El Negociado de Reencarnaciones estaba  a punto de cerrar sus puertas. Había llegado con el tiempo muy ajustado pero conseguí acercarme a la mesa donde dos funcionarios atendían a los solicitantes.

Salud, ciudadano, ¿vienes a inscribirte? _ preguntó el funcionario de más edad.

  • Sí, deseo reencarnarme después de mi muerte.
  • La cuota de inscripción son 500 denarios _ me informó de algo que yo ya conocía.
  • Nombre, edad y profesión _ siguió preguntando,  mientras mojaba el estilete en el tintero y preparaba la tablilla.
  • Me llamo Espurio Casio, tengo 42 años y soy centurión. Pertenezco a la legión Draco.
  • Aquí podemos decirte en que siglo te vas a reencarnar, sólo éso _me advirtió antes de que yo anunciara mis expectativas.

Se dirigió al  voluminoso archivo que contenía los pergaminos  y volvió al cabo de  varios minutos.

  • Te reencarnarás en la segunda mitad del siglo XX de la llamada era cristiana que se regirá por un nuevo calendario que sustituirá a nuestro calendario juliano. Nacerás, más o menos, en los Idus de Marzo.
  • ¿Cómo será entonces el mundo? _quise saber, intentando sacarle jugo a mis 500 denarios
  • Eso tienes que consultarlo en el Negociado de Predicciones.

Recorrí la distancia que me separaba de aquella oficina y me acerqué a la mesa del Negociado de Predicciones. Me atendieron  un astrólogo y tres sibilas. Pagué los 300 sextercios que costaba la información que iba a solicitar.

  • Soy centurión y quisiera reencarnarme como militar, si es posible _les dije con la esperanza de que me fuera concedido.
  • En esa época ya no habrá guerras. Los hombres habrán encontrado fórmulas para una convivencia en paz _me contestó la sibila más joven.
  • Pero, ¿entonces qué haré, cuál será mi medio de vida? _ pregunté alarmado.
  • La sociedad de entonces tendrá múltiples necesidades de trabajadores en muchos y variados oficios. Todo el mundo tendrá trabajo y vivirá de su estipendio.
  • ¿Y no habrá esclavos? _iba ya de sorpresa en sorpresa
  • La esclavitud habrá desaparecido y todos los ciudadanos serán iguales, tendrán los mismos derechos. No habrá patricios ni plebe.
  • ¿Y eso será bueno? _empezaba a dudar de si me convenía vivir otra vida.
  • Nosotros no juzgamos, solo predecimos, te informamos de lo que te encontrarás en el mundo en ese siglo XX _el astrólogo nadaba, guardaba la ropa y, además, no se mojaba.
  • ¿Cómo será el Imperio?
  • No habrá ni Imperio, ni Emperadores; los ciudadanos elegirán libremente a sus gobernantes entre el pueblo. Eso garantizará que no habrá gobernantes corruptos ni deshonestos porque, si así fuera, el pueblo los despojará de su poder.
  • ¿Todavía habrá matrimonios, como ahora?
  • Habrá matrimonios pero no serán como ahora. El hombre sólo tendrá una mujer y para siempre, hasta que la muerte los separe. No habrá concubinas y la mujer no podrá ser repudiada _me informó sonriente una  de las sibilas, morena y pechugona, que me dio la impresión de que también se había apuntado a la reencarnación
  • ¿Qué adelantos me encontraré?
  • Muchísimos. El más espectacular será el transporte. Habrá muchas vías y caminos y también vehículos muy rápidos. De Roma a las Galias se podrá viajar en apenas unas horas, por ejemplo.
  • ¿Y cuántos caballos necesitarán esos vehículos tan rápidos?
  • No necesitarán caballos, los hombres habrán inventado una energía mágica que los harán circular a grandes velocidades.
  • Pero eso será peligroso _recordé las carreras de cuadrigas entre Ben Hur y Mesala
  • Para conducir esas máquinas habrá que superar unas pruebas y obtener un permiso especial. Los conductores serán comedidos y expertos, apenas habrá accidentes.
  • Y ¿cómo nos divertiremos, habrá gladiadores y circo?
  • Habrá muchas formas de divertirse. No habrá gladiadores aunque sí se podrán presenciar luchas y combates pero sin que acaben con la muerte de uno de los  El circo solo se podrá presenciar en algunas naciones. En ellas no habrá leones y la lucha será entre el hombre y el toro.

Mi nueva vida comenzó un 4 de marzo. Estamos en el año 2018 y acabo de cumplir 52 años. Mi empresa se traslada a China y cierra todas sus factorías en Occidente. No creo que vuelva a encontrar otro trabajo. La domus, digo, la casa en que vivo la acabaré de pagar dentro de 20 años. Mi coche fue declarado como siniestro total después de que un conductor ebrio me embistiera por detrás, sacándome de la carretera. Ya no sé a qué partido votar en las próximas elecciones, en todos  ha arraigado la corrupción. Mi mujer me abandonó hace dos años.

Y no me gustan los toros.

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