Llegó exhausta a su lugar de trabajo. Unas trescientas personas hacían fila en la calle rodeando el edificio. Saludó a los compañeros que ya habían llegado y a los que vinieron después. La cara con el asco dibujado los uniformaba a todos. Cada uno preparó sus cosas y se abrieron las puertas. El público fue entrando, personas sin rostro se detenían ante el mostrador, ella tramitaba la ficha, entregaba el resguardo y se quedaba con la matriz del documento.

Trescientas treinta y siete personas más tarde se cerraron las puertas. Clasificó las matrices y las llevó al despacho de su superior. Sus compañeros y ella dejaron los mostradores limpios y se despidieron con la tasa de asco en cotas letales.

Al llegar a casa se encontró la comida ya reseca sobre la mesa de la cocina. Se fijó en la nota de la nevera: falta leche.

Llegó exhausta a su lugar de trabajo. Unas trescientas personas hacían fila en la calle rodeando el edificio.


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