Me estás matando

Me estás matando

Llegué a odiar a aquel hombre. Odiaba que insistiera en pintarme la boca de carmín  y en ponerme tacones de aguja, para satisfacer su sexo. Llegué a odiarle tanto que hasta deseé su muerte. Una muerte lenta, con efecto retroactivo, que le hiciera evaporarse en el...
Lágrimas de humo

Lágrimas de humo

Ella le había dicho que hacía mucho tiempo que no lloraba.   Pero esa noche lloró.   Lloró porque le habían regalado un billete de tren. Un billete que ella había imaginado de un vagón de primera clase del “Orient Express”, con el aroma de almizcle, té y mandarina que...
Presagio

Presagio

Aquella mañana el sol había salido muy pronto, demasiado pronto -como decía la abuela- y las gaviotas volaban tierra adentro por encima de los campos y de las casas, como engañadas por aquella rueda de fuego, que quizá les hacía creer que las azoteas blancas eran tan...
¡Yo soy Zaragoza!

¡Yo soy Zaragoza!

Logro esquivar el pastel perruno, pero la baldosa saltarina me salpica el pantalón. Sacudo la pernera, murmuro “mecagüendiez” y sigo. Por fin, llego a mi portal. Acabo de retirar del cajero mi escasa y merecida pensión. Pienso disfrutar de ella a todo lujo como...
Pedid y se os dará

Pedid y se os dará

Cuando a su madre le diagnosticaron alzhéimer, Arcadia le rogó una y mil veces al arcángel Miguel, con la fe de un mártir y la insistencia de un tartamudeo, por favor, por favor, que mi mamá no sufra. No importaba lo que ella tuviera que padecer, lo soportaría, se...

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies