Me estás matando

Me estás matando

Llegué a odiar a aquel hombre. Odiaba que insistiera en pintarme la boca de carmín  y en ponerme tacones de aguja, para satisfacer su sexo. Llegué a odiarle tanto que hasta deseé su muerte. Una muerte lenta, con efecto retroactivo, que le hiciera evaporarse en el...
Lágrimas de humo

Lágrimas de humo

Ella le había dicho que hacía mucho tiempo que no lloraba.   Pero esa noche lloró.   Lloró porque le habían regalado un billete de tren. Un billete que ella había imaginado de un vagón de primera clase del “Orient Express”, con el aroma de almizcle, té y mandarina que...
Presagio

Presagio

Aquella mañana el sol había salido muy pronto, demasiado pronto -como decía la abuela- y las gaviotas volaban tierra adentro por encima de los campos y de las casas, como engañadas por aquella rueda de fuego, que quizá les hacía creer que las azoteas blancas eran tan...
¡Yo soy Zaragoza!

¡Yo soy Zaragoza!

Logro esquivar el pastel perruno, pero la baldosa saltarina me salpica el pantalón. Sacudo la pernera, murmuro “mecagüendiez” y sigo. Por fin, llego a mi portal. Acabo de retirar del cajero mi escasa y merecida pensión. Pienso disfrutar de ella a todo lujo como...
Mi nube gris

Mi nube gris

−Aquella nube no es más que el resultado de una impronta en mi retina. Si cierro los ojos no está. No es. Y, si la sigo viendo, es porque sólo el recuerdo que tengo de su existencia la hace presente. Así fue mi vida con ella. Como esa nube gris que nunca debió...

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies