(IMÁN) Encabezamos estas líneas con un “L’ENTREVUE” tras averiguar    durante la charla que, en realidad, esta es la primera entrevista destinada a publicarse en un medio escrito que han dado en estos más de 30 años de trabajo, lo cual queremos agradecer en primera instancia.

A finales de los 80 y principios de los 90 Zaragoza bullía. No era raro entrar en uno de esos garitos oscuros, mal ventilados, con serrín por el suelo y urinarios casi impracticables, pedir algo de beber y comenzar a charlar con alguien en la barra, haciendo un túnel entre el humo y el espesor de la música, y constatar que, ese alguien, seguro que estaba haciendo “algo interesante”: una gira, una obra de teatro, una pieza de danza, un corto, un poemario, una novela, una maqueta, una escultura, un programa de televisión, una exposición, una performance o cualquier otra cosa.

Yo no estaba al margen. Andaba haciendo fotos, tomando apuntes para la novela que empezaré cualquier día de estos, llenando hojas de poemas y, a veces, publicándolos.

A la hora de sentarme a escribir y recordar esos días, he sentido el frío de la calle al abrirse la puerta del pub y he visto con toda claridad cómo penetran en la negritud del “Bar Sevilla” (o tal vez fuera en “La Estación del Silencio”) un grupo de amigos sonrientes, desenroscándose la enormes bufandas del cuello y desabrochándose los largos abrigos —tan negros como la propia noche— antes de comenzar a saludar y a abrirse camino hacia la barra. En la mano llevan algo escrito: una hoja o un grupo de hojas o tal vez es el último número de El Ateneísta o de Poisson Soluble. Compartimos la botella del vino. Me llevo un ejemplar para leerlo en casa. Reímos como solo se ríe en los poemas o cuando se es tan joven.

Yo, que siempre he ido por libre, he observado con distante admiración la complicidad y el empuje de estos artistas plásticos y escritores, que han sabido vadear las aguas del tiempo.

Me confiesan que Ecrevisse se fundó —si mediar más rito o ceremonial que el del iniciático vino— un día indeterminado de 1987, siendo sus miembros fundadores Antuán Duanel, M Glassé —quien a partir del 97 adoptaría como nuevo nombre “.M.”—, Michel A Zone y Pierre d. La. Unos años después, mediando los 90, se subirían a la grupa del cangrejo Ch. Delaire y Enrique Radigales (el único miembro de Ecrevisse en quien coinciden nombre artístico y nombre real, pura coincidencia). También serían los primeros en abandonarlo.

Ahora que vivimos en tiempos tan individualistas, en los que todo se marca y todos queremos que se reconozca nuestro nombre, ser “conocidos”, parece que trabajar con heterónimos, como Pessoa, o con seudónimo, como vosotros, es poco habitual (a no ser que seas un rapero, campo al que no se puede acudir siendo un Pedro Pérez…). Por ir rompiendo el hielo, ¿qué razones le daríais a una persona joven, que estuviera empezando en el mundo del arte o de la literatura para adoptar formalmente ese otro “yo”?

(ECREVISSE) (Risas) En el caso de Miguel él sí ha recuperado su nombre para su obra literaria, si bien mantiene el seudónimo cuando trabajamos en un proyecto Ecrevisse. Los demás también hemos flirteado alguna vez, en algún trabajo, con nuestros nombres de pila.

Nosotros no queríamos ser un grupo, un colectivo una asociación…, y también estaba la cuestión de si te pones un nombre o te lo ponen. Finalmente nosotros nos dimos nombres, sugiriendo posibilidades y buscando que el seudónimo de cada cual formara parte de un juego: El nombre a adoptar debería evocar el francés (dado que de allí procedían esas primeras literaturas comunes), partiendo del nombre propio, y contener una referencia al artista señero de cada uno. Así el personaje creado no solo daba paso a un juego mayor, el de la creación colectiva, sino que ya formaba parte de la obra a crear.

Nos llamábamos Ecrevisse y todo depende de la intención. La nuestra era la de desarrollar un juego y para aunar a los artistas que lo materializaban, cambiarnos el nombre y adoptar el personaje creado era la mejor opción: ya éramos parte de un nuevo todo.

(IMÁN) En España en general y en Zaragoza, hasta donde yo sé, es poco habitual el “asociacionismo” entre artistas, el cooperativismo, la agrupación. Las excepciones son los grupos Pórtico, Forma o Radiador. Vosotros, mediante este organismo simbiótico que es Ecrevisse, y con la libertad de desligaros de vuestro ego vulgaris, habéis generado tanto obra individual como colectiva. En el número anterior de la revista Imán publicábamos un extenso artículo sobre el NSK, una vanguardia artística eslovena en la que el yo llega a desaparecer completamente bajo los dictados del grupo, las obras llegan a ser firmadas únicamente por el colectivo e incluso se llevan los textos previamente escritos en primera persona del plural a las entrevistas con los medios. A diferencia de otros colectivos de vanguardia, algunos de los cuales os han inspirado de algún modo, no tenéis un decálogo conocido o una declaración estética grupal a modo de manifiesto fundacional. Esto que, en principio, puede parecer una rareza o una anormalidad, creo que no es fruto de un descuido, sino una acción premeditada. Las vanguardias, si lo son, han de ser desafiantes, han de cuestionar los principios establecidos y, por una parte, la decantación de la acción individual vía el seudónimo, en primera instancia y, en segunda, su integración en el colectivo otorgan una clara libertad creativa. De igual manera, el hecho de que no exista un decálogo formal del colectivo confiere una inmediata “auto-aprobación” de la obra bajo el sello común, Ecrevisse, una suerte de corroboración indirecta de la acción artística o literaria que, al igual que Duchamp, desafiará la otrora necesaria aprobación de terceros.

En vuestra opinión, ¿qué razones podrían tener o podrías dar a otros artistas, escritores, escultores…, para desligarse de un “decálogo”?

(ECREVISSE) Seguramente podríamos afirmar que nuestro decálogo ha sido siempre no tener decálogo, las normas —cuando nos han sido necesarias— las hemos acordado de una forma natural. Nunca hubo ningún tipo de código secreto ni de censura interna, ni directriz ni sugerencia: había un cierto modus operandi que era el de arrancar las exposiciones, un cierto día, en el que se analizaba lo que el lugar en el que expondríamos nos podía decir y lo que nosotros podíamos crear desde ese punto. Lo discutíamos, lo planificábamos y luego se lanzaba… El trabajo era aislado e individual y la exposición se montaba y se ensamblaba en el momento. Cada uno creaba su parte en su taller o en su casa y no veíamos ni injeríamos en el trabajo del resto hasta el momento de montar e integrar los elementos de cada uno en la obra común. Solo nos hemos auto censurado unas cruces gamadas que trajo Radigales. La idea era integrarlas como parte de un contendido irónico, pero algunos nos opusimos tajantemente y, finalmente, no se integraron. Por lo demás el caos y el azar, lo imprevisible, eran parte del sistema Ecrevisse.

De todas formas había dos tipos de perfiles en Ecrevisse, el nuestro y el de Mario (que no ha podido venir porque vive en Berlín), que éramos los más improvisadores, y los perfiles como Carlos y Quique, que al ser artistas más puramente plásticos, tendían al lienzo y a los plazos y planificaciones que el pintar les requería.

Para nosotros —los más espontáneos—, y permítenos que insistamos una y otra vez, siempre ha sido un juego pero un juego serio. Hemos tenido mucho empeño y seriedad a la hora de trabajar, pero usábamos otro método: el método Ecrevisse.

También es cierto que, en primer lugar y como idea original, nuestro interés principal era el de la escritura. Las performance y las instalaciones vinieron luego. Comenzamos con lecturas y actos dadaístas, alguno de los cuales provocó que los organizadores nos retiraran la palabra tras subvertir con nuestros actos la idea tradicional de recital o lectura, a la cual esperaban que nos ciñéramos. Era eso y de eso formábamos parte: una energía que explotaba y no se sabía nunca qué podía desencadenar. Ni nosotros mismos lo sabíamos.

La idea era, y será siempre que nos reencontremos, jugar a ser otros, meternos en la piel de esos personajes que eran capaces de escribir cadáveres exquisitos, poemas…, crear poesía visual y collage, jugar a escribir y escribir…, escribir mucho, pero casi todo perdido ya.

