PRÓLOGO

A este número veinte de la Revista Imán le acompaña este dossier, el cuarto hasta la fecha, que tiene por objeto acercar a nuestros lectores el trabajo de algunos de los poetas más destacados de Bulgaria. Se trata de una breve antología que pretende dar muestra de la buena salud con la que luce esta disciplina en aquellas tierras.
Queremos agradecer a todos los autores la gentileza que nos han demostrado al aceptar nuestra invitación, así como a Mijaíl Nedélchev -Catedrático de la Nueva Universidad Búlgara de Sofia-, por el prólogo que nos acerca y contextualiza el panorama poético en el que los autores se desenvuelven.
Pero, en lo que a agradecimientos se refiere, nuestra mayor deuda la contraemos con la traductora Rada Panchovska. Rada, que en estos años se ha convertido en amiga y cómplice en varios proyectos, ha hecho un gran esfuerzo al verter los poemas a nuestro idioma.
Este proceso de traducción (y teniendo en cuenta que lo natural es traducir hacia la lengua materna), ha consistido en un continuo intercambio de anotaciones y opciones, unas de aquí hacia Sofia y otras que me ofrecía Rada para corregir la dirección de los versos que retocábamos. En un momento de este interminable intercambio de textos ha habido que elegir entre una mayor literalidad, según la traducción de Rada, o una reinterpretación del texto. Finalmente nuestra apuesta, considerando las sabias palabras de Alfredo Saldaña Sagredo -Catedrático de Teoría de la literatura y Literatura Comparada de la Universidad de Zaragoza- en su La Práctica de la Teoría <<la traducción implica siempre alfo de pérdida para una de las partes: interviene como el vínculo de una relación asimétrica, establecida no entre iguales, sino entre diferentes>>, por tanto, ha ido en el sentido de optar por una traducción lo más equilibrada posible y que no es tanto una transposición literal del texto sino que se ha convertido, de alguna manera, en un proceso de reescritura, cuyo objeto ha sido el preservar el sentido original de texto y su formulación poética, frente al respeto de la palabra, que exigía pesar cada palabra y transaccionar esta moneda por una de curso legal en nuestro territorio y que nos hubiera conducido a una inflación disimétrica.
Este dossier, como el resto de los suplementos, no podría haber salido adelante sin la aportación multidisciplinar de Carlos González Sanz, a quien también queremos agradecer su compromiso con la revista.

Un abrazo y espero que este trabajo, que con tanto cariño y dedicación os traemos, resulte de vuestro agrado e interés.

EDITORIAL

A este número veinte de la revista Imán le acompaña este dossier, el cuarto hasta la fecha, que tiene por objeto acercar a nuestros lectores el trabajo de algunos de los poetas más destacados de Bulgaria. Se trata de una breve antología que pretende dar muestra de la buena salud con la que luce esta disciplina en aquellas tierras.
Queremos agradecer a todos los autores la gentileza que nos han demostrado al aceptar nuestra invitación, así como a Mijaíl Nedélchev ─Catedrático de la Nueva Universidad Búlgara de Sofia─, por el prólogo que nos acerca y contextualiza el panorama poético en el que los autores se desenvuelven.
Pero, en lo que a agradecimientos se refiere, nuestra mayor deuda la contraemos con la poeta y traductora Rada Panchovska. Rada, que en estos años se ha convertido en amiga y cómplice en varios proyectos, ha hecho un gran esfuerzo al verter los poemas a nuestro idioma.
Este proceso de traducción (hay que tener en cuenta que lo natural es traducir hacia la lengua materna) ha consistido en un continuo intercambio de anotaciones y opciones, unas de aquí hacia Sofia y otras que me ofrecía Rada para corregir la dirección de los versos que retocábamos. En un momento de este interminable intercambio de textos ha habido que elegir entre una mayor literalidad, según la traducción de Rada, o una reinterpretación del texto. Considerando las sabias palabras de Alfredo Saldaña Sagredo ─Catedrático de Teoría de la literatura y Literatura Comparada de la Universidad de Zaragoza─ en su La Práctica de la Teoría, «la traducción implica siempre algo de pérdida para una de las partes: interviene como el vínculo de una relación asimétrica, establecida no entre iguales, sino entre diferentes», nuestra apuesta ha sido, finalmente, optar por una traducción lo más equilibrada posible, que se ha convertido, de alguna manera, en un proceso de reescritura. El objetivo ha sido preservar el sentido original del texto y su formulación poética, más que el estricto respeto a la palabra, que hubiera exigido pesar cada una de ellas y transaccionar esta moneda por una de curso legal en nuestro territorio, lo que nos hubiera conducido a una inflación disimétrica.
Este dossier, como el resto de los suplementos, no podría haber salido adelante sin la aportación multidisciplinar de Carlos González Sanz, a quien también queremos agradecer su compromiso con la revista.
Un abrazo y espero que este trabajo, que con tanto cariño y dedicación os traemos, resulte de vuestro agrado e interés.

