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[algunas cajas y collages de Miguel Ángel Ortiz Albero]

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De entre las cajas abandonadas en los resquicios de las casas no es difícil recobrar tiempos, escenarios e incluso papeles perdidos. Y todo, con la marca de las espinas. Se apagan las luces al final de una función más, y es entonces cuando se hace necesario recortar para reencontrar, ensamblar para recuperar, reunir para volver a poner en escena lo que ha sido o, tal vez, lo que habrá de seguir siendo. Permanece la caja de la escena, y las cajas y sus huecos se perpetúan. Y, ahora, como siempre, se muestran de nuevo todos esos fragmentos, esas piezas, esos recortes que, cosidos, o tan sólo hilvanados, reescriben todas las historias posibles: las de quien las propone y, sobre todo, las de quien las observa desde la oscuridad del patio de butacas. Pasen y vean. Pero vigilen las espinas, sus cicatrices, las costuras.

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