Hemos hecho de todo, incluso ser espectadores de nuestras propios recitales, como en la presentación de El Ateneísta que dedicamos a Brossa. En la presentación de aquel número preparamos un montaje audiovisual y, desde un lateral, nosotros asistíamos a un juego en el que el público acudía a un recital nuestro en el que no estábamos, pues éramos los auténticos espectadores.

(IMÁN) Vivimos en la era de las máquinas. No solamente nos transportan o fabrican casi autónomamente lo que comemos y la ropa con que nos cubrimos, sino que las hemos incorporado a nuestro lenguaje, nos comunicamos con ellas, creamos con ellas… Tal vez sea este el tiempo del triunfo de uno de vuestras figuras icónicas, Belgefor, el demonio que nos tienta con descubrimientos, que nos seduce a través de ingenios y de inventos mediante los que, en nuestra crédula ingenuidad, creemos que hallaremos riquezas y dicha.

Este hecho me suscita dos preguntas. La primera de las cuales es la siguiente: ¿es acaso esta la era de la materialización del surrealismo que nos ha traído las máquinas y las aplicaciones de creación y escritura automática? Y, en segundo lugar, por lo icónico de Belgefor y la pérdida de vigencia que tienen hoy en día los mitos, ¿no creéis que en este momento de banalización y/o simplificación es pertinente la re-adopción de alguna mitología?

(ECREVISSE) —Largo silencio—. Vayamos por partes, respecto a la primera pregunta yo creo que el surrealismo está banalizado y sobre-explotado desde los años 60, desde su incorporación a la publicidad, sobre todo en lo visual. El mero hecho de pensar que el robot, sin conciencia, puede llegar a hacer o producir textos de escritura automática ya es una desvirtualización: es preciso haber vivido, haber sentido, que haya una experiencia y una consciencia de la misma para crear y dejar fluir esa escritura automática. No puede haber otra perspectiva.

Yo me siento surrealista. El surrealismo sigue vivo, pero no el que se estudia en las escuelas, sino como forma de entender la vida y plantear un escenario, un contexto y un espacio de creación. No creo que las máquinas ayuden en nada en la creación.

Para nosotros es y está vigente y es parte de una prospección, de una investigación vital, de una invitación al azar objetivo, al (des)ordenamiento de los elementos…

Ecrevisse, desde sus paseos, desde las derivas y desde todas estas maneras pensar y construir, hemos desarrollado un juego de creación, el cual siempre tiene un plano consciente y cultural que sirve de plataforma para el desarrollo de esa labor intelectual y de estudio que está por debajo, sobre la que se extiende esa sustancia fluida, que es el juego. Con el paso de los años hay una gran conciencia y conocimiento del proceso creativo. Puede que el resultado aún pueda parecer fruto del azar o de un desorden a algunas personas, pero es el fruto de un trabajo muy elaborado y consciente.

Las exposiciones, siempre han sido la materialización de un trabajo largo y sesudo. Y, sí, siempre lo hemos celebrado. Hemos celebrando en cada exposición la creación, la amistad, la obra… Y hay gente que se ha quedado solo con eso: con la banalización del acto, con el sentido lúdico, con las ganas de celebrar la vida a la voz de “visse-visse”, pero ya desde el principio hubo otra gente que vio lo que, en realidad, estábamos haciendo y lo dejó blanco sobre negro en críticas y reseñas.

Con los años hemos aguzado los mecanismos de nuestro juego pero, como decíamos, esto no va de una charada en la que un “pirado” comienza a soltar un torrente sin sentido.

Por ejemplo, tú coge una pieza de John Cage —y no es que quiera comparar nuestra obra directamente con la suya—, pero habrá gente a la que eso le parezca cuatro ruidos sin sentido. Ahora coge una partitura de Antuán. Igualmente te puede parecer una pieza azarosa, deshilvanada, pero detrás de esa obra te garantizo que hay muchas horas de estudio, de mapas conceptuales, de desarrollos, de investigación… Ahí hay un orden científico, me atrevería a decir.

