El recuerdo

Viví en Pancrudo hasta los 14 años. No olvidaré nunca el día que vine a vivir a Zaragoza, 29 de septiembre de 1993. Y para no olvidar, mantengo muchos recuerdos de aquellos 14 años.

Buscando en mi memoria los rincones que más he pateado por el pueblo, me iba a las eras, al lavador y a las ruinas del horno. Ahora, en 2018, en las eras crece más la hierba porque no hay quien la aplaste con sus pies. En el lavador ya no hay “cucharetas ni renacuajos” que atrapar y el horno es un espacio precioso reconstruido, idóneo para exposiciones de pintura, fotografía, alabastro o cualquier otra expresión de artes plásticas.

Recuerdo cazar grillos en la cerradilla tras mi casa, hacer casetos con piedras y alpacas, ir en bici a Cervera, cruzar la montaña “por la escalera del prao”, merendar en la Fuente Gimeno o subir al castillo, que simplemente era un montón de piedras donde en el pasado hubo una pequeña fortaleza. También recuerdo a Pedro “el grande” que me daba sus terrones de azúcar en el bar o lo que nos hacía rabiar el Tío Valero. Me sigo sonriendo recordando las travesuras: quitando los plomos de la luz en las casas o enredando en la iglesia antes de ejercer de monaguillos en misa. Los vermuts de los domingos en el único bar del pueblo; o cuando recogíamos juncos y aliagas o jugábamos a cañi-guerras.

Los domingos por la tarde tocaba ir a coger cucharetas al jaraiz y comprar pipas en el bar hasta que se me ponían los labios gordos, secos y agrietados. Recuerdo cómo los jóvenes, cada domingo por la tarde, iban al bar y luego a las discotecas de otros pueblos. También me acuerdo de muchas personas que se fueron, sus funerales, cómo se les velaba en sus casas. O los días de mondongo, de esquilo, las labores del campo, el horrible día de mi comunión y, no con mucha nitidez, pero recuerdo ver un espectáculo de circo ambulante, todos sentados en semicírculo en la plaza… Y ¡cómo eran las fiestas! Para nosotros, que no teníamos dónde ni con quién comparar…, las mejores.

Una mezcla desordenada de recuerdos, de lugares, de acciones y de personas.

Sin revolución

La década de los 80 en un pueblo era muy diferente a cómo la cuentan en las grandes ciudades. No hubo ninguna revolución cultural ni de moda. No hubo cambios. Aceptamos los días como transcurrían, sin ánimos de cambiar o de crecer y correr en otras direcciones donde pudiésemos descubrir cosas nuevas. Todo fluía en el día a día.

A finales de los 80, reformaron el local que siempre se había llamado El Calabozo; cuentan que fue el calabozo donde la Guardia Civil encerraba a los delincuentes en la época de la dictadura; y ahora lo llamaban “el teleclub”. Pocas veces entré; allí se juntaban los jóvenes, no era lugar de niños. Lo gestionaron como una asociación cultural llamada “el calabozo”, pero no recuerdo ninguna actividad.

La actividad cultural se reducía a las fiestas patronales con actuaciones musicales o de folk. En una ocasión tuvo lugar un espectáculo teatral con un texto de Woody Allen que no consigo recordar. El resto de la programación la completaban concursos, juegos y comidas. Los ingredientes básicos e imprescindibles de las fiestas populares: música + folk + concursos + comidas.

La semilla

Allá por el verano del 94, hubo reuniones con la intención de “reactivar” aquella asociación con la intención de crear un calendario de actividades y así fue. Actividades deportivas, medio-ambientales, excursiones, talleres artesanos y actuaciones de música, de teatro, de folk, de baile, de circo, de títeres…

Aquel año, los chicos y chicas del pueblo hicimos una obra de teatro, El Herrero de Pancrudo, por primera vez. Cada año, durante las fiestas o la semana cultural, que suele ser la segunda semana de agosto, se representaba una obra de teatro. Todas las actuaciones se hacían en la plaza del Ayuntamiento o en el “porchegao”. Sin ser conscientes de ello, sembramos pequeñas semillas de interés por el teatro, por nuestra receptividad para sentarnos y escuchar sin marginar por edad o condición a nadie; se hacía para todos y en la calle.

