Regrese al cielo. La cama alineada de este a oeste. A la izquierda la ventana con la cortina de las hojas lila;  el escritorio donde hacia mis deberes escolares, hoy ocupado por algunos enseres de mi familia; La bufanda de mi equipo colgada con chinchetas de la pared; El radiocasete, con sus vendas de cinta aislante; la estantería con los libros de los Cinco, Moby Dick y algunos tebeos de la Marvel, mis juguetes cubiertos de polvo. A la derecha el armario, tan descolorido como la última vez que lo vi, en su decrepitud no pasaba el tiempo y entre este y la mesilla, la ranura donde solía esconder mis revistas porno. Por esa ranura tan estrecha me caí del paraíso.

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