Muchas gracias a todos por seguir leyéndonos.

Dirección: Ricardo Díez Pellejero
Subdirección: Carlos González Sanz
Coordinación: Pilar Aguarón Ezpeleta
Equipo: Sergio Gómez y David Bendicho

 

SOBRE LAS NUEVAS GENERACIONES POÉTICAS EN LA LITERATURA BÚLGARA

MIJAÍL NEDÉLCHEV
Catedrático de la Nueva Universidad Búlgara de Sofia

 

Aunque la historia del pensamiento literario-histórico europeo en la que los poetas llegan ola tras ola como “generaciones poéticas” sea ya más que centenaria, el mismo concepto sigue siendo problemático. La primera dificultad reside en el hecho de que la comunidad literaria concreta no debe identificarse con la generación biológica. La segunda: no todo el grupo poético de la misma edad forma una generación en el sentido literario-histórico; esto sucede cuando los nuevos autores que aparecen unen temáticamente la etapa temprana de su obra con alguna gran ruptura social (la gente lectora de España conoce bien el argumento biográfico común de la Generación de la “catástrofe” del 98 y saben cuáles son los temas que predominan, generados por el “desastre” nacional). Y la tercera, ya específicamente búlgara: durante las décadas bajo el totalitarismo esta construcción había sido sometida a un insistente tratamiento especulativo ideológico oficioso. Todo esto lleva a los literatos búlgaros actuales a manejar muy cautelosamente la categoría “generación poética”.

No obstante, el concepto regresa, resulta necesario. Porque, ¿cómo describir de otra manera el gran cataclismo social del derrumbe del bloque de los países totalitarios en 1989, los éxtasis de las revoluciones suaves en la Europa del Este, las sensaciones colectivas de la inestabilidad en el modo de vida, en la cotidianidad, generados por el gran cambio? De repente todos nos hallamos en una vida nueva y los poetas, siendo los más sensibles, fueron los primeros que trataron de describirlo, de representarlo. En efecto, ellos presentían el cambio ya desde los años 80, ya estaba en el aire. Y los poetas alternativos de los años 60 y los 70 (entre ellos los poetas grandes Nikolái Kántchev, Konstantín Pavlov y Bínio Ivanov) habían preparado las predisposiciones sociales para la percepción de la existencia en un mundo diferente, abierto.

No todos los escritores búlgaros resultaron estar preparados para la percepción de esta realidad social radicalmente alterada. Una parte de los prosistas simplemente dejaron de escribir. Y en algunos de los poetastros (resulta difícil llamarlos “poetas”, aunque por su filiación gremial a la Unión de Escritores Búlgaros ellos seguían viéndose como tales), después de pasmarse inicialmente, se desarrollaron a través de varias formas de nostalgia por los tiempos totalitarios, el antieuropeísmo o alguna modificación del “eurasianismo”. La literatura búlgara resultó fraccionada civilizacionalmente. De hecho, en este momento se trata simplemente de dos literaturas que no se leen mutuamente.