Seguramente, estos son los cimientos del Gaire, las raíces de un interés cultural que fue creciendo año tras año. Los pancrudinos siempre salíamos a la plaza, preparados para disfrutar de un espectáculo, siempre receptivos a cualquier actividad. Desde un concierto lírico en la iglesia, una exposición, un taller de percusión, danza cubana, cine de verano, una pieza teatral… Siempre en la calle con los cinco sentidos preparados para recibir estímulos.

Siempre hubo quienes trabajaron, siempre hubo voluntarios y siempre hubo ayudantes, todos trabajando y todos disfrutando. Hubo y hay. Porque las generaciones se van sucediendo y la sinergia de trabajo y colaboración siempre permanece.

Y así fueron pasando los años. En la temporada “escolar”, estudiando en la ciudad. Y muchos fines de semana y durante las vacaciones, en el pueblo. Pero yo no era un veraneante, nunca me gustó esa palabra: yo era de Pancrudo…, residente en Zaragoza.

La idea

Pasaron los años y, en 2007, el concejal de cultura del Ayuntamiento fue a la Fira de Tárrega (feria de artes escénicas en la que durante tres días se exhiben más de 100 espectáculos de diferentes disciplinas por las calles y plazas de Tárrega).

Volvió de aquel fin de semana con una idea que le contó a otro compañero del Ayuntamiento: ¿por qué no hacer un festival de artes escénicas en el pueblo durante un fin de semana? Pensado, dicho y hecho.

El 13 de septiembre de 2008 bautizamos el I Festival Gaire de artes escénicas. Comenzamos representando una vez más El Herrero de Pancrudo, nuestro baluarte. Terminó aquella primera edición y nos pusimos a trabajar en la segunda. No hubo debate sobre la idoneidad, pros o contras de continuar con aquella aventura.

Alimentamos el Gaire los tres primeros años, creció y se alargó la jornada del domingo. Aquella amapola la fuimos regando y creció fuerte, bonita y admirada.

Nuestra tierra siempre ha tenido sus fiestas patronales, las de invierno y las de verano…, y poco más. No éramos, ni somos, tierra de turismo. El pueblo se llenaba de gente quince o veinte días en verano cuando venían los que en su día tuvieron que emigrar a las ciudades. Ahora vienen con sus hijos y nietos, pero a finales de agosto vuelven a quedarse abiertas las casas de siempre, los vecinos que mantienen el pueblo, los que ven caer el tejado de la casa abandonada y crecer la hierba en la esquina por donde no pasa nadie.

Con el Gaire se pretendía alargar este periodo vacacional y cerrar la estación veraniega el tercer fin de semana de septiembre. Y lo conseguimos. Otras parejas, jubiladas ya, pasaban un par de meses en su casa de origen, en el pueblo que les vio crecer. Y el Gaire era la excusa para alargar casi un mes su regreso a la ciudad. Más movimiento en el pueblo, más consumo en los servicios locales y de los alrededores, más actividad que poco a poco se ha ido notando. La fecha del Gaire se ha convertido en la referencia temporal cuando te cuentan hasta cuándo se quedan en el pueblo.

Lo que acabo de escribir bien podría ser la definición del concepto tan manido de “desarrollo rural”; incentivar el consumo con acciones. Cierto que es puntual y concentrado en una fecha corta. Actualmente, tras diez ediciones, es imposible cuantificar la repercusión económica del festival. Sabemos que las estaciones de servicio cercanas tienen ese fin de semana mucha actividad; que los hostales rurales de la zona en un radio de 40 km están casi al 100 % de su ocupación y que algunos restaurantes también completan su aforo. Bienvenido sea si durante un fin de semana más allá de los dos meses del verano se ayuda a mantener e incrementar la actividad comercial y de servicios de la zona, porque el invierno es tremendamente duro, muy duro.

