Le gustamos todas, cuanto más jóvenes mejor, pero conocemos bien su secreto y, a fin de cuentas, ¿qué más da?

Dedica cada domingo a una de nosotras y siempre acierta con sus flores y su palabrería.

¡Eso es el amor, los pequeños detalles…!
Además, nadie como él, ¡tan discreto, tan conformado…!

Hoy ha venido una nueva, Verónica, veinticuatro años, hermosa como una virgen.

Postrado sobre ella no deja de susurrar no sé qué y repite su nombre excitado y sudoroso.

Él, arrodillado ante su diosa, oliendo las rosas frescas.
Y el mismo gesto, el deslizar de sus dedos gruesos y calientes para acercarlos después a su nariz e inhalar con fuerza.

Nosotras, esperando su visita aquí, al otro lado de los tranvías y de las fábricas, aguardando su llegada puntual y certera, en esta frontera imaginaria.

Escuchar como cierra con llave la puerta del camposanto y guardar la frescura del ramo, como guarda la tierra nuestros cuerpos.

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