Me escribía cada tres o cuatro días. Sus cartas venían en aquellos sobres ribeteados de rojo y azul que ponía Air Mail y con sellos con la figura de La liberté de la República Francesa. Me contaba de la vida en París en un frío invierno, los amigos comunes que veía los fines de semana, sus padres, las clases que daba en La Sorbona y sobre todo lo que me echaba de menos. Me preguntaba por todo lo que me rodeaba en la ciudad y me guardaba casi para el final sus pequeños reproches de que le escribía poco y que no le decía nada de cuándo iba a volver. Siempre acababa con un ¿me quieres?, yo sigo amándote y colocando en el sobre alguna foto de ella o de París. No sé que fue de aquellas cartas, las iba metiendo en una cajita de madera que ella me había regalado decorada con un símbolo espiritual. Al recordar aquellos momentos no puedo dejar de sentir esa punzada amable que siempre trae la nostalgia.


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