Las consecuencias

La actividad cultural también se transforma. Las fiestas patronales de los pueblos (no sólo en Pancrudo) ya programan alguna actividad de teatro, de circo, de magia, de títeres o de otras disciplinas artísticas; ya no se basan en orquestas y discomóviles: hay una porción dedicada a cualquier otra actividad, familiar casi siempre, de calle, festiva y divertida. Si antes ocupaban poco espacio en las programaciones, estas disciplinas artísticas ganan terreno poco a poco. Y es que esta evolución es paralela a la evolución del ocio.

Ya hemos comentado cómo era el ocio festivo en el medio rural; pero todo evoluciona, se cierran ciclos y comienzan otros diferentes, ni mejores ni peores, solo diferentes. Las nuevas generaciones han apostado por un ocio estrictamente nocturno y se reduce la movilidad para ir a otros pueblos. Son muchas las familias de mediana edad que vuelcan su actividad en horario diurno buscando espacios donde el entretenimiento sea familiar y acojan a niños y mayores de igual forma.

En toda España, con la entrada del siglo XXI, se crean numerosísimos festivales y, aunque los musicales son los más representativos y de mayor visibilidad publicitaria, hay multitud de festivales de teatro, circo, danza, títeres, clown, magia, cuentacuentos, artes plásticas, etc., en pueblos y pequeñas ciudades que acogen a numeroso público familiar.

Este público familiar de la zona encuentra un espacio de ocio en el Gaire, pero también en festivales como Poborina Folk (El Pobo), Tamborilé (Mezquita de Jarque), Carabolas (Bronchales), Quema de Artistas (Beceite y Valderrobres), Matarranya Intim (itinerante comarca Matarranya), La Hoz Rexiste (La Hoz de la Vieja)… Muchos de estos festivales comparten un sector del público con las mismas inquietudes.

La reivindicación

Parece que, una vez al año, algunos medios de comunicación nos hacen caso, nos observan. En las ruedas de prensa y entrevistas previas al Gaire, cuando presentamos la programación, además de explicar quiénes somos y qué es el Gaire, aprovechamos para reclamar, protestar o exigir mejoras en el pueblo.

En los programas de mano indicamos un plano de cómo llegar a Pancrudo; no existía ningún cartel indicando el desvío de la A1510 y más de una anécdota tenemos de gente que se perdió y tardó más de lo previsto en llegar. No es esta protesta la razón, pero tal vez ayudó: actualmente en Perales del Alfambra ya existe un cartel indicativo de dónde está Pancrudo.

Al comienzo de las actuaciones del Gaire no era necesario el audio o aviso de “Rogamos apaguen sus teléfonos móviles”…, porque no teníamos cobertura. Desde hace dos años, la reclamación para tener cobertura de móvil ha ido creciendo, pero no para que durante el Gaire nos podamos comunicar (que también), sino para que durante el resto del año, las personas que viven en Pancrudo tengan un servicio como el resto de ciudadanos del país. Desde hace un par de meses, a coste de las arcas del Ayuntamiento, ya hay cobertura móvil con una operadora. En la próxima edición del Gaire tendremos que avisar aquello de “desconecten sus teléfonos móviles, el espectáculo va a comenzar”.

Son dos ejemplos, pero hay más. El Gaire es un acontecimiento cultural que tiene repercusión en nuestra zona, por lo que durante unos días tenemos la posibilidad de que los medios de comunicación nos hagan un hueco en sus espacios, así que también puede ser una plataforma para reclamar mejoras o dar visibilidad a problemas sociales que nos afectan a todos.

El proceso

La evolución del festival es muy notable. En las primeras ediciones viajábamos a las ferias de artes escénicas para conocer y fichar a aquellas compañías que nos gustaban y encajaban en la identidad del festival. Diez ediciones después, son más de 350 compañías de origen nacional e internacional las que nos llaman o envían sus propuestas artísticas para participar en el festival. La sostenibilidad y el equilibrio siempre han sido dos conceptos muy presentes en los borradores de la elaboración del festival.

