Continúo.
SEGUNDO.
Eres la bella y buena guerra,
Para mí son dulces las mejillas del vino,
Los ojos del vino y los labios,
Y los dientes blancos del vodka.
Tres años duró la devastación,
Gritos, fusilamientos, bombardeos,
Bayonetas, flores, tiroteos,
Bombardeos, devastación, tumbas.
TERCERO. Sí, es verdad, entonces había guerra.
PRIMERO. Ese año los húsares iban muy gallardamente vestidos.
SEGUNTO. Los ulanos mejor.
TERCERO. Los granaderos iban muy gallardamente vestidos
PRIMERO. No, los dragones mejor.
SEGUNDO. De ese año no ha quedado ni una migaja.
TERCERO. Los disparos se despiertan. Bostezan.
PRIMERO (Mirando por una ventana con la forma de la letra A). Por ninguna parte veo ninguna inscripción que se pueda poner en relación con nada que se parezca ni remotamente a un concepto.
SEGUNDO. Qué tiene de sorprendente. No somos maestros de escuela.
TERCERO. Mirad los comerciantes. No les podríamos preguntar alguna cosa.
PRIMERO. Pregunta, pregunta.
SEGUNDO. De dónde venís, comerciantes.
TERCERO. Me equivoqué. No están los comerciantes. No se les ve.
PRIMERO. Continúo.
SEGUNDO. Por qué llega el final, cuando nosotros no lo queremos.

El ambiente era austero. Ambiente de guerra. Parecido a una batalla.

10. ÚLTIMA CONVERSACIÓN

PRIMERO. Salí de casa y me marché lejos.
SEGUNDO. Es evidente que tomé por la carretera.
TERCERO. La carretera, la carretera, estaba bordeada.
PRIMERO. Estaba bordeada de robles.
SEGUNDO. De robles cuyas hojas murmuraban al viento.
TERCERO. Me senté bajo las hojas y me quedé pensativo.
PRIMERO. Pensé sobre esto.
SEGUNDO. Sobre mi existencia convencionalmente sólida.
TERCERO. No entendía nada.
PRIMERO. Entonces me levanté y otra vez me marché lejos.
SEGUNDO. Es evidente que tomé por el sendero.
TERCERO. El sendero, el sendero estaba bordeado.
PRIMERO. Estaba bordeado de flores verdugo.
SEGUNDO. Estas flores conversaban entre sí en su lenguaje floral.
TERCERO. Me senté junto a ellas y me quedé pensativo.
PRIMERO. Pensé sobre esto.
SEGUNDO. Sobre las representaciones de la muerte y sus anomalías.
TERCERO. No podía entender nada.
PRIMERO. Entonces me levanté y otra vez me marché lejos.
SEGUNDO. Es evidente que tomé por el aire.
TERCERO. El aire, el aire estaba rodeado.
PRIMERO. Estaba rodeado por nubes y objetos y pájaros.
SEGUNDO. Los pájaros hacían música, las nubes volaban, y los objetos como elefantes se quedaban quietos cada uno en su lugar.
TERCERO. Me senté en un lugar cercano y me quedé pensativo.
PRIMERO. Pensé en esto.
SEGUNDO. Sobre el sentimiento de la vida que habitaba en mí.
TERCERO. No podía entender nada.
PRIMERO. Entonces me levanté y otra vez me marché lejos.
SEGUNDO. Es evidente que me marché mentalmente.
TERCERO. Mis pensamientos, mis pensamientos estaban rodeados.
PRIMERO. Estaban rodeados de luces y sonidos.
SEGUNDO. Los sonidos se escuchaban, las luces ardían.
TERCERO. Me senté bajo el cielo y me quedé pensativo.
PRIMERO. Pensé sobre esto.
SEGUNDO. Sobre la carreta, sobre el empleado de los baños, sobre los versos y sobre las acciones.
TERCERO. No podía entender nada.
PRIMERO. Entonces me levanté y otra vez me marché lejos.

Fin

[1936-1937]


EL CUADERNO GRIS

Sobre el mar sombrío y bienaventurado
Planeaba el aire inabarcable
Volaba como un halcón azul
Silenciosamente bebía el veneno de la noche.
Y el aire pensó: todo pasa,
Una fruta podrida pende apenas.
Como en un sueño, una estrella surge en el cielo,
Canta la avispa inmortal.
Por qué no debería el hombre, como la muerte o una piedra,
Mirar la arena sin decir una palabra.
La flor añora con sus pétalos
Y el pensamiento desciende hasta la flor.
(El aire barría el mar
Como si el mar fuese metal)
En esta hora la flor comprende
El bosque, el cielo y el diamante.
La flor es un imbécil, un bosque frondoso,
La miramos al sesgo,
Mientras todavía estamos vivos,
La cortaremos con un cuchillo.
(Y el aire barría el mar
Como si el mar fuese metal)
La flor se ha vuelto más sabia que el hombre
Reclama que se le conceda un nombre.
La hemos comenzado a llamar Andrés,
Es nuestra igual en razón.
A su alrededor los escarabajos y las aves
Gimen como tazas del bosque,
A su alrededor corre un río
Asomando su aguijón,
Y las mariposas y las hormigas
Suenan como campanas por encima suyo,
Bellamente cantan los gorriones,
Mientras vuelan con ternura sobre los campos
Y el aire barría el mar
Como si el mar fuese de metal.

KOLOKOLOV.
Con gusto bebería un vaso más de agua
A la salud de este ave del aire
Que vuela como un fanático
Trazando círculos sobre los arbustos con entusiasmo lunático,
El brillo magnético de sus ojos
Toma los rayos del supremo grado.
Gira esta ave vela
Por encima de una gota de vodka, de un río, de una montaña,
Adoptando con frecuencia el aspecto de un salmo,
Teniendo la imagen de una cosa vacía,
Su ala no roza la montaña,
Y por ella languidece un hombre terrenal.
Es una diosa divina
Es un amable papel de Dios
Para ella la vida es un desierto estrecho
Algo muy poco agradable.
Pequeño pájaro tú eres el suicidio
O la renuncia.

KUJARSKI.
Quisiera tocar el cuerpo celestial,
Que ha sudado toda la noche como una doncella,
Y quisiera escrutar también
Esta inexplicable figura de la noche,
Esta noche moribunda
Esta hija agonizante
Material como la arena del cielo,
Ahora marchita lejos en el martes,
Alzaría una partícula de esta noche como un pétalo.
Pero siento exactamente lo mismo.

SVIDIERSKI.
Kujarski, ¿has estado tomando éter?

KUJARSKI.
Toco una piedra. Pero la dureza de la piedra
Ya no me convence de nada.
El sol brilla como una palmera en el cielo
Pero a mí la luz ya no me ilumina
Cada cosa tiene un color
Cada cosa tiene una largura
Cada cosa tiene una largura
Tiene una amplitud, y la profundidad de un cometa.
Cada cosa ahora se oscurece
Y todo permanece igual.

KOLOKOLOV.
Por qué estamos sentados aquí sin hacer nada,
No sería mejor estar sentados y cantar algo,
Una canción por ejemplo.

KUJARSKI.
Cantemos la superfície de la canción.

CANCIÓN DEL CUADERNO.
Mar, oh patria de las olas,
Las olas son los niños del mar.
El mar es su madre
Y su hermana es el cuaderno
Desde hace ya muchos siglos.
Y vivían bien,
Y rezaban con frecuencia.
El mar rezaba a Dios,
Y los niños rezaban a Dios.
Y después se instalaron en el cielo,
Desde donde esparcían la lluvia,
Y en un lugar lluvioso creció su casa.
La casa vivió bien.
Enseñó a sus puertas y ventanas a jugar,
Jugaban a la orilla, a la inmortalidad, al sueño y al cuaderno.
Una vez.

SVIDERSKI
Una vez iba yo envenenado por la carretera,
Y el tiempo caminaba junto a mí.
Diferentes aves cantaban en los arbustos,
La hierba raleaba en algunos lugares.
Como un campo de batalla el poderoso mar emergía en la distancia.
Por supuesto que yo respiraba con dificultad.
Empecé a pensar en por qué solo los verbos
Están subyugados a la hora, al minuto y al año,
Mientras las casas, los bosques y el cielo, como mongoles,
Han sido de golpe liberados del tiempo.
Pensé sobre ello y comprendí. Todos sabemos esto,
Que la acción se ha convertido una China insomne,
Que las acciones han muerto, que están caídas como cadáveres,
Ahora las decoramos con guirnaldas.
Su movilidad es mentira, su densidad es un engaño,
Y una exangüe niebla las devora.
Las cosas son como niños que duermen en sus cunas.
Como estrellas que apenas se mueven en el cielo.
Como flores soñolientas que crecen en silencio.
Las cosas como la música se quedan en un mismo lugar.
Me he parado. He pensado,
Mi razón no puede abarcar la invasión de todas las nuevas miserias.
Y he visto una casa zambulléndose como el invierno.
Y he visto una golondrina que significaba un jardín
En el que las sombras de los árboles como ramas hacen ruido
Donde las ramas de los árboles son como sombras de la mente.
He escuchado el curso uniforme de la música,
Intentaba atrapar la barca verbal.
He experimentado la palabra en fuego y en frío,
Pero las horas se estiraban cada vez más estrechas.
Y el veneno que me dominaba,
Gobernaba como un sueño vacío.
Una vez.