La selección representativa de poesía búlgara contemporánea, hecha por la excelente poeta Rada Panchovska (una de las más activas traductoras de poesía española al búlgaro), no incluye textos de esta tendencia antieuropea. Aquí están representadas obras de poetas de las tres nuevas generaciones activas —de los años 80 (quienes tienen por maestro al veterano poeta Iván Teófilov quien les abriera camino durante los años 1987-1988 en la revista literaria Plámak, ‘Llama’); de los años 90 (los poetas que todavía estudiaban en la universidad en aquel año crucial); y de la comunidad creadora fuera del foco incluso hasta ahora, de las dos últimas décadas. Aunque interpretados de diferentes maneras, los temas sobre la transición después del 1989 resultaron unificadores para las tres generaciones; ellos no dejaron de ser vivamente actuales, siguen siendo discutibles y exigen decisiones y adaptaciones individuales y colectivas. Entre ellos la huida de la claustrofobia social del sistema totalitarista, los nuevos horizontes para la libertad, las bases históricas identitarias de la Europa unida, renovada también por los ciudadanos búlgaros. Pero aún más importante resulta el tema de la responsabilidad personal frente al mundo, de la vulnerabilidad de la existencia humana, de la necesidad de no contar con el patrocinio de un estado omnipotente. Es decir: de un grado mayor de la independencia del Yo. En la interpretación de este complejo entero de temas falta, sea cual sea su idealización, esquematismo, trivialidad. A pesar de que su base sea política, se buscan más bien las proyecciones individuales, las entonaciones personales.

La generación de los 80 creó el nuevo sámizdat búlgaro: los poetas Vladimir Lévchev y Édvin Sugárev fueron los redactores de las dos revistas literarias búlgaras de oposición al poder comunista —Glas, ‘Voz’ y Most, ‘Puente’— que se difundían clandestinamente por el país (el sámizdat, ‘publicarse uno mismo’, significaba además no solamente algo publicado insubordinadamente, sino también algo que se edita por uno mismo, es decir que se copia y distribuye en xerocopias). Esto fue una resistencia radical a la censura y al control, a la aplicación de unos temas dominantes ideologizados de manera totalitaria. Había un estremecimiento particular en la publicación en las revistas de sámizdat y en los pequeños libros personales de autor no ratificados por las escasas, una quincena, editoriales estatales. Aparecían nombres nuevos (así sucedió, por ejemplo, con el poeta Ani Ílkov —el futuro inspirador de una pléyade de nuevos poetas). La poesía se hartaba de una clase de politización completamente diferente, no encontrada hasta entonces, que adoptaba argumentos de la filosofía política eurooccidental, de los ensayos de los estructuralistas franceses o de los textos de las canciones de los míticos roqueros contestatarios (desde Bob Dylan hasta John Lennon). Pero todo fue traducido al sociolecto, al argot de una joven generación búlgara. En las décadas venideras sus caminos se separarían, lo político se complicaba o pasaba a un segundo plano. Los poetas, como si tuvieran inmunidad contra la rutina, experimentaban cada vez más nuevas formas de género. El Yo lírico autobiográfico quedaba en la posición de una juventud que no se va; se trataba de los chicos eternos.

Rada Panchovska Revista Imán

Rada Panchovska en Tarazona. Fotografía de Ángela Ibáñez.

De los poetas de la generación de los años 80 (en esa, además de los mencionados Vladimir Lévchev y Édvin Sugárev, están también Miglena Nikólchina, Rumen Leonídov, Georgi Rúpchev, Ilko Dimitrov, Borís Rokánov y otros más) han sido incluidos aquí versos del líder de la generación Ani Ílkov, de Pétar Chújov —quien no siempre participaba en las acciones de la comunidad— y también los versos de la poeta Mirela Ivanova, un poco más joven, pero que debutó tempranamente junto con ellos. Todos estos poetas ya están ahora en su madurez, la mayoría ya han publicado sus antologías personales, en busca de su reafirmación literario-histórica.

