José María SerranoDeberías Estar Ahí

¡Deberías estar ahí!,
suelta, abierta, dispuesta,
luz de luces, faro lumínico iridiscente,
junto a las turbias aguas
del ponto proceloso,
extendiendo la mano
a los seres que vagan
entre escolleras.
Para todos los hombres y mujeres
perdidos o encontrados,
en cualquier manglar,
en un desierto hostil.
¡Deberías estar ahí!,
como parte de un todo,
absoluta, magnánima, incondicional.
Muchos esperamos que surjas
alentadorade entre las nubes,
y desciendas radiante a nuestro lado,
reconfortante como un elixir,
nieve pura y refrescante
para el sitibundo,
alimento, vitamina, calcio.
¡Deberías estar ahí!
limpia, impoluta, incorruptible,
inalterable, inoxidable, inviolable.
¡Deberías estar aquí, ahí, allí,
en todo lugar, a todo tiempo!,
como el aire, desnuda, límpida,
balsámica, sedante,
al alcance de labios temblorosos,
de pies encallecidos,
de espaldas fustigadas,
de corazones rotos.
¡Deberías estar ahí!,
como potámide,
inocente y virginal,
guía invencible,
para escampar la bruma
y protegernos con tu savia y soporte;
colocando la piedra sobre piedra,
conteniendo torrentes,
acortando distancias,
ofreciéndote, dándote inmarcesible
a todas las almas ultrajadas
que te llaman a gritos,
sin entender tu ausencia.
¡Asegúrate, esfuérzate!
¡Vigila el fiel de tu balanza!
¡Cuidado con ese péndulo cortante
que se cierne
sobre tantas testas inocentes!
¡Deberías estar ahí!,
atenta, garante guardiana,
¡siempre, siempre, siempre!,
sin pedir nada a cambio.
¡JUSTICIA!


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