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Ángel Guinda

 

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HAS ENVUELTO tus manos con el aire.

Te has lavado los ojos con la luz.

 

¡Escribe como una sacudida!

 

Como si un guepardo saliese de la arena.

Como si un caballo emergiera del mar.

 

Las cerezas sangran en los dientes.

El atardecer se gangrena en la mirada.

 

¡No leas humo!

 

¡Aunque sea sobre agua escribe fuego!

 

 

 

 ***

 

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COMO UN NIDO de nubes se posó

la noche en la cabeza de la amada.

Llevaba sobre el rostro una frontera de aire.

Parecían los cabellos racimos de uvas negras.

Y los ojos dos gotas brillantísimas de mar.

Su ausencia sigue siendo un espejo embrujado.

Cuando me miro en él la veo a ella.

Blanca y azul como una isla griega.

 

***

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UN ÁRBOL ASOMA LA CABEZA

por una ventana.

(Busca al gorrión que se coló en la casa.)

De pared a pared, de suelo a techo,

da tumbos el gorrión desesperadamente.

Un perro atado al aire mira a un gato.

(Desconfían los dos entre las tarascadas

de la velocidad, del ruido, del absurdo.)

El árbol, el gorrión, el perro, el gato

somos nosotros, abandonados,

perdidos en la tierra y tan lejos del cielo.

 

 

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