“Quién sueña mi vida” era el título de un poema temprano de Vladimir Lévchev que se convirtió en el emblema de la generación de los años 80. “Los que sueñan” se titula uno de los importantes poemas de Ani Ílkov. Y la comparación de los motivos similares en ambos poetas perfilará la escritura original de Ílkov. Porque sus sueños tienen una perspectiva histórica; son multiseculares, legendarios, sucediéndose muchas veces. La poética acabada de Ani Ílkov lleva ese entretejido de voces, las síntesis drásticas de la época de nuestro Renacimiento del siglo XIX y de la expresión callejera e incluso gamberra de hoy.

La poesía de Mirela Ivanova como si siguiera las huellas de Mara Bélcheva —la acompañante del gran poeta épico de principios del siglo XX Pencho Slavéikov y de la poeta trágica rusa Marina Tsvetáeva— elevó el día hábil de la mujer contemporánea hasta el grado de drama existencial notable —con sus amores, con los cuidados hacia el modo de vida, con los viajes como unas escapadas pequeñas o mayores. Al mismo tiempo, su heroína lírica está furiosamente politizada, es despiadada en su criticismo hacia las demostraciones de falta de una independencia del hombre contemporáneo. En la selección presentada podemos examinar cómo se desarrollan e imponen tantas ricas visiones femeninas de la existencia social búlgara contemporánea por medio de obras de unas individualidades notables —como las que manifestó aún en los años 70 y 80 Fédia Fílkova, esposa del gran poeta alternativo Nikolái Kántchev, que guarda sagradamente su memoria y la presencia del poeta, como si se prolongara en su fuerte obra propia; como Rada Panchovska —la mejor traductora-divulgadora de la poesía hispana, autora de una decena de poemarios sabios y temáticamente orientados por rumbos diversos; como Zhivka Báltadzhieva que desde hace décadas vive en España y que recrea el drama de una Patria vislumbrada desde lejos; como Roza Boyánova que prolonga las tradiciones de los mitos de la festiva y ritual vida marítima creados en el área de la ciudad de Burgás por el gran poeta Jristo Fótev…

Los poetas de los años 90 aportaron unas entonaciones completamente diferentes a la poesía búlgara. Ellos también se habían visto envueltos por las modas del postmodernismo, pero usaron la retórica de este aspecto bastante heterogéneo en el trato estilístico y genérico mucho más experimentalmente, con el desplegar de los juegos de mistificaciones, con las vacilaciones en la identidad de autor y hasta en el nombre del autor; a menudo construían sus textos como unos pastiches internos contradictorios. En torno al año crucial de 1989 todavía estaban en los bancos estudiantiles y tuvieron oportunidad de manifestarse en seguida, sin los obstáculos y el drama de lo censurado por parte de la vida literaria subordinada a las normas del así llamado “realismo socialista” de los tiempos totalitarios. Entre los autores nuevos destaca el nuevo Cuarteto del Periódico literario que desempeñaba, casi unos cien años más tarde, los papeles de los eminentes escritores del círculo Misal, ‘Pensamiento’. Sus espectáculos consistían en un teatro poético de autor que muy pronto hizo sus caras reconocibles y populares. Los cuatro autores publicaron además dos antologías poéticas con parodias, juegos mistificadores que repetían, a través de unas revueltas y con el amor filial, algunos modelos del libro clásico búlgaro. Plamen Dóinov, Georgi Gospodínov, Yordán Eftímov están hoy entre las figuras primordiales de la literatura y se han consumado como unos literatos complejos tanto en la poesía, como en el drama, en la ensayística, en las investigaciones académicas (el cuarto poeta, Bóiko Pénchev, se dedicó enteramente a la exitosa carrera universitaria). Las novelas de Georgi Gospodínov se convirtieron en las más traducidas de las obras contemporáneas búlgaras, vertiéndose a decenas de lenguas. Plamen Dóinov creyó durante los últimos años en una nueva lírica política extraordinariamente fuerte con un uso original de la base documental de los archivos amontonados por la Seguridad Estatal Comunista. Yordán Eftímov desempeñó en la escena pública la figura del “poeta erudito”, del poeta doctus. La catedrática Amelia Lícheva (hoy redactora jefe del Periódico literario y titular de una cátedra de Teoría de la Literatura) logró la culminación de la implacabilidad autobiográfica colectiva, en lo que se refiere a las vacilaciones del pensamiento comunitario de la generación en su último libro Bestialmente mansa, después de haber sido antes una de las voces más fuertes del feminismo búlgaro en la poesía y la crítica literaria. Similar es el camino también de una poeta delicada como Nadezhda Radúlova —maestra de una expresión poética sutil y paradójicamente aforística. El semblante de esta generación se completa también con dos poetas más que viven en la “ciudad de los poetas”, Burgás –Iván Sujivánov y Rosen Drúmev, redactores de la destacada revista literaria More, ‘Mar’.

La más nueva, todavía “fuera de foco” en esta última década, la tercera generación de la “transición”, está representada aquí por dos autores, Yordanka Béleva e Iván Lándzhev. Con esta tercera ola en la poesía búlgara parece que ya se aproxima el período de madurez, “de imparcialidad” y de un consuelo estilístico mediante un rechazo de la radicalidad.

 

MIJAÍL NEDÉLCHEV

El catedrático Mijaíl Nedélchev (Sofia, 1942) se ha licenciado en Filología Eslava y Filosofía en la Universidad “San Clemente de Ojrid” de Sofia. Desde mucho antes de 1989 ha trabajado en la editorial Bulgarski pisatel* en la publicación de la herencia literaria búlgara. Realiza su carrera universitaria en las nuevas condiciones políticas y es catedrático honorífico de la Nueva Universidad Búlgara de Sofia. Trabaja en la esfera de la Historia y la Crítica de la Literatura Búlgara y la Teoría Literaria, de la Textología. Apoya la concepción de la importancia del personalismo literario búlgaro y de la necesidad, después de los dramas en la historia de Bulgaria, de desarrollar la reconstrucción literario-histórica. Ha coordinado sendas antologías de la vanguardia poética búlgara y sobre el tema de Europa en la poesía búlgara. Escribe también sobre autores y problemas de las literaturas polaca, francesa, serbia y rusa. Es autor de más de veinte libros, entre los que destacan, sobre todo, sus investigaciones sobre la personalidad y la poesía del poeta trágico de Bulgaria Péyo Yávorov**. Además de sus libros sobre Yávorov, pueden mencionarse también: Estilos sociales, argumentos críticos (1987), Fraccionamiento del consensus ingenuo. Crítica de lo político y de sus imágenes de medias (1998), Personalidades de la literatura búlgara (1999), El Radical Democratismo (2000), Reflexiones sobre los asuntos búlgaros (2002), Los clásicos censurados (2011), La reconstrucción literario-histórica (2011), Las dos culturas (de la época socialista tardía) y sus poetas (2012), Amor y literatura (2013), El efecto del distanciamiento (2015), El círculo Misal (2016), Geo-poéticas (2017) y otros. Durante los años en torno a 1989 se compromete con la actividad política y social, habiendo sido diputado en dos parlamentos búlgaros. Ha sido distinguido con numerosos galardones literarios y estatales. Mijaíl Nedélchev es presidente de la Asociación de Escritores Búlgaros.
*Escritor búlgaro
**Su poesía escogida han sido traducida al español por Juan Eduardo Súñiga.


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