En cuanto a los mitos: siempre están ahí y siempre deben ser utilizados. Están, como mínimo como referentes. Las mitologías pueden ser muy secretas y muy particulares, pero, si un trabajo es bueno, las mitologías existen y están ahí. Cuando leímos el libro Mitologías de Barthes lo flipamos, o cuando mitificas un libro o una forma de escribir, como la de Lautréamont… Para Ecrevisse, en el panteón de nuestros mitos, habría muchas figuras literarias, pero también habría cabarets, bares como el “Antonio” —el antro en el que nos juntábamos—…, esos serían también templos míticos para nosotros.

(IMÁN) El Ateneísta es o fue una de vuestras publicaciones periódicas. Conviene recordar que su nombre es, según creo, una suerte de homenaje al oscense Pepín Bello (José Bello Lasierra). Este homenaje no sé si nace más por la cuestión de pertenencia a un mismo grupo de población o, tal vez, por rescatar una figura que fue motor del surrealismo español, desde sus raíces en la Residencia de     Estudiantes y en la ideación del film mítico como Un perro andaluz, y que, de alguna manera, quedó relegada por la intensa influencia y magnitud que alcanzaran las figuras de sus compañeros de andanzas: Lorca, Dalí y Buñuel.

A pesar de la relevancia de Bello, este no publicó obra. Los únicos textos que se han publicado de Pepín nos llegaron en el siglo XXI: Teatro español de vanguardia (2003; Castalia, Madrid), Visita de Richard Wagner a Burgos (2009; Amigos de la Residencia de Estudiantes, Madrid) y, más recientemente, Un cuento putrefacto (2010; Sd.edicions, Barcelona). ¿Qué es lo que más os inspiró en la figura de Pepín, tal vez esta disolución de su obra en la vida misma y en la obra de sus coetáneos? ¿Tal vez ese “no dejar nada” tras de sí?

(ECREVISSE) Yo creo que realmente era eso. El primer número de El Ateneísta está dedicado a él. Llevaba un prólogo bajo el epígrafe de “la ruptura del silencio”, que dilucidaba esta cuestión de alguna manera. No, para nosotros no era relevante que fuera de aquí, oscense. Para nosotros lo que le convertía en un fundamental era el haber sido motor de todo eso, del surrealismo español, y por pasar desapercibido ante la inmortalidad. Para muchos es como si no hubiera estado: eso nos pareció maravilloso.

También era un juego porque Pepín Bello generaba cosas y otros se las apropiaban, como el Caligrama Ateneísta y otros juegos, de los que sistemáticamente se apropió Alberti —que se apropiaba de todo— o el concepto de Carnuz, del que se sirvieron el resto y que aparecen en las obras de Buñuel, Dalí o Lorca.

Nos gustaba mucho esa idea de “pasotismo histórico”. De no darle importancia a nada. De hecho, para ese primer número tratamos de contactar con él, pero declinó la invitación…, no quiso saber nada de aquello, tal vez porque el número era una monografía en su honor, tal vez porque reproducíamos un poema suyo en la portada, tal vez porque el título “El Ateneísta” era una clara referencia hacia su universo particular… El caso es que sí que obtuvimos permiso indirecto a través de Agustín Sánchez Vidal para el texto de la portada, pero no conseguimos conocerle personalmente. Aunque tal vez fuera para bien, volviendo a los mitos, podría habérsenos derrumbado uno.

(IMÁN) Releyendo vuestras publicaciones, en el número 10, nos encontramos con el “Manifiesto Inútil” de Ángel Guinda.

“La palabra no sirve para nada, os doy mi palabra.
La poesía no sirve para nada. Para quitarme el muerto de encima publiqué mis poemas.
La política no sirve para nada, a no ser para los propios políticos que se sirven de ella.
La iglesia no sirve para nada. Dios se aparece a quien le da la gana, A quien le da la gana desaparece dios.
La realidad no sirve para nada. El artista intenta des realizarla. Pero el arte no sirve para nada.
El ejército no sirve para nada: a la hora de defender la paz ametralla.
Los hijos no sirven para nada si alguna vez no se cagan en sus padres.
El pensamiento no sirve para nada, sólo produce quebraderos de cabeza. Es un genio quien piensa con los pies, pero nadie llega a pisarse las sienes.
El Poder no sirve para nada, no puede con él.
No sirvo para nada. Desearía no servir a nadie.
Lo que no sirve para nada se destruye. Hay que destruir la palabra, la poesía, la política, la religión, la realidad, el ejército, el arte, el pensamiento, el Poder. Hay que destruirme a mí. ¿Por qué no lo hacen? Yo no lo hago porque tampoco sirvo para destruirme, como no serví para crearme.
Hay que salvar a quien no sirve a nadie”.

Tantos años después, como artistas, ¿qué pediríais a nuestros lectores?, ¿que os ayudaran a destruir o a salvar?

(ECREVISSE) (Risas) Ecrevisse ha muerto…, o no… Sería muy pertinente eliminar las asociaciones de artistas. Nosotros no somos ni hemos sido un grupo o una asociación artificiosa. A veces nos decían “ahí viene el Colectivo Ecrevisse” y nosotros replicábamos en seguida “No, no, no… Nosotros somos Ecrevisse y punto”. Nosotros, de una forma natural, hemos creado una identidad nueva, una identidad independiente, autónoma. Partiendo de la amistad hemos desarrollado una convergencia desde el pensamiento de cada uno, pero buscando una idea común. Nuestro cangrejo ermitaño tenía su identidad propia. Nosotros somos un grupo de amigos que han cultivado esa amistad y una suerte de ideación común.

Nunca hemos discutido, nunca hemos hecho cribas estalinistas ni puristas.  Hemos huido del pensamiento único siempre, del acuerdo obligatorio. Cuando algo no nos ha gustado, una obra en concreto, o no se ha podido compartir, se ha firmado de forma individual y punto.

Eso nos ha unido.

Hace poco nos invitaron a hacer un juego surrealista y terminamos por dejar el proyecto. Lo que al principio iba a ser un juego surreal terminó por convertirse en una reescritura continua para adaptarnos a un formato y una previsibilidad que nos limitaba en nuestra forma de concebir el propio juego.

Nuestro juego es un juego muy serio, por eso la norma es que no haya una norma. Nos llamaron porque, de alguna manera, nuestra libertad les hacía gracia, pero, finalmente, lo tuvimos que dejar porque no entendieron nuestra misma necesidad de libertad.

Nos han llegado a echar de la inauguración de una de nuestras propias exposiciones porque ni habían entendido esto ni nuestra imperativa necesidad de celebración.

Hemos tenido, llamémoslo así, ciertos “desencuentros” con editoriales, revistas o galerías e incluso con el propio grupo de surrealistas de Madrid porque nosotros no éramos ni tan normativos ni tan ortodoxos. Nosotros siempre vamos a defender nuestra libertad y no nos enfadamos con nadie. Entendemos que pueda causar algún malentendido o alguna tensión puntual, pero, como ya hemos dicho varias veces: nos tomamos nuestro juego muy en serio y no vamos a renunciar a ello y dejar de jugar para hacer otra cosa solo por contentar o complacer a alguien, por amigo que sea.

(IMÁN) Volviendo a vuestra producción. De los poemas objeto, la palabra visual, la ocupación del espacio, las exposiciones, del escapismo escaparatista de Lupita… ¿Qué queda de todo ese material?, ¿está almacenado, escondido, reciclado…?, ¿habéis pensado en crear una Lupita virtual?

(ECREVISSE) Del material de los días de “Lupita” hay de todo: Antuán tiende más a la destrucción, a veces se han reincorporado a otros elementos en recombinación, Miguel Ángel en alguna ocasión ha hecho reciclaje y Pierre es más dado al regalo, de hecho creemos que ha esparcido su obra por todo el globo…. Volver a juntar cualquiera de aquellas exposiciones sería absolutamente imposible.

En los Morlanes hubo una exposición, sobre el 2003, con motivo de la publicación de la tesis doctoral de Manuel Sánchez Oms sobre nosotros, Ecrevisse, la obra plástica, en la que conseguir los materiales exhibidos nos costó lo suyo. De hecho, tuvimos que recrear, reconstruir, rehacer…, buena parte de la exposición. En nuestra faceta plástica es así por definición: efímera. La obra escrita es cierto que es distinta, pues deja tras de sí publicaciones. Pero nuestras exposiciones no tuvieron nunca como objeto la permanencia: lo escrito perdura, pero los objetos… Creábamos para el espacio en el que íbamos a exponer. Fuera de ese espacio la obra perdía su sentido. Y eso forma parte del juego: realizar objetos perecederos. Por recapitular el proceso: comenzábamos con la evaluación del espacio en el que iba a desarrollarse la exposición, ideábamos, elaborábamos la idea y proyectábamos cómo se iba a crear para ese momento. Luego cada uno trabajaba de forma libre e independiente, hasta que llegaba el momento de ensamblar. Esto constituía una diferencia radical con los artistas puramente plásticos, como ya hemos indicado, que eran Radigales y Carlos, y que tal vez, por esto mismo, fueron los que se incorporaron más tardíamente y los que abandonaron antes Ecrevisse. Nosotros no hemos querido darle ninguna importancia a nada. Antes nos recordabas el “Manifiesto Inútil” de Guinda, pues así hemos contemplado todo: nuestra obra no sirve para nada, Ecrevisse no sirve para nada, trascender o perdurar no sirve para nada.

Manuel Sánchez Oms se pegó cuatro años con nosotros luchando por sacar de los rincones todo nuestro trabajo perdido, buscado material, buscando obra, escritos, preguntando a la gente que nos acompañó en aquella época si guardaban algo, si habían hecho fotos… Manuel nos vino muy bien, no solo porque escribiera el libro, porque al fin y al cabo el libro también sería intrascendente, sino porque nos organizó el archivo, el material y durante esos años nos grabó y sistematizó todos nuestros años de trabajo. A él le salpicó el espíritu Ecrevisse y acabó con el apodo de “El BOE” (el Boletín Oficial de Ecrevisse), a tal punto que cuando alguien nos requería cualquier dato, cualquier información les derivábamos a Manuel —eso consúltalo al BOE—. Esos cuatro años, de organización y sistematización, dieron como resultado no solo la tesina y el libro Ecrevisse la obra plástica, sino que arrojó también una exposición que fue, como ya hemos comentado, un gran reto de recopilación, para la que tuvimos que reelaborar piezas a partir de lo que quedaba de ellas, que, en ocasiones, solo era una imagen que Manuel Sánchez Oms había recopilado en su trabajo de documentación… Aquella exposición fue una exposición “celebrante” a la que acudieron los patafísicos de Valencia, tocaron con Antuán (dentro de la programación) los colegas de La Jirafa, terminó, como no podría ser de otra manera, con una celebración de la vida: como una boda gitana… (Risas)

(IMÁN) Volviendo a vuestra obra, vuestra “cosmogonía” literaria se enraíza en la literatura del romanticismo del XIX, en el simbolismo y el surrealismo. Dos preguntas: ¿qué recomendaríais leer a un millennian despistado?, ¿los Cantos de Maldoror, Los pasos perdidos o los manifiestos surrealistas? Y, la segunda: con el paso de los años y, si aquellas fueron referencias de las que partir, ¿de qué otros literaturas os habéis servido para seguir construyendo vuestro trabajo tras la etapa de Ecrevisse?

(ECREVISSE) Los jóvenes que se lean las tres y en ese orden y que busque la edición con el “Pez soluble”. Y que se lo lean también.

Hacia el futuro cada uno ha ido derivando por su propio camino. Sí que es cierto que, al principio, teníamos un núcleo muy potente de literaturas comunes, pero después hemos ido evolucionando desde esas lecturas iniciales de primera juventud.

Tras aquellos días hemos compartido nuevas lecturas. Fleur Jaeggy es una de nuestras nuevas adquisiciones, como antes lo fueran Georges Perec, Auster y Vila Matas… Aunque nos hemos expandido hacia Benjamin, Barthes y otros, que también nos unen, a cada uno nos pueden resultar más interesantes autores diferentes, como Richard Brautigan (el Boris Vian norteamericano), con su poesía y La pesca de la trucha en América…, hemos incorporado mucho ensayo…,  o volvemos a nuestras lecturas recurrentes como Thomas Mann, Bernhard…, Apollinaire, Bretón o descubrimientos como David Oliva…, o Julio Ramón Ribeyro y su La tentación del Fracaso.