  • Equilibrio de compañías de Aragón, del resto de España y del resto del mundo.
  • Equilibrio entre las diferentes disciplinas artísticas (circo, música, danza, títeres, teatro, clown, magia, instalaciones de juego, talleres, exposiciones de artes plásticas…).
  • Equilibrio de técnicas entre las actuaciones de una misma disciplina artística. Por ejemplo, teatro de texto, teatro gestual, teatro físico, teatro itinerante, teatro infantil…
  • Sostenibilidad entre los recursos económicos y técnicos en cuanto a infraestructuras y espacios con los que Pancrudo cuenta.

 

En la organización del Gaire no hay figuras jerárquicas, no hay una persona que ejerza la dirección. Se trabaja por equipos, de programación, de comunicación y de montaje; estos equipos tienen una persona coordinadora; de esta forma todos somos partícipes, equipos abiertos con un único objetivo e identidad que gira alrededor del Gaire.

El Gaire siempre ha contado con el apoyo del Ayuntamiento, que ha sido el pilar imprescindible para llevar a cabo esta bonita locura. El Ayuntamiento ha sido el valedor económico y portavoz institucional del festival.

El Gaire y la mayor parte de los festivales culturales en el medio rural se apoyan en el pueblo, en sus habitantes y vecinos; sin el apoyo y la colaboración de todos es inviable. Se necesita mucho esfuerzo, muchas manos, muchas ideas y que todas sumen para un bien común.

Pero no solo del propio pueblo. Son muchos amigos, residentes en otras localidades, los que vienen los días previos al festival para unir fuerzas en los montajes, la limpieza de espacios, la decoración del pueblo… Creando un ambiente de trabajo y cooperación fantástico. Somos muchos gaires volcados en una misma idea.

¿Qué es el éxito?

Cada uno tiene una valoración más o menos objetiva de lo que es el éxito.

Para mí, el éxito del Gaire es colocar a Pancrudo en el mapa, que mucha más gente que en 2008 conozca dónde está. El éxito es ver entre el público a personas mayores de los pueblos de alrededor que solo salen de su pueblo para ir al médico o a los funerales. El éxito es que el público tome conciencia de que las artes escénicas son un medio de vida; no son cuatro titiriteros en la plaza mayor que cobran con la limosna voluntaria de cada uno. Son profesionales que trabajan en ideas y creaciones durante mucho tiempo antes de mostrarnos sus espectáculos.

Actualmente, el Gaire es un festival sostenible, con numeroso público, reconocido en Aragón y dentro del sector español de las artes escénicas de calle. En ocasiones me han comentado: ¡Vais a morir de éxito! Y suelo contestar: ¡Qué bonito sería morir de éxito y no de pena! Somos conscientes de que la vida es cíclica.

El Gaire y cualquier otra iniciativa cultural es un ciclo. Que tratamos de alimentar todos los años sabiendo que, esperemos que dentro de mucho, se cerrará sin necesidad de buscar razones. Simplemente, cuando una puerta se abre también tiene que cerrarse algún día, aunque esté abierta durante muchos años.

Y mientras este ciclo llamado Gaire tenga un público que quiera escuchar, sorprenderse, vibrar y emocionarse, tendrá alimento para prolongarse durante muchos años.

La cultura debe ser un aliciente para el desarrollo rural conllevando el incremento de servicios y la actividad comercial, además de la evolución del pensamiento y de las ideas al mostrarnos otra forma de contar historias a través de la danza, el circo, el teatro, los títeres, la magia, la música, las artes plásticas… La cultura debe estar presente en el medio rural como derecho, como una parte más de nuestro ocio. Y si las instituciones públicas, privadas y los ciudadanos nos concienciamos de su importancia, todos aportaremos nuestro granito de arena para que la cultura en el medio rural sea cotidiana y un valor apreciado e imprescindible.

 

Pascual Herrera Marzo
Coordinador del equipo de
programación del Festival Gaire
www.gaire.es

 

Pancrudo se encuentra al pie de la Sierra de Lidón, en el Sistema Ibérico, a una altura de 1.234 metros sobre el nivel del mar, en la provincia de Teruel y toma el nombre del río homónimo cuyo nacimiento está próximo. En el año 2008 el censo de población ascendió a 104 habitantes. El término municipal de Pancrudo incluye las localidades de Cervera del Rincón, Cuevas de Portalrubio, Pancrudo y Portalrubio.

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