Antes de cada palabra pongo la pregunta: qué quiere decir, y por encima de cada palabra pongo su índice de tiempo. ¿Dónde está mi amada Masha, y donde están sus manos banales, y sus ojos, y todas sus otras partes? ¿Por dónde camina ahora asesinada o viva? No tengo fuerzas. ¿Quién? Yo. ¿Qué cosa? Fuerzas. Soy el único que es como una vela. La soledad es siete minutos menos cinco 8 minutos menos cinco, igual que nueve minutos menos cinco una vela 10 minutos menos cinco. Un instante como si nunca. Y las cuatro en punto también. Y también la ventana. Pero todo es lo mismo.

Se hace tarde,se hace temprano, no se ve ni el sueño,
Donde está el mar, la palabra, la sombra, el cuaderno,
Ciento cincuenta y cinco llega para todas las cosas.

SVIDIERSKI. Ante ti hay un camino. Y detrás de ti está el mismo camino. Estás de pie, te has parado por un breve instante, y tú y todos nosotros hemos visto el camino delante de ti. Pero solo cuando nos hemos girado de espaldas, es decir hacia atrás, y te hemos visto carretera, y te hemos escrutado camino, todos como una sola voz hemos podido confirmar su corrección. Era una sensación o el órgano azul de los sentidos. Pero tomemos ahora un minuto hacia atrás o probémonos un minuto hacia adelante. Tanto si te giras alrededor o miras por encima del hombro, es imposible ver estos minutos, el que ya ha pasado lo recordamos, el otro lo imaginamos como un punto en el futuro. Un árbol cae, un árbol cuelga, un árbol vuela. No puedo establecer esto. No podemos ni tacharlo ni sentirlo. No confío en la memoria, no confío en la imaginación. El tiempo es la única cosa que no existe sin nosotros. Devora todo lo que existe fuera de nosotros. Entonces comienza la noche de la inteligencia. El tiempo se eleva sobre nosotros como una estrella. Abandonemos nuestras cabezas mentales, es decir nuestra inteligencia. Mirad, se vuelve visible. Se eleva por encima de nosotros como un cero y transforma todas las cosas en cero. (Nuestra última esperanza es Cristo resucitado).
Cristo resucitado es la última esperanza.

Todo lo que estoy intentando decir aquí en relación con el tiempo es, hablando estrictamente, falso. Las razones para esto son dos. 1) Cada persona que haya dejado de comprender por lo menos un poco el tiempo (y solo aquel que lo ha dejado de comprender lo ha comenzado a comprender), debe dejar de comprender al mismo tiempo todo lo existente. 2) Nuestra lógica humana y nuestro lenguaje no corresponden al concepto de tiempo en ninguna medida, ni en la más elemental ni en la más compleja. Nuestra lógica y nuestro lenguaje no hacen más que resbalar por la superficie del tiempo.
Sin embargo, todavía es posible intentar escribir algo, si no sobre el tiempo, ni sobre nuestra incomprensión del tiempo, al menos con el propósito de establecer algunas situaciones en nuestra sensación superficial del tiempo, y sobre la base de ellas posiblemente el camino hacia la muerte y hacia una más amplia comprensión se nos hará más claro.
Si entonces sentimos una salvaje incomprensión, al menos sabremos que a esta incomprensión nadie le puede oponer ninguna claridad. ¡Pena para nosotros, los que cavilamos sobre el tiempo! Pero después con el crecimiento de esta incomprensión para ti y para mí se volverá claro que no existe realmente ninguna pena, ni para nosotros, ni para los cavilosos, ni para el tiempo.

1. EL TIEMPO Y LA MUERTE

Más de una vez he sentido y comprendido o no he comprendido la muerte. He aquí tres casos que se han quedado firmemente grabados en mí.

1. Esnifé éter en el cuarto de baño. De golpe todo cambió. En el lugar en el que había una puerta, en el que había una salida, se elevaba una cuarta pared, y en esta pared estaba mi madre ahorcada. Recordé que justo de esta manera me había sido predicha mi propia muerte. Nunca nadie me había predicho mi muerte. Un milagro es posible en el momento de la muerte. Es posible porque la muerte es la detención del tiempo.

2. En la cárcel tuve un sueño. Un pequeño patio, una plazuela, un pelotón de soldados, se preparan para colgar a alguien, me parece que a un negro. Experimento una intensa sensación de miedo, pánico y desesperación. Huí. Y mientras huía por la carretera, de pronto comprendí que no tengo lugar adonde huir. Porque el tiempo corre a mi lado y se queda quieto al lado del condenado. Y si imaginamos su espacio, es como una silla en la cual estamos sentados él y yo al mismo tiempo. Y después de un tiempo yo me levantaré y saldré y él se quedará. Pero de todas maneras habremos estado sentados en la misma silla.

3. Un sueño más. Yo caminaba con mi padre y él me dijo o yo mismo de golpe comprendí que una hora más tarde o una hora y media más tarde me iban a colgar. Comprendí y sentí la detención. Algo finalmente iba a ocurrir de verdad. Y eso que de verdad ocurre es la muerte. Todo lo demás no es realmente aquello que ocurre. No es ni siquiera aquello que está ocurriendo. Es algo como un obligo, la sombra de una hoja, o un deslizamiento en la superficie.

.

2. COSAS SENCILLAS

Vamos a pensar sobre cosas sencillas. Una persona dice: mañana, hoy, jueves, mes, año, durante la semana. Contamos las horas en el día. Indicamos sus adiciones. Antes no habíamos visto más que una parte del día, ahora podemos ver el día completo y su movimiento interior. Pero cuando comienza el siguiente día, empezamos otra vez de cero la cuenta de las horas. Del mismo modo procedemos al añadir una unidad al número de los días de un mes. Pero pasan 30 o 31 días y la cantidad se vuelve cualidad, deja de incrementarse. Cambia el nombre del mes. Es verdad que con los años nos conducimos de una manera parcialmente más decorosa. Pero la acumulación del tiempo es diferente de cualquier otro tipo de acumulación.No se puede comparar los tres meses pasados con tres árboles. Los árboles se hallan presentes y sus hojas brillan lánguidamente. Sobre los meses no podríamos decir lo mismo con seguridad. Los nombres de los minutos, segundos, horas, días, semanas y meses nos confunden incluso en nuestra comprensión superficial del tiempo. Todos estos nombres son analogías o bien con respecto a los objetos, o bien con respecto con los conceptos y mediciones espaciales. Es por eso que nos parece que la semana pasada yace ante nosotros como un reno asesinado. Esto sería así si el tiempo contribuyese en la medición del espacio, si hubiese una especie de doble contabilidad. Si el tiempo fuese una representación especular de los objetos. En realidad los objetos son una débil representación especular del tiempo. No hay objetos. Venga, ve y cógelos. Si borrásemos las cifras de los relojes, si olvidásemos los nombres falsos, entonces tal vez el tiempo se avendría a mostrarnos su torso silencioso, a aparecer en toda su magnitud. Un ratón corre encima de una piedra. Cuenta cada uno de sus pasos. Olvida la palabra cada, olvida la palabra paso. Luego, puesto en tu percepción habrá desparecido la percepción de las series de movimientos como algo completo, que llamabas de manera equivocada como paso (confundías el movimiento y el tiempo con el espacio, incorrectamente transponías el uno en el otro), entonces el movimiento comenzará para ti a fragmentarse y finalmente se convertirá casi en nada. Comenzarán los centelleos. El ratón comenzará a brillar. Mira: el mundo brilla (como un ratón).

3. VERBOS

De acuerdo con nuestras concepciones habituales los verbos existen como por sí mismos. Es como un amontonamiento de sables y rifles. Cuando vamos a cualquier parte, cogemos un verbo y nos lo llevamos con nosotros. Para nosotros los verbos tienen una estructura triple. Tienen tiempo. Tienen presente, pasado y futuro. Son móviles. Fluyen, y en esto son semejantes a las cosas verdaderamente existentes. Sin embargo, no existe ninguna acción que tenga peso a excepción del asesinato, el suicio, el ahorcamiento o el envenenamiento. Haré notar que la última hora o las últimas dos horas antes de la muerte no pueden ser verdaderamente llamadas horas. Es es algo completo, detenido, como un espacio, el mundo, una habitación o un jardín. Algo liberado del tiempo. Es posible palparlo. Suicidas y asesinados, ¿habéis tenido un segundo así, o una hora? Sí, un segundo, o dos, o tres, pero no una hora, dicen. ¿Pero fueron densos e irremplazables? Sí, sí.
En nuestra época los verbos se han quedado anticuados. En el arte desaparecen los argumentos y las acciones. Las acciones que aparecen en mis poemas son ilógicas e inútiles, no se les puede llamar verdaderas acciones. Antes, sobre un hombre que se calaba el sombre y salía a la calle, solíamos decir: ha salido a la calle. Esto era absurdo. La palabra ha salido es incomprensible. Ahora decimos: se caló el sombrero, comenzó a iluminarse, y el (azul) cielo salió volando como un águila.
Los eventos no se corresponden con el tiempo. El tiempo ha devorado los objetos. De ellos no quedan ni los huesos.

4. OBJETOS

La casa según nosotros no tiene tiempo. El bosque tampoco tiene tiempo. Es posible que el hombre haya sentido siempre la fragilidad y fugacidad de la cáscara material de los objetos. Por eso ni siquiera concedió a los objetos el presente, ese tiempo presente del que hace mucho que sabemos que no existe. De todo ello ha resultado que la casa y el cielo y el bosque todavía existen menos que el presente.
Cuando un hombre vivía en su propia uña, entonces se entristecía y lloraba y gemía. Pero de alguna manera se percató que no existe ayer ni tampoco mañana, que solo existe hoy. Y habiendo vivido el día de hoy en su integridad se dijo: aquí hay un problema. Este día de hoy no me pertenece a mí, ni al que vive en la cabeza, que corre como un loco, que bebe y come, ni a aquel que nada en un cajón, ni a aquel que duerme en la tumba de su amigo. Aquí hay algo que va fatal. Tenemos un problema que nos incumbe a todos.
Entonces se puso a contemplar el apacible paisaje a su alrededor, y en las paredes de las vasijas del tiempo Dios se le mostró.

5. ANIMALES

Despunta un amanecer nauseabundo. El bosque se despierta. Y en el bosque, en el árbol, en la rama, se levanta un pájaro que empieza a lamentarse las estrellas que vio en sus sueños, y con su pico golpea en la cabeza de sus plateados polluelos. Y el león y el lobo y el hurón de mala gana y somnolientos lamen sus plateados cachorros. El bosque recuerda a un buffet lleno de cucharillas y tenedores plateados. O bien, o bien, si miramos con atención, un río fluye azul de insumisión. En el río los peces hacen cabriolas con sus pececillos. Miran con sus ojos divinos el agua resplandeciente y atrapan arrogantes gusanos. El día les espía y la noche les espía. Un pequeño escarabajo piensa en la felicidad. Una pulga se entristece. Las bestias no toman alcohol. Se aburren sin sustancias narcóticas. Se entregan a la perversión bestial. Bestias, el tiempo cuelga encima vuestro. El tiempo piensa en vosotras y también Dios.
Bestias, sois como campanas. El rostro sonoro del zorro mira su bosque. Los árboles crecen firmes como puntos, como una helada silenciosa. Pero dejemos al bosque en paz, no entenderemos nada en el bosque. La naturaleza se marchita como la noche. Acostémonos. Estamos muy cansados.

6. LOS PUNTOS Y LA SÉPTIMA HORA

Cuando nos acostamos, pensamos, decimos, escribimos: el día ha pasado. Y en el día siguiente no nos ponemos a buscar el día anterior. Pero mientras todavía no nos hemos acostado, nos relacionamos con el día como si todavía no hubiese pasado, como si todavía existiese, como si el día fuese un camino por el cual hubiésemos caminado, hubiésemos llegado al final, y ahora estuviésemos muertos de cansancio. Pero que, en caso de desearlo, podríamos recorrer en sentido contrario. Todas nuestras divisiones del tiempo, todo nuestro arte se relaciona de tal manera con el tiempo, que parece como si fuera indiferente en qué momento ha ocurrido algo, o ocurre o ocurrirá. Yo por primera vez sentí e incomprendí el tiempo estando en prisión. Siempre había pensado que cinco días por delante es por lo menos la misma cosa que cinco días por detrás, como una habitación en la que estuvieses de pie justo en la mitad y un perro te mirase desde la ventana. Si quieres te puedes girar y mirar la puerta, y si no te quedas como estás y miras la ventana. Pero si en la habitación lo que hay son cuatro paredes lisas, entonces lo más que llegarás a ver es la muerte en una de las paredes. En la prisión pensé en hacer la experiencia del tiempo. Incluso le propuse a mi compañero de celda repetir exactamente el día anterior. En la cárcel todo favorecía este intento, no había acontecimientos. Pero había tiempo. Y el tiempo fue también mi castigo. En el mundo vuelan algunos puntos, son los puntos de tiempo. Se posan en las hojas de los árboles, caen sobres las frentes, provocan la alegría de los escarabajos. Hay quienes mueren a los ochenta años y quienes mueren a los diez años, pero todos tienen solo un segundo de muerte. Y ninguna otra cosa no tienen. Las mariposas efímeras aparecen ante nosotros exactamente igual que perros centenarios. La única diferencia es que el hombre de ochenta años no tiene futuro, y el de diez años sí. Pero esto es falso, porque el futuro se fragmenta. Porque antes de la llegada de un nuevo segundo, desaparece el antiguo. Esto puede ser representado de la siguiente manera:

Ø Ø Ø Ø Ø Ø Ø

Ø Ø Ø Ø Ø O

Solo que los ceros sucesivos deberían estar no tachados, sino borrados. Los dos tienen un porvenir instantáneo de segundos, o más bien ninguno de los dos lo tiene, puesto que mueren. Nuestro calendario está hecho de tal manera que no sentimos la novedad de cada segundo. Pero en la cárcel la novedad de cada segundo, y al mismo tiempo la insignificancia de esta novedad, se me hicieron evidentes. En este momento no puedo decidir si hubiese habido alguna diferencia en el hecho de que me hubiesen liberado dos días antes o después. Se me vuelve incomprensible qué significa antes o después, se me vuelve incomprensible todo. Y mientras tanto los gallos cantan cada noche. Pero los recuerdos son algo no confiable, los testigos se confunden y se equivocan. En una noche no pueden sonar tres veces las tres, el asesinado que yace ahora fue asesinado hace un minuto o lo será pasado mañana. La imaginación es inestable. Cada hora, si no cada minuto, debe recibir su número, que va aumentando o se queda igual. Digamos que ahora es la séptima hora, y que ella no acaba. Para empezar es necesario quitarle los días, las semanas y los meses. Entonces los gallos cantarán a diferentes horas, y la regularidad de los intervalos desaparecerá, porque lo que existe ya no se puede comparar con lo que ya ha dejado de existir, y que quizá no ha existido nunca. ¿Qué podemos saber? No vemos los puntos de tiempo. Sobre todas las cosas cae la séptima hora.

7. TRISTES VESTIGIOS DE EVENTOS

Todo se descompone en las últimas partes mortales. El tiempo devora el mundo. Yo no…

RUIDO DE ESTÓMAGO DURANTE UNA DECLARACIÓN DE AMOR

Me interesa lo siguiente: cuando le declaro mi amor a una nueva mujer, siempre o más bien con bastante frecuencia me suena el estómago o me gotea la nariz. Cuando esto ocurre, me parece que se trata de un buen signo. Significa que todo irá favorablemente. En esto la clave se encuentra en comenzar a toser en el momento en que comienzan los ruidos. Suspirar en cambio me parece que no hace falta, o si no el ruido nos llegará hasta las orejas. De una nariz taponada, según me parece, también surgen ruidos característicos. Y todo esto ocurre con toda seguridad a causa de la emoción. ¿A qué se debe esta emoción? A que el acto sexual, o algo semejante, es un evento. Un evento es algo nuevo que nos llega del otro lado. Participa de dos mundos distintos. Al entrar en el evento es como si entrasemos en la eternidad. Pero rápidamente salimos de él. Consecuentemente, sentimos como si el evento fuese la vida, y como si su fin fuese la muerte. Después de su acabamiento todo está otra vez en orden y no hay ni vida ni muerte. La emoción frente al evento, y consecuentemente los ruidos de estómago y las narices taponadas, significa la emoción frente a la vida prometida. Pero aquí hay todavía otra parte del asunto a considerar. Se trata de que aquí junto contigo hay otra participante, una mujer. Aquí estáis dos. Y en todas otras partes, excepto en este episodio, siempre estás solo. En realidad, aquí también estás solo, pero en este momento me parece, o más bien me lo parecía hasta este momento, que sois dos. Tienes la impresión de que junto a esta mujer no puedes morir, que en ella está la vida eterna.

LA ENFERMEDAD DE LA SÍFILIS, PIERNAS AMPUTADAS, UN DIENTE ARRANCADO

¿Por qué tengo tanto miedo a contraer la sífilis o a que me saquen un diente? Aparte del dolor y otros inconvenientes, hay todavía una cosa más. En primer lugar, esto introduce en la vida la serie de los números. Aquí comienza un sistema de contabilidad. Un sistema de contabilidad mucho más horrible que el que da comienzo con el nacimiento. Este último, nadie se acuerda de él, todo el mundo tiene el suyo, e incluso existe la costumbre de festejarlo (cumpleaños y santo). Por esta razón nunca he dejado de sentir miedo desde mi estancia en la prisión preventiva. En segundo lugar, lo malo es también que abre algo incondicionalmente definitivo, y único, y concluido, y real. Y esto tal y como lo entiendo también se convierte en un número. Esto es posible cubrirlo en toda su extensión con el número uno. Tal y como lo entiendo, el uno es la vida entera de una persona y en condiciones normales este uno deberíamos sentirlo únicamente en el último instante. Y aquí de golpe este uno entra en la vida. Es una desgracia irreparable de ninguna manera. Un diente arrancado es la coincidencia del evento exterior y el tiempo. Estás sentado en el sillón, y mientras el otro prepara sus pinzas y los otros instrumentos, y en tu interior comienza a agitarse y bullir el tiempo, tiempo, tiempo, y de golpe aparece la palabra de golpe, y comienza un acontecimiento lleno de contenido extraño. Y el diente desaparece.
Todo esto me aterroriza. Entonces aparece la palabra nunca.

[1932-1933]

Datos del autor
Aleksandr Vvedenski fue uno de los más destacados autores de la vanguardia rusa tardía, desde finales de la década de los veinte y durante la década de los treinta. Sus primeras composiciones estás fuertemente influidas por la obra de los futuristas, especialmente la poesía fónica zaum de AlekséiKruchiónij y Velimir Jlébnikov. En 1928 junto con Daniil Jarms, Nicolái Zabolotski y Konstantin Vaguínov fundó el movimiento OBERIU, que se aleja del utopismo de las primeras vanguardias y avanza hacia un tipo de humorismo irracionalista, descarnado y existencialista, que se considera como precursor de la literatura del absurdo de la segunda mitad de siglo en Europa occidental. A consecuencia de su actividad literaria, fue detenido varias veces, sufrió exilio en Kursk y Kharkov, y finalmente murió en 1941 mientras era trasladado en un tren de prisioneros. Se ignora el lugar en el que yacen sus restos.

Datos del traductor
Cristian Cámara Outes licenciado en teoría de la literatura por la UCM (2006), ha completado los másters en estudios literarios en la UCM (2008) y en la Universidad Iberoamericana de México (2009), con una tesina dedicada a la teoría literaria del formalismo ruso. También ha realizado el Máster en Edición de la UAM (2010). Ha publicado diferentes artículos y reseñas sobre cuestiones como la noción de aura en Walter Benjamin, la narrativa de Mario Bellatin, la poética clasicista, el cine y la teoría formalista, y un libro de relatos con el título de Servilletas (Barcelona: Ediciones oblicuas, 2009). Ha traducido a autores como Andréi Bieli, Yuri Tyniánov, Nikolái Gumiliov, Vladímir Márkov y Borís Arvátov. Entre 2013 y 2016 trabajó como profesor de literatura española en la Universidad Federal del Sur de Rostov del Don (Rusia). En la actualidad reside en Praga y dirige la colección SDVIG dedicada a textos teóricos de las vanguardias rusas para la editorial Ediciones Asimétricas.
En la actualidad reside en Praga y escribe su tesis de doctorado sobre teoría de la traducción en la Universidad Carolina.


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