(IMÁN) Antes hablábamos del juego de palabras que Pepín Bello ideó con el Ateneísta. ¿Tiene acaso algo que ver este “écrevisse” (cangrejo) con el concepto de grieta (“crevasse”)?

(ECREVISSE) No, no tiene nada que ver con la cueva. Esto tiene que ver con la idea loca de montar un congreso surrealista en el bar “Antonio”, que era un auténtico tugurio a la vez que nuestro lugar fundacional. Queríamos hacer un Congreso Surrealista, pero, por nuestra fobia a la formalidad y a lo reglado, se nos ocurrió que deberíamos de llamarlo de otra manera y ¿qué palabra puede tener una sonoridad semejante a la de congreso? Y se nos ocurrió “Cangrejo”. Pero cangrejo nos obligaba a ser “cangrejistas”: ¡qué feo! Probamos con el francés, en el que cangrejo se dice “crabe” (porque al cangrejo al que nos referíamos era el cangrejo de mar, el ermitaño), pero aún no nos convencía: si llegaba a tener alguna trascendencia el nuestro sería un “congreso crabista”, que todavía nos resultaba difícil de pronunciar. Pero cangrejo de río se dice “écrevisse”, que nos sonó muy bien, y daba lugar al primer Congreso “ecrevissista”. Nos encantó. Y, la verdad, eso fue todo. Eso sí, más adelante encontramos en el bestiario de Apollinaire el cangrejo “L’ÉCREVISSE”, que dice: “Incertidumbre, ¡qué placer/cuando contigo yo me alejo/vernos andar como el cangrejo:/ retroceder, retroceder!”… Nos gustó mucho y nos reafirmó lo de avanzar reculando…

(IMÁN) Un poco desde el humor. De todo lo que habéis hecho o creado, ¿qué os gustaría que quedara bien materializado o bien en la memoria consciente o inconscientemente? Y, si se tratara de una pieza, ¿qué obra vuestra os gustaría ver expuesta, representada o materializada y dónde os imagináis que se expusiera: bien en un museo o en un teatro, en un escaparate o sobre un pedestal en la vía pública?

(ECREVISSE) Lo que más nos importa que se recuerde es nuestro interés lúdico y nuestra falta de preocupación por la transcendencia. Sobre todo eso: la libertad, lo bien que lo pasábamos haciendo lo que nos daba la gana. Todos los amigos, todos los que pasaron por Lupita, toda esa sinergia creadora de la que fuimos parte, como un mensaje en una botella. Si te refieres a algo material, con el libro de Manual y el catálogo de la expo de los Morlanes ya hay suficiente.

Aunque, por el propio juego, siempre hemos manifestado que no nos tomábamos nada en serio, siempre ha habido mucho trabajo detrás de nuestras exposiciones y de nuestra obra.

Nunca nos hemos casado con nadie ni nunca nos hemos enemistado con nadie. El criterio ha sido que mientras gozáramos de libertad de acción hemos creado en cualquier sitio… En la calle, en un Banco, en una galería, en la universidad… Edmundo Camarâo fue el heterónimo para exponer en un Banco… La crítica de Pedro Pablo Azpeitia en Heraldo, siguió el juego de Ecrevisse, para relatar la exposición en Zaragoza de aquellas seis piezas del supuesto autor luso: una obra por cada uno de nosotros. La broma va más allá porque el propio Edmundo Camarâo (gamba, obviamente emparentado con nuestro cangrejo) escribió sobre nosotros en El Ateneísta “Como objeto de sí mismo, objeto inútilmente metafísico, caparazón desgajado y todas las patas extendidas hasta el límite exacto del mar imaginario”.

(IMÁN) Quiero agradeceros vuestra cortesía al ofrecernos esta entrevista y, ya para despedirnos, ¿en qué proyectos estáis trabajando y cuándo podremos ver el siguiente episodio de vuestra saga?

(ECREVISSE) Ahora la última exposición colectiva, en la que hemos participado los tres, pero no como Ecrevisse, ha sido en La casa Amarilla. Pierre en el Museo de la Mediterrània, en Torroella de Montgrí, donde ha expuesto su “Paisatges per anticipació” este mes de mayo y coordina el Aparador 22, que es una microgalería de arte de Girona (una Lupita con exposición mensual). Antuán, aparte de sus composiciones musicales, es postor al mejor proyecto que encuentra. Participa con sus ex compañeros y con otros poetas y artistas en proyectos sonoros y literarios. Y Miguel Ángel tiene la parte plástica aparcada, si bien colabora con la fotógrafa Marta Lázaro en Lazaro&Albero como proyecto gráfico, si bien la escritura de ensayos y de poesía es en lo que más se ocupará, como atestigua la reciente publicación de su poemario La sutura y la piel (Candaya, 2018).

(IMÁN) Tal vez en alguno de nuestros lectores haya germinado el interés sobre Ecrevisse al punto de querer formar parte de las patas con la que, hacia atrás, avanza este cangrejo.

Si fuera así, aquí os dejo el examen de ingreso a ECREVISSE que ideara Sergio Algora, de quien se cumplen desgraciadamente ya diez años de su desaparición. No obstante, solo se aceptará a los más sobresalientes.

 

1.-
a) La noche es la traición diaria al sol.
b) La noche es una cajita de somníferos que se suministra al día en vela.
c) La noche es el collar de sombra que rodea el cuello de la tierra.
d) La noche es un color domesticado.

2.-
a) El suicidio tiene el sentido de las agujas del reloj.
b) El suicidio más ejemplar es el del que se lanza contra el techo de su dormitorio.
c) Suicidado el frío, los alimentos se pudren y la humanidad al completo muere de hambre.
d) Tras el suicidio de mi esponja hice que me fusilaran recién casado con ella para así justificar su suicidio.

3.-
a) El alma es hinchable y deshinchable.
b) El alma es solamente deshinchable.
c) El alma es hinchable por desaliento.
d) Deshincha que algo queda: el alma.

4.-
a) Astronautizado un cuerpo, perece en el espacio.
b) Encohetizado y astronautizado son conceptos reversibles como una cazadora reversible.
c) Astronautizado viaja con el cohete en el estómago; el estómago viaja con el encohetizado en la boca.
d) Encohetizado el gris, el optimismo perece en el espacio.

5.-
a) Los que pueblan escafandras pueden correrse en su propia boca.
b) Los que pueblan escafandras tienen el reverso de los párpados pintado.
c) Los que pueblan escafandras son tren en el mundo.
d) Los que pueblan escafandros aparecen sin escafandra al resto del mundo.

6.-
a) Si yo fuera mujer sería una cualquiera.
b) Una cualquiera es aquella mujer que fallece en el instante que alguien recuerda.
c) Todos mis recuerdos son unas cualquieras.
d) Si yo fuera mujer sería todas las anteriores.

7.-
a) Para hacer más hermosa la sombra que el rostro que la proyecta, hay que envilecer el contorno.
b) Un oído hermoso es aquel que se dilata cuando escucha una letra mayúscula.
c) Unas pestañas postizas pueden ser tan hermosas y preservarles como todo un Amazonas.
d) Lo más hermoso de sus sueños es el fragante olor de su carne.

8.-
a) Un fenómeno que se observa tras el coito es el “mal olor Arco-iris”
b) Un fenómeno circense que se observa tras el coito es el silencio hecho carne.
c) Un fenómeno era mi padre, que se hizo multimillonario vendiendo pedacitos de arco-iris.
d) El silencio hecho carne bajo el arco-iris incita el deseo sexual.

9.-
a) Los primeros que perdieron la cabeza fueron los sueños y los sombreros.
b) Las botellas fueron seres humanos en otro tiempo.
c) Juan Esterique fue el único hombre en el mundo, que debido a un trastorno genético, nació con cabeza rascacielos.
d) Se alquilan espacios vacíos en cabezas de imbéciles para ideas y pensamientos de gente con sobrecarga de ingenio.

10.-
a) Llegado hasta aquí este examen admira su paciencia.
b) Llegado hasta aquí este examen le da las gracias por su visita.
c) Llegado hasta aquí sería mejor pasar a la siguiente opción.
d) Llegado hasta aquí, este examen le conmina a que reflexiones sobre lo inútil de su hazaña.

(Nota: en la sección de poesía de este número se puede encontrar una breve antología).

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