AMÉLIA LÍCHEVA Revista ImánAmélia Lícheva (1968) es poeta y crítica literaria. Licenciada en la Universidad “San Clemente de Ojrid” de Sofia, donde ahora es catedrática de Teoría de la Literatura y doctora en Filología. Es autora de los libros teóricos Historias de la voz (2002), Teoría de la literatura (2005, en colaboración), Voces e identidades en la poesía búlgara (2007), Política de lo cotidiano (2010), Breve diccionario de los términos literarios y lingüísticos (2012, en colaboración), Literatura. Anteojos. Microscopio (2013), y también de los poemarios Ojo fijado en oreja (1992), La segunda biblioteca de Babilonia (1997), Alfabetos (2002), Mis Europas (2007), Es preciso verlo (2013) y Bestialmente mansa (2017). Sus versos han sido traducidos al inglés, francés, alemán, italiano, español, polaco, eslovaco, croata y húngaro. Es redactora jefe del prestigioso semanario Periódico literario; redactora en la revista La Literatura, de la Facultad de Filologías Eslavas de la Universidad de Sofia y miembro de la redacción colegial de la revista Enseñanza de lenguas extranjeras. Ha sido galardonada con las distinciones “León de oro”, para el proyecto editorial Teoría de la literatura: desde Platón al postmodernismo (2005); Signo Honorable del Ayuntamiento capitalino (2007); Caballero del Libro, de la Asociación “Libro Búlgaro”, en la categoría “Medias impresas-periódicos y revistas” (2016); ganadora del Premio Nacional “Binyo Ivanov”, por el aporte al desarrollo de la sintaxis poética búlgara en Bestialmente mansa (2017), y del Premio Nacional “Jristo G. Dánov” (2018), por la presentación del libro búlgaro.

 

QUÉ MANOS

En la primera “Pietà” de Miguel Ángel
la mirada no se detiene en la figura de Jesús,
aunque sea central
aunque sea después de la muerte
en espera de la resurrección.
Se detiene en las manos de la madre.
Falta una de las manos, escondida con vacilación,
no sabe cómo proteger, cómo existir,
no puede abrazar, puede solo sostener
y desplomarse bajo ese peso.
La otra mano queda libre, se ha detenido con extrañeza,
puede apoyarse también con ella o tenderla, pedir,
buscar compasión, tocar otra mano
viva también,

desde que tengo memoria de mí misma, sueño esta vacilación
y no puedo decidir
a qué manos fiarme
a esas que quieren dirigir, guiar,
mostrar el camino, enseñar,
porque les gusta proteger,
o aquellas que absorben
y te obligan a huir de ellas…

así sucede cuando la vida depende de manos ajenas.

Cada nueva mañana,
mientras ordeno mi pelo lentamente,
el espejo me recuerda
que la vida es un pelo
y mi mano
se mueve cada vez más lentamente.
¿Están sanas las raíces,
te mantienes firme, vida?
¿Habrá a qué agarrarse?
¿Habrá a quién?

 

LA NUEVA ESCENA

Tal y como en tiempos se anhelaba el modelo,
pero en esta ocasión totalmente a la fuerza,
nuestro mundo regresa a la Antigüedad,
mas no como a un ejemplo claro
de potencia y coraje,
de medida y ensueño,
¡no, en absoluto!
De hecho el Destino regresa
y con él el fracaso del hombre,
condena y vulnerabilidad,
y no, no en el talón de Aquiles
—en cada punto de la carne,
en todo el cuerpo—.
No existe un yelmo,
capaz de proteger,
no llega ninguna solución divina
que aplace la muerte
—ella surge de lo tranquilo,
de lo cotidiano,
del regocijo y el sueño,
en un estadio, en una sala de conciertos,
en la cancha infantil, en el avión,
arremete, sobreviene,
el terror está bosquejado previamente.

La Torre Eiffel está enlutada.
Muertas las torres gemelas.
El espectáculo termina,
¿hay alguien aplaudiendo?


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