«Colectivo Indomables» está formado por cinco personas con talento creativo. Asisten a un taller literario que coordino y este curso el reto planteado fue escribir un relato coral.
No sin pocas dificultades, y descartando un borrador previo, salió adelante este relato, que lleva la imaginación de todos y un pedacito del corazón de cada uno.
Para que el lector juzgue el valor de esta obra, es imprescindible saber que la enfermedad mental aqueja a todos los miembros del colectivo. Esto no les impide soñar, narrar y emocionarnos con su relato: «Redacción escolar».

María Dubón

 

Elisa la distingue al final del pasillo que da acceso a las clases de infantil, está junto a la ventana, mira sin ver la fina lluvia que cae tras los cristales. La señorita María es su profesora preferida, a la que más quiere, habla con voz suave, la ayuda siempre que se lo pide y le da unos abrazos cargados de cariño que la reconfortan cuando las cosas van mal en casa.

Corre a su encuentro contenta de verla fuera de clase, de tenerla solo para ella.

–¡Señorita, señorita! Ya he acabado la redacción sobre las vacaciones…

La señorita María se seca con disimulo las lágrimas que han osado escaparse de sus tristes ojos y, ensayando una sonrisa, le responde.

–Muy bien, Elisa. Si quieres, puedes leérmela.

Elisa saca el cuaderno de su mochila y busca el ejercicio. Está impaciente por conocer la opinión de la señorita, aunque teme no haberla escrito tan bien como le hubiera gustado. Lee: «Redacción: ¿Cómo has pasado el verano? Este verano lo he pasado muy bien. Estuve en un pueblo de los Pirineos y por las tardes, después de la siesta, jugaba con mis amigos. Yo era una princesa valiente que luchaba contra un duque malo. Me ayudaba mi primo, que era mosquetero del rey. Luchábamos con unas espadas que nos hicimos y era muy divertido. El día de mi cumpleaños fui con mis padres a Port Aventura, me subí en la montaña rusa y en un montón de atracciones. En el coche, cuando volvíamos a casa, mis padres discutieron otra vez, y por la noche mi madre me despertó para darme un beso y me dijo que me quería. Por la mañana no vino a despertarme como hace siempre. Papá me explicó que se había marchado de viaje y que tengo que quedarme con los abuelos una temporada. Seguro que mi madre vuelve enseguida. La estoy esperando».

La señorita María permanece callada durante unos interminables segundos, luego estrecha a la niña y la envuelve con la ternura de sus brazos. Sus lágrimas mojan la mejilla de la pequeña. Intenta enjugar el rastro de humedad y es entonces cuando Elisa advierte que hoy no lleva ese anillo dorado con el que acostumbra a juguetear.

–Una redacción preciosa. Ve a clase, yo voy ahora.

Elisa obedece y se aleja correteando por el pasillo con su cuaderno en la mano. Antes de entrar en el aula, se gira hacia a la señorita María, ve su silueta frágil recortada por la luz grisácea de la mañana y recuerda a su madre. Seguro que no tarda en volver.

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